Edición del Sábado 22 de diciembre de 2012

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Tita Merello en el recuerdo   - Edición Impresa - Escenarios & Sociedad Escenarios & Sociedad

A diez años de su muerte

Tita Merello en el recuerdo

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En la época de plenitud, la gran estrella argentina y la belleza de sus piernas.

Foto: Archivo El Litoral

 

 

Ana María Zancada

Hace diez años, el 24 de diciembre de 2002, terminaba la vida de una de las figuras más emblemáticas del espectáculo nacional: Laura Ana Merello, conocida como Tita Merello.

La Merello fue una de las figuras más representativas de la escena argentina. Había nacido un 11 de octubre de 1910 en un conventillo del barrio de San Telmo, y su niñez supo del desamparo de un orfelinato, hasta que su madre la sacó finalmente para trabajar como boyerito en una estancia. Llegó a la adolescencia, defendiendo su existencia como pudo, y en la década del veinte debuta en el teatro de revistas, unos dicen que en el Maipo, otras versiones la ubican en el Avenida, con la compañía de Rosita Rodrigo. Era una autodidacta nata, tenía desenfado, un par de piernas bien formadas, unos labios tentadores y un aprendizaje que en los pocos años vividos le sirvieron para definir un duro temperamento.

Sus primeras actuaciones no estuvieron ajenas a la silbatina por parte del público, pero comenzaba ya a perfilarse su fuerte personalidad. En realidad, su llegada al mundo del espectáculo no fue por vocación sino por hambre. No la intimidaron los prejuicios de la época: “Ya me habían matado unos cuantos sueños. Tenía 19 años y hacía rato que era una mujer”. En su libro de memorias que publicó en 1972, “La calle y yo”, se autodefine como una chiquilina de ojos tristes que jugaba inevitablemente sola.

La escuela de la calle

Y así comenzó a actuar. ¿Bailar, cantar? Sí, cualquier cosa. Todo se podía aprender en la escuela de la calle, cuando la vida te quita mucho de la nada que tenés. En 1933 participa en la película “Tango” junto a Azucena Maizani, Libertad Lamarque y Mercedes Simone, para muchos el primer largometraje argentino. Su desenfado, su rostro con enormes ojos expresivos que podían ser dulces y seductores pero también duros, cargados de odio, fueron captando la atención tanto de los productores como del público. Como intérprete de tango grabó su primer disco en 1929, acompañado por la orquesta de Francisco Canaro. En realidad, su historia siempre estuvo ligada al tango, porque como dice la letra “su cuna fue un conventillo”, pero se destacó en las tablas, el cine, la radio y la TV.

Fue mujer de un solo amor. Osvaldo Neyra, en una soberbia reseña publicada en 1996 en este vespertino, hace mención a una gira por América de Tita con Luis Sandrini, tal vez los únicos años en que fue feliz.

Los grandes títulos

A su regreso, en 1948, llega a sus manos la obra del dramaturgo Eduardo de Filippo, “Filomena Marturano”. Es su papel, es esa mujer dura en apariencias, capaz de conmover hasta las lágrimas. La obra permanece en cartel dos temporadas y llega al cine en 1950 dirigida por Luis Motura.

Hubo otros títulos inolvidables: “Los isleros”, “Mercado de Abasto”, “La Morocha”. Pero luego de la caída del peronismo, debe exiliarse en México. A su regreso tiene que trabajar en un parque de diversiones para sobrevivir.

Dura, franca, sin dobleces, solidaria. En 1996, recibe el Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes que dona a dos entidades de bien público.

Pero tenía que trabajar para vivir, no solamente porque necesitaba el dinero, sino porque frente al público, a una cámara, al micrófono, era el único momento en que olvidaba la soledad que iba ganando su vida con el paso de los años: “...Yo quise mucho una vez, quise muchísimo... y creo que fui querida”. Hizo una síntesis descarnada de su vida: “Hice la primera comunión en un asilo, no me casé nunca, entonces de los tres vestidos blancos en la vida de una mujer creo que yo solamente me pondré el último, la mortaja...”.

Sobrevivencia

Luego de trabajar junto a grandes estrellas del cine con renombrados directores. En 1980, Alejandro Doria la convence para “Los miedos” y comienza por ATC un ciclo acompañada por Víctor Sueiro.

El teatro, la televisión, colaboraciones en la revista Nocturno, le sirven para sobrevivir. En 1960, sufre un preinfarto y le detectan un cáncer de útero que logra vencer. Sigue actuando en las temporadas en Mar del Plata. Uno de sus últimas actividades fue con Jorge Jacobson en “Tiempos modernos” por Radio Continental, donde mantenía largas charlas telefónicas con el conductor.

En 1998, gracias a la generosidad del Dr. René Favaloro, se instala definitivamente en una habitación de la clínica, donde muere el día previo a la Navidad, en 2002. Cerraba su camino como lo había comenzado: sola.

Tita fiel a sí misma

* “No importan los pirulos que uno tenga, lo importante es vivir en paz con Dios y con uno mismo”.

* “Ojo, que con cachetazos, caídas y tropezones, aprendés a caminar”.

* “Yo he dado mucho, nunca pretendí ser la más rica del cementerio”.

* “Yo conocí el hambre, yo sé lo que es el miedo y la vergüenza”.

* “Creo que dura más la amistad de un perro que el amor, a veces”.

* “Los achaques son mentales: nacen primero en el balero, luego bajan al cuerpo. Lo mejor que hay es sacar afuera odios, rencores, amores y devolver en fe, en amor, lo que uno lleva adentro como una carga”.

* “La mejor consejera es la vida, porque los consejos de los otros tienen relación en cómo les fue en este mundo”.

* “La felicidad es algo que se busca eternamente y no se encuentra”.

* “La tristeza es un estado de ánimo continuo en que vive el hombre y no se da cuenta”.



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