Edición del Viernes 30 de agosto de 2013

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Entrevista a Álvaro Gatti - Edición Impresa - Escenarios & Sociedad Escenarios & Sociedad

Entrevista a Álvaro Gatti

—¿Qué significan las artes visuales para vos?

—No he pensado qué significan porque siempre he estado en ellas.

—¿Vos te sentís un artista plástico?

—Me siento un pintor que dibuja, un dibujante que pinta.

—¿Qué quiere decir eso?

—Que ando siempre entre el dibujo y la pintura, que es una sola cosa en realidad pero a veces está más determinable lo que dibujo. Considero que es lo mismo, pero son las dos caras de una misma moneda, pero a veces es más evidente el dibujo por los materiales que usás.

—¿Qué es lo que te lleva a dibujar o a pintar? ¿Cuánto hace que dibujás y pintás?

—Toda la vida.

—Y, entonces, a “toda la vida” resumirla a una frase, si podés, alguna razón habrá.

—Yo no sé si son todas las razones o no hay ningún razón. No te lo puedo aclarar a eso.

—¿Alguien te obliga?

—No, no... pero pasa que son muchas las puntas para...

—Dame una...

—La posibilidad de hacerlo. Lo puedo representar, entonces es como si tuviera la obligación, una linda obligación, de mostrarlo. Si yo lo puedo hacer, ¿cómo no lo voy a mostrar?

Porque, me doy cuenta, ya no quiero ser pedante, pero parece que hay cosas que yo puedo mostrar y que hay otros que no lo pueden hacer.

—¿Y por qué te interesa mostrarlas? ¿Qué es lo que te lleva a hacerlo y a mostrarlo? ¿Buscás reconocimiento?

—Un poco sí.

—¿Vos creés que interpelás a la sociedad con lo que haces?

—También un poco sí.

—Esas dudas que tenés, ¿se reflejan en lo que haces?

—Sí.

—¿Cómo, de qué modo?

—Es en la búsqueda de las formas y de los colores.

—¿Qué significan las formas y los colores?

—Primero, mostrar algo como oculto, que nadie lo puede descubrir. No, nadie no... Hay algo que yo puedo mostrar que es distinto a los otros. Entonces, me parece que es una pena no hacerlo, no mostrarlo. Es como si me hubiesen dado algo para que yo lo haga y lo tengo que hacer.

—¿Cuándo empezaste a estudiar arte?

—Tuve varios intentos, pero firmes en el año ‘62 cuando fui al liceo. En realidad, yo fui porque no entendía la no figuración, no la asimilaba. Veía que había algo oculto ahí que yo no podía acceder. De pibe me movilizaba eso. Fijate que yo tengo imágenes de Schuster, un alemán.

—No sé a qué alemán te referís.

—Yo lo veía a eso de pibe, en revistas no especializadas y me volaba la cabeza porque me interesaba, pero me parecía que no era cuestión de hacerlo a eso nomás, algo había detrás que, por supuesto, en mi infancia no lo podía descubrir. A medida que fui haciéndome adolescente, cuando iba a los museos veía que había algo pero no lo podía entender. Yo siempre hacía cosas figurativas. Cuando voy al liceo, yo fui por eso precisamente, porque yo veía que había una parte de la pintura que la tenía vedada. Yo podía representar un florero, un paisaje, una calle, pero la abstracción no. La podía hacer pero me parecía que estaba mintiendo, que estaba tocando de oído en eso, por eso fui. Entonces, ahí en el liceo empecé, digamos, a entenderlo más, a ver los códigos que tiene la no figuración, las cosas que se pueden hacer las que no...

—¿Quiénes fueron tus profesores, los que te marcaban eso?

—Alicia Sedlacek, Rubén Sedlacek, Luna...

—¿Vos sentías que te encuadraban?

—En ese momento sí, sentía que me encuadraban y no sé si me estaban encuadrando. Probablemente, ahora yo también hago un poco eso. Hay cosas que cuando estás desarrollándote no las podés hacer porque estás crudo todavía para hacerlas....

Proceso de búsqueda

—¿El manejo del material es un proceso de búsqueda y de experimentación o creés que hay una llegada?

—Es un proceso de búsqueda...

—Entonces, ¿no son los miedos?

