En el lugar justo y en el momento indicado

El enviado de El Litoral a Roma en la Plaza San Pedro, en el Vaticano, junto a dos santafesinos: Américo Giménez y Víctor Pesiri.

En el lugar justo y en el momento indicado

La trastienda de una experiencia increíble, donde El Litoral y el fútbol permitieron estar con Su Santidad en un momento tan íntimo como inolvidable. El Papa Francisco, Roma, Barcelona y la mejor de las historias...

TEXTO Y FOTOS. ENRIQUE CRUZ (H)

 

Cuando planificábamos este viaje, ni por asomo me imaginaba las sorpresas que me depararía. Siempre me quedó grabada aquella máxima periodística que indica que “hay que estar en el lugar justo y en el momento indicado”. Esto tiene mucho de azar. Deja librada, en algunos casos, la capacidad periodística a la suerte. Pero pasa. Y una vez que pasa, hay que estar preparado para estar a la altura de las circunstancias.

Tomás Eloy Martínez dijo en 1997 que “el desafío del periodismo moderno es el de hacer prevalecer un puñado de historias, seis, siete o diez historias en la edición de cada día, contadas por reporteros que también sean eficaces narradores”. Y aquel 12 de agosto, cuando tuve la dicha de estar frente a frente con el Papa Francisco, sentí que alguien me había tocado con la varita mágica para estar en ese lugar y participar de ese mágico momento para contar la mejor de las historias.

Sobrevolaban, en la planificación de este viaje, un par de flashes históricos trascendentes para mí y para mi vida. Tenía 8 años aquel 7 de noviembre de 1970, cuando en el estudio principal de LT9 observaba junto a mi padre y a quienes trabajaban en la “Nueva 9”, el momento que luego se transformó en el más importante de la historia deportiva de nuestra ciudad: la gran victoria de Carlos Monzón sobre Nino Benvenuti en el Palazzo dello Sport de Roma.

Cuestiones vinculadas con el momento del año y la necesidad de muchos romanos de escaparse del calor de la ciudad para buscar refugio en zonas más turísticas, hizo que el objetivo de entrevistar a Benvenuti -estaba de vacaciones en Menton, una población francesa ubicada en los Alpes Marítimos- se frustrara. Soñaba con reportear a Benvenuti en el mismo escenario en el que Monzón lo destronó aquella noche lluviosa de noviembre en Roma. Y esos flashes de hace ya 43 años reaparecieron en mí, como por ejemplo aquella famosa foto de El Gráfico donde se lo ven a Monzón y a José Menno “jugueteando” en la amplia acera del Coliseo, cerquita del Arco de Constantino. El sólo hecho de pisar esos lugares, de pasar por el Palazzo dello Sport en el viaje al estadio Olímpico (donde se jugó el partido entre Italia y Argentina) hizo que me acercara a ese hito histórico e inolvidable para el deporte santafesino.

Pero claro. Ningún objetivo periodístico se compara, por más trascendente que fuera, con los momentos vividos con el Papa argentino. Ya conté la historia ese mismo 12 de agosto en las páginas de El Litoral y las repercusiones aún me sacuden. Pero todavía recuerdo el momento de abrir mi casilla de mail para encontrarme con la inesperada y casi increíble invitación del Padre Fabián para participar de una misa que, francamente lo digo, ni imaginaba que iba a ser tan privada y tan reducida. Y todavía siento la magia de ese momento en el que Francisco retorna a la pequeña capilla, luego de dar esa misa tan privada, para orar en silencio delante de la imagen de Cristo en la cruz. Esos instantes de gran expectativa y ansiedad por lo que se venía -el encuentro con el Papa- y la paz que su presencia ante Dios transmitía, seguramente me acompañarán por el resto de mis días como el tesoro más preciado que he ganado en esta profesión.

Ya de vuelta en la Argentina y leyendo la historia de Alejandra, la mujer cordobesa que decidió contarle por mail que fue violada por un comisario, que el caso sigue impune y que es víctima de una persecución policial y judicial, y que a los pocos días recibió un llamado telefónico del propio Papa, entiendo que mi experiencia es una más, chiquita y hasta insignificante al lado de tantas actitudes de Francisco que a manera de prédica, alivio y enseñanza nos está dando.

