Editorial

Problemas con la energía en la Costa

Cuando en la primera mitad de los noventa el gobierno provincial anunció la construcción de un anillo defensivo que incluía el corredor de la Ruta Provincial 1 hasta el pueblo de San José del Rincón, nadie imaginó la explosión demográfica que estas mejoras provocarían en poco tiempo.

Si bien es cierto que ya se había iniciado un lento pero progresivo proceso de radicación de vecinos de la ciudad de Santa Fe en aquella zona, las defensas aceleraron la transformación. Pronto comenzaron a lotearse terrenos en los que, hasta entonces, se extendían pequeñas quintas. El paisaje rural y costero fue mutando velozmente.

En pocos años, y ante la mirada de todos, Colastiné Norte se convirtió en el barrio de la ciudad de Santa Fe que experimentaba el mayor proceso de crecimiento. La misma situación comenzó a observarse en Villa California, en el ejido de San José del Rincón.

Nadie estaba ajeno a este fenómeno, que se producía frente a la pasiva mirada de los gobiernos. Aquella explosión demográfica, nunca estuvo acompañada por un proceso de planificación. Se construyeron viviendas en lugares inadecuados, se abrieron calles sin sentido urbanístico y de circulación. No se planteó una red de desagües pluviales y el tendido eléctrico se extendió sin que fuese acompañado por la infraestructura necesaria. Recién las últimas gestiones municipales comenzaron a establecer pautas urbanísticas para el desarrollo.

Tal vez, el más crudo ejemplo de la irresponsabilidad gubernamental fue aquel inicio de las obras de ampliación de la Ruta 1 que debió ser suspendido durante los primeros meses de gobierno de Hermes Binner, cuando se detectó que el proyecto confeccionado en la gestión anterior no tenía en cuenta los desagües que permitieran el escurrimiento del agua de lluvia.

El proyecto debió ser replanteado. Pero una vez que estuvo terminado, llegaron los anuncios de comienzo de obras que jamás se concretaron.

Mientras se aguarda que la ampliación de la Ruta 1 comience de una vez por todas, se agravan los inconvenientes generados por los constantes cortes en el servicio de energía eléctrica. Este verano, contrariamente a lo que habían anunciado las autoridades de la EPE, el problema viene provocando graves perjuicios en toda la zona.

Ni siquiera es necesario que se produzca una tormenta o que se registren temperaturas elevadas. En la costa, los vecinos parecen condenados a sufrir continuos cortes de energía eléctrica. Numerosos comercios y locales gastronómicos sufren las pérdidas económicas provocadas por el problema. Mientras tanto, en las casas de familia la falta de energía impide el normal abastecimiento de agua, ya que la zona no cuenta con red de agua potable.

Desde la EPE reconocen las falencias y prometen la instalación de una planta transformadora con una inversión de unos 40 millones de pesos.

Sin embargo, no será fácil que las autoridades recuperen la confianza de los vecinos. Los antecedentes de tanta improvisación y promesas incumplidas, generan en la relación un comprensible manto de escepticismo.