Señal de ajuste
Señal de ajuste
A la banquina

“El artista del año” nació entre algodones, como un proyecto diferente en el género del reality que pavimenta el camino a la fama de aficionados desconocidos. Nicolás Repetto ya no está más, Mariana Fabbiani conduce y Nacha Guevara es una de los dos “mentores”.
Foto: Gentileza El Trece
Roberto Maurer
Quienes vieron el debut de “El artista del año” y luego partieron en un crucero durante un mes, o permanecieron ese tiempo en coronarias o simplemente se les rompió el televisor, si no estuvieran acostumbrados a los cambios de la ameba gigante de la televisión argentina, seguramente se asombrarían del estado actual del programa creado por El Trece. Abusando de las metáforas es igual que si uno se despidiera del primo rico en la puerta de su mansión y a la vuelta lo encontrara viviendo en una villa. Se eliminó la emisión diaria vespertina desde el conservatorio, se modificaron días y horarios y se cambiaron las reglas. Y la primera pregunta del hipotético recién llegado sería, además:
—¿Y qué se hizo de Repetto?— . Se podría responderle:
—Agradecé que Mariana Fabbiani conserva todos sus dientes.
FINO Y ELEGANTE
“El artista del año” nació entre algodones, como un proyecto diferente en el género del reality que pavimenta el camino a la fama de aficionados desconocidos, a los cuales se les proporciona un entrenamiento, o sea de un género que ya había llegado al fondo con los alaridos y la sensiblería de Mariano Iudica que, de paso, aceleró su retorno al frente de “Soñando por cantar”. Está en las planillas: es lo que gusta a la gente.
“El artista del año” estaba destinado a ser el hijo fino del género, un show selectivo, respetuoso y despojado de vulgaridades que el televidente saborearía con cubiertos de plata. Se prescindió de jurado, esa camaradería promiscua de cama redonda, y en cambio fueron colocados sólo dos mentores bien elegidos: Nicolás Repetto, portador de la aureola de los descubridores de talentos (1), y la integral Nacha Guevara, que ha demostrado solvencia en varios rubros del espectáculo. La filosofía es interesante: si eres trapecista, no nos importa que seas el mejor, lo importante es que exista en tí el germen de la proyección artística, seas cantante lírico o entrenador de perros.
Un ejemplo. Ya reemplazado Nicolás Repetto, que invocó razones laborales y un final armonioso con el canal, en el último sábado audicionaban aspirantes a ingresar al conservatorio, y compitió un santiagueño que ofreció un elaborado malambo de fantasía con boleadoras.
“No soy muy fan de esto pero lo hiciste muy bien”, fue el primer comentario de Nacha Guevara, que suele emitir opiniones francas con bastante tacto a pesar de que el común de la gente piensa que está un poco chapa (2). Además, le agradeció que no se “enloqueciera” , una enfermedad profesional de los malambistas. Y entonces, con el coreógrafo y productor Ricky Pashkus, el sustituto de Repetto, intentaron descubrir si en el postulante estaba la semilla de una evolución hacia un mundo artístico que fuera más allá de las boleadoras, como el hip hop. Algo parecido le preguntaron a Jorgelina, una bailarina profesional egresada del Colón que ofreció un número de danza contemporánea: quisieron saber si conocía otro tipo de baile, para conocer su rango haciendo cosas diferentes, sin llegar al baile de caño, por cierto, ni al perreo, porque, ya se dijo, “El artista del año” fue creado como un producto elegante.
CUIDADO CON LAS IMITACIONES
Aquel lunes 7 de enero del debut se presentó un imitador. El primer comentario de Nacha Guevara, siempre sincera, fue “confieso, no me gustan los imitadores”. Hasta el sábado pasado no había cambiado su manera de pensar. Apareció otro imitador, esta vez de cantantes, y durante su rutina, un continuado de Fito Páez, Sabina, Sergio Denis y Vicentico, entre muchos otros, la cámara tomó a Nacha Guevara, de espaldas, golpeando el asiento, cambiando de posición y en un estado de furia que, cuando se puso a buscar algo, se temió de que hubiera llevado un puñal. Chicos, ya lo saben: imitadores, con Nacha, no.
UN PIEDRAZO EN LA NARIZ
Ante las bajas mediciones, comenzaron los recortes, y el principal fue el corazón mismo de las buenas intenciones del programa: se cancelaron las emisiones diarias desde el conservatorio, donde nos mostraban cómo los coachs modelaban el talento potencial de los pupilos.
El profesor de teatro Diego Corián Oria fue explícito. “El programa ya mordió banquina”, declaró. “Persisto en algo que me dijeron que era de una manera y ahora mutó. A mí me llamaron para dar clases de teatro en el conservatorio, para que la gente viera cómo son los procesos artísticos. Y nos comimos un piedrazo en la nariz”, dijo el actor. Contó que sólo tuvo la posibilidad de dar una sola clase de teatro de una hora en las primeras dos semanas, porque sus clases “no generan contenido”. Es decir, no tienen gancho para la tele, del mismo modo que la educación misma es aburrida.
“No se explotó ni una cosa ni la otra. Si lo querés hacer bizarro, volcá, y no contratés a toda la gente que contrataste para que lo artístico funcione. Y si lo querés hacer artístico, confiá en que la gente que contrataste quiera hacer que esto sea lo mejor que pueda tener la televisión argentina”.
1) A su olfato infalible le debemos a Marley y Caramelito.
2) “Sos una loca hermosa”, la halagó Repetto la noche del debut, una forma delicada de decirle loca”.