Haberle dado un ejemplar de los 95 años de El Litoral fue, para mí, un honor. Él lo recibió y lo hojeó con mucho gusto, quizás recordando aquellos dos años vividos en Santa Fe y que tantos buenos recuerdos le trae. Y también la gente con la que estuvo, conoció y trabajó, a la que considera y honra, como ocurre con Gustavo Víttori, su alumno de aquellos tiempos.

Todo lo que pasó después tuvo también algo de lógica con lo ocurrido ese lunes en Roma. Haber conocido una ciudad encantadora, bellísima, diferente a cualquiera; estar en un estadio que fue construido hace 60 años pero que parece nuevo y moderno, celosamente cuidado y lleno de historias futboleras, como aquel inolvidable llanto de Maradona luego de haber perdido la final del Mundial de 1990 ante los alemanes, fueron experiencias estupendas que compartí con Américo Giménez, Víctor Pesiri y Belén Borlle, compañeros de ruta, que no se comparan en nada con aquella mañana en el Vaticano, pero que también tuvieron su encanto.

UNA CIUDAD QUE RESPIRA FÚTBOL

Y después, Barcelona y todo el encanto de Messi y un equipo incomparable. Barcelona respira fútbol. Basta con pasear por la tienda del Camp Nou o por la misma Rambla o el Paseo de Gracia, para entender lo que es la “Messimanía”.

Claro que para comprar una camiseta original, la última, la de las rayas verticales rojas y amarillas, hay que desembolsar 100 euros (casi 1.300 pesos si se paga cash y al valor blue). Pero no dudan en hacerlo. En todo caso, regatean un poco comprándola en los puestitos de afuera del estadio. Pero la compran. Y tampoco titubean al pagar los 23 euros de la recorrida por el estadio y por el Museo. Son miles y miles que a diario buscan conocer este verdadero Templo del fútbol. O que esperan con ansiedad que el Barsa juegue de local para ver si pueden conseguir una entrada (que van de los 47 euros, la más barata, a casi 180 la más cara) para ver un partido del equipo de Martino en la Liga Española.

MUCHO MÁS QUE TRABAJO

Esta fue la parte vinculada al objetivo laboral, pero no todo es trabajo en un viaje y mucho menos visitando esta clase de ciudades. Recorrer el Trastévere, tomar algo al aire libre en Campo di Fiore (si hablamos de Roma) o encontrarme con un santafesino como el Ruso Filardi y su encantadora esposa sueca, Tina, para recorrer lugares casi ocultos de Barcelona pero que permiten apreciar a una ciudad repleta de turistas desde una óptica diferente, terminó de llenar los ojos.

Uno tiene en claro que en la vida y más en esta profesión de periodista, todos los días hay algo más para aprender. Y que estas experiencias son muy valiosas por lo que aportan. En mi caso, el agregado de haber tenido la dicha de estar con Francisco y de experimentar algo que considero único e irrepetible, superó cualquier expectativa.

Nunca se sabe lo que puede pasar en el futuro o lo que el destino nos tiene guardado. Pero me puse a pensar, por ejemplo, en lo que sería juntar a Maradona y a Messi, por ejemplo, para hacerles una entrevista. O algo que se le parezca y que sea lo máximo a lo que un periodista pueda aspirar... Y me quedo con esta historia vivida y contada con el Papa Francisco. Es fuerte. Demasiado. Y lo dice un futbolero.

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En la majestuosidad e inmensidad del Camp Nou, con un ídolo de la afición catalana: el “Torito” Zuviría, nacido en Barranquitas y con pasado en Unión.

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El encuentro con el Papa Francisco, una experiencia única e irrepetible.

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Pierluigi Buffon es el arquero de la selección italiana, capitán del equipo de Prandelli y, por lejos, el más dado de todos. Cuando llegó a la concentración -que las dos selecciones compartieron- firmó autógrafos y se sacó fotos con todos.

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En el hotel Parco di Principi de Roma, dialogando con uno de los colaboradores más estrechos de Sabella, Claudio Gugnali, ex entrenador de Unión.