En Familia
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Aborto sí, aborto no

Activistas en contra del proyecto de ley de despenalización del aborto, en Buenos Aires, en 2011. Foto: Archivo El Litoral
Rubén Panotto (*)
Organizaciones civiles y políticas proclaman la consigna de legalizar el aborto como un avance en el logro de nuevos derechos humanos. Lo justifican cimentados en la idea de la evolución cultural y en el objetivo político de terminar con la “anacrónica moral” de defender la vida desde su concepción misma. Ahora bien, si aceptamos que en la cotidianidad lo que antes era bueno ahora ya no lo es y, contrariamente, lo que antiguamente era malo en la actualidad es bueno, ¿cómo hace la Justicia para dictaminar con la debida rectitud? ¿Quién puede aceptar que el asesinato de bebés es bueno, conforme a la creencia de algunas personas? Aun para discernir estos horrores necesitamos la vida, y es justo que todos tengan la posibilidad de vivir, incluidas las personas por nacer.
El aborto es el crimen de un bebé al ser arrancado prematuramente del lugar más seguro, el útero de su madre. El Creador preparó el vientre materno para que la vida y descendencia humanas fueran posibles. No obstante, hasta allí llegan las manos siniestras del triturador para destrozar al más vulnerable e indefenso.
Si conservamos algún sentido de justicia, si queremos proteger a inocentes, debemos ya levantar nuestro reclamo en voz alta, en auxilio de quienes no pueden defenderse de una muerte insólita. Rechacemos la postura de quienes se enorgullecen y pregonan la defensa de los derechos humanos poniendo en práctica el acto más inhumano: el asesinato en el vientre, en el estado de mayor debilidad e indefensión de un ser humano. ¿Qué clase de principios son ésos, qué tipo de teoría (pseudo) humanitaria, por la que se felicitan a sí mismos y reciben la aprobación de luchar por ese “ideal”, so pena de generar muertes violentas? El Holocausto nazi aparece tímido en comparación con los 50 a 60 millones de bebés que se asesinan por año en el mundo. ¿Cómo hemos llegado a semejante desprecio por la vida en nombre de la vida? ¿Acaso no es una monumental contradicción? Cualquier creencia religiosa o filosófica que conlleva la muerte de alguien está inspirada en el mismo infierno.
El primer mandamiento más importante es “amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, tu mente y tu alma, y a tu prójimo como a tí mismo”. Se entiende que no hay nadie más prójimo (próximo) que un bebé en el seno materno.
El aborto siempre se ha visto como masacre, violencia, y acarrea el juicio de toda la divinidad. Dios es la fuente de vida para todo lo que vive, y todo lo que existe es su obra, y estamos designados a ser administradores de su creación, mayormente de la continuidad de la vida, a través de la familia. Existen organizaciones y personas que aman la naturaleza, los animales, la riqueza viviente de los mares y los defienden de tal manera que hasta pueden arriesgar sus propias vidas, ¿y acaso pensamos que están alienados o que viven en la cultura medieval por pensar y proceder de esa manera? Como no es así, entonces cuánto más lógico es aún defender y preservar la vida y el derecho de un niño por nacer. Un cántico de David dice: “... Tú formaste mis entrañas. Tú me hiciste en el vientre de mi madre... No fue encubierto de ti mi cuerpo, y en lo oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos y todas las cosas que fueron luego formadas”.
Tengo un grito callado en mi garganta, y lo quiero compartir: “¡No permitamos que se promulguen leyes criminales bajo la fachada de un derecho inexistente!”. Mahatma Gandhi dijo: “El hombre no tiene el poder para crear vida. No posee tampoco, por consiguiente, el derecho a destruirla”. El único propósito del aborto es la muerte del indefenso.
(*) Orientador Familiar