De tal palo... tal astilla

Cuando el problema se encuentra en la mala educación alimentaria de padres y madres a hijos.

TEXTO. PSIC. ROMINA DEL POZO, COORDINADORA TERAPÉUTICA, Y PSIC. NOELIA CHIAMA. CENTRO DE NUTRICIÓN INTEGRAL DR. MEYER.

 

Los padres cumplen un papel fundamental en la educación alimentaria de los hijos. Las actitudes de los niños/as son el reflejo del estilo de vida y del comportamiento alimentario que se mantenga en su casa.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad ha alcanzado caracteres de epidemia a escala mundial, haciendo hincapié en el incremento desmesurado de la obesidad infantil como una de las enfermedades más frecuentes en los niños/as en la actualidad.

La predisposición genética como uno de los factores asociados al desarrollo del sobrepeso y obesidad infantil, debe ir acompañada de otras conductas reforzadoras de los hábitos tales como: la selección de los tipos de alimentos a ingerir, la forma de cocinarlos, la calidad y el tiempo dedicado a las comidas más importantes del día, los hábitos de movimiento/sedentarismo de cada familia, etc.

Los niños/as se encuentran inmersos en un sistema familiar que transmite a través de sus conductas, valores, mensajes y estilos de pensamientos, que se van “naturalizando” e incorporando como normas indiscutidas. Es decir el niño/a no tiende a cuestionar en profundidad las conductas instaladas a nivel familiar, sino que las incorpora naturalmente como parte de su rutina, reproduciéndolas durante gran parte de su vida.

Sumado a ello las condiciones de vida de la modernidad han producido una mayor disponibilidad y variedad de comidas chatarras, con un descenso de la movilidad (mayor sedentarismo).

ERRORES FRECUENTES DE LOS PADRES Y/O CUIDADORES

- Utilización de premios y castigos: “Si te portas bien te compro un helado”. La utilización indiscriminada de la comida como premio o castigo, para “promover” o desalentar una conducta, instala un patrón de actitud que refuerza el papel de la comida como método de gratificación. La trascendencia de este tipo de aprendizajes va instalando asociaciones que se enquistan en los comportamientos, hasta la adultez. “Hoy trabajé mucho...me merezco una picadita..” , “Hoy tuve un día muy difícil...”; frases como éstas y otras son ejemplos de asociación comida = premio.

Cuando la comida se utiliza como castigo ante un comportamiento, además de no conseguir siempre el fin que se pretende, se facilitan las fobias alimentarias, al asociar el alimento con un mal recuerdo.

Dentro de este patrón también se encuentran los padres que intentan compensar con alimentos ‘algunos sentimientos de culpa‘ o como intentos de reparar algunas faltas, ya sea de tiempo, de atención, de juego o quizás por algunas situaciones familiares de las que se sientan responsables como separaciones, etc.

- Sobreprotección: La sensación de continuo acoso por parte de los padres por probar y comer un determinado producto, o la atención constante y exagerada ante el acto de comer o ante la propia la comida, son algunas de las causas.

Algunos autores señalan que los padres se preocupan en exceso si su hijo come poco, pero no le dan la misma importancia cuando come mucho. Esta conducta mal canalizada se identifica en los padres que incitan a los pequeños a comer más con el convencimiento de que no les falte de nada; les sirven porciones exageradas en comparación con la cantidad que necesitan para su edad. Son los padres que sobreprotegen a sus hijos en la cuestión alimentaria: ofrecer más alimentos proteicos de los necesarios es tan poco saludable como no estimular el consumo de fruta y verdura. Igual de negativo es pretender que los pequeños ingieran toda la comida del plato cuando dan muestras de estar llenos.

- Distorsión de las porciones: Según estudios realizados en madres con niños con sobrepeso, al ser interrogadas específicamente sobre los hábitos alimentarios de los niños creían que estos comían porciones normales o incluso más pequeñas de las que deberían comer. Estos estudios demuestran la distorsión que presentan las madres sobre el tamaño de las porciones, siendo en muchas ocasiones la causa del forcejeo que emplean para que los hijos coman más, cuando en realidad éstos comen las porciones adecuadas.

- Falta de límites: Falta de capacidad para decir ‘no‘ cuando el niño/a dice tener hambre; algunos padres piensan que al hacerlos esperar al momento de la comida estarían hambreando al niño. Por lo tanto, proveer a sus hijos con un surtido de alimentos resulta una recompensa emocional importante para los padres.

Recordemos que los niños, más que aprender, imitan. Por ello, es fundamental que los progenitores y su entorno (abuelos y familiares cercanos, cuidadores, etc) tengan y mantengan actitudes más que discursos.

OBSESIÓN POR EL PESO

En el lado contrario de los errores mencionados en la nota central, están los padres obsesionados porque su hijo no gane demasiado peso. Vigilan qué come y le advierten con mensajes o descalificaciones como ‘cuidado, vas a engordar‘; ‘esto engorda, no te conviene‘; ‘estás gordo, no comas eso”.

Esta conducta responde, en general, a miedos de los progenitores respecto de la educación de sus hijos. Esto les lleva a obsesionarse con el deseo de querer garantizar la mejor atención y evitar que desarrollen problemas de conducta alimentaria, como anorexia o bulimia nerviosas. Sin embargo muchos de estos hijos, al llegar a la adolescencia y a modo de rebeldía o como forma de expresar su propia identidad, ‘adoptan formas de alimentación contrarias a las que sus obsesivos padres han pretendido inculcarles‘. (Camañares).

El niño/a no tiende a cuestionar en profundidad las conductas instaladas a nivel familiar.