Edición del Miércoles 10 de julio de 2013

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“La ciudad occidental” - Edición Impresa - Opinión Opinión

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“La ciudad occidental”

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En La ciudad occidental se reúnen textos y transcripciones de lecciones de José Luis Romero, fechados entre 1965 y 1973. Como señala Adrián Gorelik en la introducción, para José Luis Romero la ciudad incluye en sí una rica pluralidad de rasgos y señales. Es a la vez “un actor colectivo del cambio histórico, un producto material de ese mismo cambio y un ambiente social e intelectual que lo perpetúa”.

Todo lo que existe como memoria también existe como esfuerzo material, como voluntad social, pero sobre todo como capacidad creadora, sostiene. “Si una cultura es fundamentalmente una acumulación de creación -y precisamente de esto se trata-, quizá no haya resultado exagerada mi afirmación del principio: la cultura occidental es fundamentalmente urbana pero, además, no hay nada en la cultura occidental tan significativo, tan variadamente representativo, como la ciudad”.

Con claridad expositiva, José Luis Romero nos lleva a recorrer la creación de las ciudades, sus estilos, continuidades y rupturas; las culturas urbanas, los reinos y el mundo industrial; la concentración social, del poder, la riqueza y la cultura; la vida urbana y la vida rural; la ciudad utópica y la literaria; la gótica y la barroca, para en una tercera sección dedicarse específicamente a algunas ciudades -Brujas, Barcelona, Nápoles, Praga, Londres y Nueva York-. La última sección está dedicada a las ciudades latinoamericanas en sus distintos períodos, para concluir con una historia de Buenos Aires.

“La ciudad es una formidable creación. Si se juntaran las maquetas de todos los edificios, se vería que no dan cuenta en conjunto de todo el esfuerzo concreto y real que se ha hecho en una ciudad, de manera práctica, al levantar sus casas. Cada una de esas casas es una creación y la esperanza de alguien que dijo: ‘Voy a empezar a edificar una vivienda’. Quizá dijera, como Valle Inclán, ‘quiero una casa edificada con el sentido de la vida’. Cada una de esas personas creía que su hogar iba a expresar algo, que era su aporte a la creación colectiva, al mundo. El esfuerzo material de la creación de la ciudad física es inmenso, de la misma manera que es inmenso el esfuerzo económico y social que significa perpetuarse generación tras generación en este mismo ámbito geográfico. Es decir: ‘Yo no quiero salir de este barrio, ni de esta calle, ni estar del otro lado de esta calle, y no quiero estar cerca de ese lugar en el que dicen que antes había fantasmas, ni quiero estar cerca de esa esquina donde mataron a fulano’”. Publicó Siglo XXI.



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Miércoles 10 de julio de 2013
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