Edición del Sábado 05 de enero de 2013

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Con el don de ayudar

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Noemí Camusso

 

Fue elegida por los lectores de El Litoral como Santafesina del Año por el trabajo voluntario que, desde hace tres décadas, desarrolla en la Cárcel de Mujeres: un taller de manualidades para el que tuvo, ella misma, que capacitarse, y desde hace un año lleva su nombre.

TEXTOS. REVISTA NOSOTROS. FOTO. MAURICIO GARÍN.

EL ORIGEN. “Nací en Zenón Pereyra, mi pueblo querido, donde sé que me ha votado mucha gente y ha ayudado a que pudiera estar acá. Allí viví hasta los 18 años; luego nos casamos y salimos con mi esposo a hacer carrera bancaria. Era muy joven cuando nos vinimos a vivir a Santa Fe y por su trabajo comenzamos a recorrer gran parte de la provincia. Siempre lo acompañé. Fuera de mi casa solamente trabajé en estas tareas de caridad, y lo digo de corazón”.

UN CARISMA. “Todo es gracias a mi mamá. Por ella conocí a Dios que me enseñó a hacer caridad con el prójimo. Y estoy feliz porque las personas son iguales a todas ante la justicia divina aunque a veces, ante la sociedad, no es lo mismo. Considero que si tengo este don, este carisma para llegar a las mujeres que están en la cárcel, tengo que aprovecharlo”.

RESPETO, SOBRE TODO. “Desde hace 31 años trabajo con mujeres privadas de la libertad, y también fui durante 18 años a la cárcel de Coronda a dar catequesis, y 5 años a Las Flores. No sé si es porque tengo este carisma que entro a una cárcel con todas las luces, dicho con todo respeto. Me aceptan, me reciben y por sobre todas las cosas me respetan. Es un respeto mutuo que me hace bien. Con algunas mujeres nos conocemos desde hace varios años y con otras, que recién llegan, hay que romper el hielo. Es una felicidad para mí la actividad que estoy desarrollando”.

UNA FORMA DE EVANGELIZAR. “Catequizar y evangelizar son primos hermanos. Entonces, para mí la evangelización es a través de las tareas manuales. Cuando hace muchos años comencé, enviada por Mons. Vicente Zazpe, era solamente para catequizar, como él me pidió. Y veía que hacía falta otra cosa. El padre Atilio Rosso decía: ‘Primero llenale la panza y después hablale de Dios’. En este caso no les lleno la panza sino el espíritu. En aquel tiempo éramos 11 mujeres, y la tarea era más fácil y personal. Después cambió la población, sobre todo en edad, y ya no les interesaba la costura. Entonces surgió la opción de las manualidades. Trabajamos en yeso, madera, tela, vidrio y todo lo que venga a nuestras manos. Y veo que están interesadas. Estoy sola a cargo del taller. Un mes antes de Navidad éramos 16 mujeres, y además tengo un grupo estable de cinco integrantes que no faltaron ni una sola vez. Entonces, cada tanto se hacen sorteos y les llevo premios porque es una forma de incentivarlas”.

APRENDER PARA ENSEÑAR. “Tuve que aprender porque las manualidades no eran mi debilidad. Voy a un taller y lo que aprendo, porque siempre hay técnicas nuevas, lo aplico allí. La respuesta es positiva en un ciento por ciento. La alegría de las mujeres cuando están trabajando y algo les sale bien y se las incentiva con un ‘felicitaciones’ es enorme. Ayuda a seguir trabajando y seguir estando presente. Voy al taller los lunes y miércoles de 8 a 12, y los martes asisto a un taller para aprender. Cuando extraño a las mujeres, voy a visitarlas, porque gracias a Dios y a la directora que tenemos actualmente, Isabel Piedrabuena, me dan libertad para que vaya cuando lo necesito”.