—No, te digo porque a mí me pasó: había cosas que ahora puedo hacer con cualquiera material que no las podía hacer antes por más que yo tuviera la imagen y supiera donde quería llegar, no podía llegar ahí, a ese punto exacto. Parece ser que -mirá lo que estamos hablando- los materiales tienen un tiempo de manejo también, que es cuando vos los dominás, los amasás y los trabajás. Entonces, se te doblegan y podés llegar a lo que vos querés decir, si no quedan crudos los trabajos, y te estoy hablando de cualquier material.

—De todos modos es una opinión absolutamente personal...

—Sí, totalmente. Pero en todos los años que yo tengo de docente me he dado cuenta de que pasa eso. Pareciera ser que después de un tiempo que vos manejás un material determinado, el material se te doblega y vos avanzás sobre el material, entonces empieza a entregarse.

—¿Y qué pasa con tu obra cuando la ves colgada en una muestra? ¿Qué te pasa a vos?

—Muchas veces me sorprende. Es interesante ver un cuadro viejo tuyo que te sorprende.

—¿Siempre te sorprende para bien?

—En el 98% sí. Muy pocos no, pero la mayoría sí. Incluso lo que pasa es que, y eso es lo más grande, cuando ves un cuadro tuyo, te acercás y decís: ¿cómo hice esto?. Ni vos mismo te acordás cómo lo hiciste, eso es fantástico, es lo máximo. Me pasó hoy con un cuadro de Guillermo Aleu, que ni me acordaba. Da vuelta el cuadro y me asombré.

El arte por el arte

—¿No te interesa cuestionar a la sociedad con lo que hacés, como si fuera un lenguaje de cuestionamiento social?

—No, yo te diría que es un cuestionamiento de asombro. A mí, me interesa que el espectador se asombre.

—Es decir que a vos te interesa más el arte por el arte, que el arte como medio de batalla.

—Por supuesto, sí.

—¿Por qué?

—Tengo un gran conflicto con eso. Yo pienso que las ideas políticas y todas esas cosas tienen otro ámbito de discusión. Me parece que caen en el panfleto o en lo partidario que a mí no me interesa.

—¿Por qué le das el título que le das a tus obras? ¿No corren el riesgo de que la gente no entienda o no interprete la disociación entre imagen y texto?

—Sí.

—¿Y qué te pasa cuando pasa eso? ¿Por qué se llama así? ¿Qué significa?

—Los títulos salen del proceso. Yo voy trabajando y tengo un papel pegado donde empiezan a aparecer los títulos...

—¿Qué te pasa cuando la gente te pregunta: “y esto qué es”?

—Digo que es nada, que es una serie de formas y colores que si te emocionan, te emocionan.

Las miradas

—¿Y vos creés que hacés formas y colores que te emocionan y nada más?

—A algunos sí los emocionan, a otros no les dice absolutamente nada e incluso a otros les produce horror. He tenido un caso con un amigo mío que tenía un boliche, un comedor, y me pidió dos o tres cuadros prestados y a mucha gente le interesó. Una persona le dejó un papelito colgado donde puso que al autor de esto había que matarlo. O sea que a no todos les cae bien. Me causó mucha gracia eso.

—Entonces, ¿cómo es que la gente ve cosas que vos no has visto antes?

—Yo soy consciente de que hay gente a la que no le va a gustar, no va a entender o va a ver otra cosa totalmente distinta a lo que yo tuve intención de hacer. Me ha pasado un montón de veces me sigue pasando siempre. Hay gente que vio otras cosas que yo no vi, ni se me ocurrió. Ahora, el hecho de esa conmoción, sea buena o mala como el caso de la mujer que me puso el cartelito diciendo que había que matarme, a mí me parece que está bien. Y no sé si uno no pinta para eso, volviendo a la pregunta que me hacías hoy.

—¿Pintar para ser tenido en cuenta?

—No.

—¿Para movilizarla?

—Sí, movilizarla para bien o para mal. Mi intención es movilizarla bien. Sí, claro que sí. Lo que pasa es que en la no figuración la agitación social es mínima, la podrá conmover pero de ahí a que haga una reflexión porque hay una diferencia social, no. Probablemente si yo hubiera un montón de gente, como Berni, puede que la conmoción sea mayor.

—Es decir que tu expresión plástica está restringida a un determinado público.

—Aparentemente sí.

—¿Es una decisión personal?

—Sí, nunca voy a hacer otra cosa que no sea esto.



Viernes 30 de agosto de 2013
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