Tribuna de opinión
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Una nueva zonificación para mitigar el riesgo hídrico
Esteban Aignasse (*)
Tener una casa con paredes y techo firmes, luz y agua potable segura, en un terreno de 10 por 20 metros, en uno de los lugares más altos de la ciudad y, lo mas importante de todo, ser propietario, es algo que muchísimos vecinos de nuestra ciudad anhelarían. Esta es la salida que el gobierno de la ciudad esta proponiendo a las familias que tienen sus viviendas precarias -sin agua potable, enganchados de la luz con los peligros que ello supone, en zona inundable y sin la escritura de los terrenos- ubicadas en el sector conocido como “Bajo Judiciales”.
Este lugar es el principal reservorio que existe sobre el borde este de la ciudad. Que cumpla con su función de manera correcta es fundamental para evitar problemas de inundaciones en numerosos barrios de este cordón cuando se producen fenómenos hídricos importantes. Hoy, por su tamaño, el reservorio está al límite de su capacidad operativa. Es necesario ampliarlo y profundizarlo para que la evacuación de los afluentes pluviales provenientes de esos barrios, se realice de manera correcta sin tener que sufrir anegamientos.
De allí la necesidad que tiene el gobierno de la ciudad de reubicar a estas familias. Primero para poder realizar una obra que traerá una solución hídrica importante para este amplio sector de la ciudad que involucra a 5 mil viviendas. Y segundo porque es una política del Estado municipal buscar erradicar los asentamientos existentes en zonas de riesgo hídrico.
Esta misma propuesta ya se ha hecho durante los últimos años en el borde oeste de la ciudad con altas inversiones en recursos y con resultados óptimos, dado que poco a poco las viviendas van desapareciendo de las zonas inundables y los reservorios y las bombas cumplen con su función de la mejor manera ante la presencia de fenómenos pluviales importantes. No hay dudas que Santa Fe cada vez se encuentra mejor preparada para contrarrestar problemas hídricos, sea por lluvias, o por crecida de los ríos o por la conjunción de ambos.
Uno comprende la preocupación de los vecinos ante la idea de tener que retirarse de sus hogares, pero ninguno va a quedar a la intemperie, y sólo se procederá a su reubicación cuando las casas donde se los va a radicar estén en condiciones de ser habitadas, y con todos los servicios incorporados.
También es entendible que no quieran abandonar la zona, pero el lugar establecido para sus nuevas viviendas sólo está a unas pocas cuadras de allí, y a una cota que los hará olvidarse de los problemas que les genera tener que mudarse cada vez que el río Paraná crece más de lo habitual.
Veinte familias ya viven en Nueva Esperanza; veinte más tendrán sus casas nuevas en enero o febrero del año próximo; y quince manifestaron su deseo de obtener sólo el terreno en este nuevo sitio para ellos mismos construir sus viviendas. La Municipalidad a través del diálogo, y de procesos de intercambio y consenso, va a ir avanzando en lo que definió como una política de Estado: “no más gente viviendo en zona de riesgo hídrico”.
Entendemos que las razones de esta iniciativa son claras: el gobierno de la ciudad está cuidando de sus vecinos, en este caso, por medio de obras indispensables para mitigar los inconvenientes hídricos que padece Santa Fe. No hay excusas a la hora de hablar del riesgo hídrico en nuestra ciudad, si no recordemos cuando unos años atrás, por culpa de un Estado que se desentendía de éste tipo de problemas - que tuvo, tiene y tendrá la ciudad - los santafesinos sufrimos la catástrofe más grande de nuestra historia, la que dejó una herida abierta que ni el tiempo ha logrado curar.
(*) Concejal de la ciudad de Santa Fe del FPCyS