UN DESCUBRIMIENTO. “Si estás confiada, entrar a la cárcel es como entrar a cualquier otro lugar. Pero si se entra con prejuicio y preguntándose qué habrá hecho esa otra persona, no va a ser posible. Todos tenemos carismas o dones, como queramos llamarlos: a lo mejor el de una persona es trabajar en un lugar con gente privada de su libertad y no lo sabe. Cuando Mons. Zazpe, que ya me conocía de la iglesia, me dijo: ‘Te necesito para la Cárcel de Mujeres’, me sorprendió. Y después dije: ‘Si él me envía no debo decir que no’. Y acá estoy después de 31 años. Entonces, si uno no descubre su propio carisma, tiene que permitir que otro lo haga, y probar. Cuando me invitaron a visitar el Hospital de Niños como misionera, por supuesto que fui. Pero llegaba a mi casa y no estaba bien. Pensaba en esos niños tan pequeños con esas enfermedades tan graves y a los dos meses pedí retirarme. En cambio, con la cárcel fue un abrir de puertas”.

LA NOMINACIÓN. “Edgardo, el más chico de mis hijos, vio la convocatoria en El Litoral y se encargó de hacer todo. Yo no sabía nada y, cuando se iba acercando la fecha y observó que esto podía ser posible, me lo contó. Fui votada por la gente y eso me hace sentir muy bien. Me gustó que me eligiera la gente de mi pueblo, Imaginate, desde los 18 a los 77 años sin vivir allí y que igual me voten... Estoy feliz de que se hayan acordado y también que me haya votado gente de acá y de otros pueblos”.

MÉRITO COMPARTIDO. “A las mujeres del taller también tengo que darle gracias. Desde hace un año, el taller tiene mi nombre. Pero no es mío, es de todas. Allí trabajamos, la pasamos muy bien, cantamos, reimos, lloramos, rezamos. Las mujeres sin libertad me quieren, y yo también las quiero y se los digo, porque a veces nos falta esa palabra o ese abrazo que saben cómo debe hacerse: con transparencia pero con mucho calor y cariño. No sabés lo que es entrar a la unidad y encontrar que me están esperando, y cruzan el patio con los brazos abiertos”.

LAS RAZONES. “El taller se interrumpe durante enero y febrero. En ese tiempo descanso, aunque para mí no es cansancio, pero es un período en que sigo trabajando en mis cosas y evaluando por qué y para qué. Algunos días me digo que es una bendición este taller que lleva tantos años y en el que no tuve problemas. Es una forma de ser, de trabajar. Allí hay armonía, se trabaja, se toman mates y creo que ayuda que todo lo que hablamos ahí no perjudica a nadie”.

LAS RAÍCES

Noemí Camusso nació el 28 de noviembre de 1935 en Zenón Pereyra (departamento Castellanos) y allí vivió hasta los 18 años.

LA FAMILIA

Tiene dos hijos varones y 5 nietos: “Carolina es Maestra Jardinera, Rodolfo es Lic. en Filosofía (ambos viven en Rosario), Sebastián es médico y está a un paso de recibirse de Traumatólogo, Cristian se recibió de Abogado, y Gastón a punto de entrar a la facultad. Y dos bisnietos: Simón, de 3 años, y Juana, de 3 meses”.

INOLVIDABLE

“Ésta fue una experiencia que no voy a olvidar, fue tan hermoso. Primero nos entregaron el logo, siguieron presentando a los otros candidatos y llegó la parte más fuerte. Cuando se hizo una pausa y me nombraron fue algo tan lindo... Nunca tuve una sensación igual”.

ACOMPAÑAMIENTO

“Tengo el apoyo total de mi marido, de mis hijos, los nietos y bisnietos que alimentan mi vida. Creo que si la familia no te apoya en una tarea, no podés seguir trabajando porque sería incómodo. En cambio acá recibo el apoyo total”.

CONSTANCIA

“Se necesitan voluntarios, pero lo que a veces falta es la perseverancia y en una cárcel es donde más se necesita. Si llueve voy, y también si hace mucho calor o mucho frío. Sin hacer tanto alarde creo que es un testimonio hasta para la misma familia”.



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