Edición del Sábado 05 de octubre de 2013

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José Canet, poeta y guitarrero - Edición Impresa - Escenarios & Sociedad Escenarios & Sociedad

PRELUDIO DE TANGO

José Canet, poeta y guitarrero

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Manuel Adet

José Canet reunía las inusuales condiciones de guitarrista, compositor y poeta, un don que muy pocos tienen. Nació en el barrio porteño de Paternal, el 15 de diciembre de 1915, y desde muy pibe manifestó su afición por la música y muy en particular por el tango. Según sus biógrafos, Jesús González fue su primer profesor de guitarra, un oficio que supo ejercer con estilo propio, aunque siempre se declaró deudor de aquellas guitarras de Ignacio Corsini, particularmente cuando era acompañado por Armando Pagés, Rosendo Pesoa y Enrique Maciel.

En los primeros años, Canet trajinó por la noche porteña con diferentes conjuntos y en algún momento integró el elenco de Radio Stentor, pero su hora decisiva, la hora que lo consagró como un eximio guitarrista, se produjo cuando fue convocado por ese excelente y poco ponderado cantor que fue Alberto Gómez, quien después de haber cantado con la guitarra de Manuel Parada, Vicente Spina y José Aguilar, entre otros, decidió contar con sus aportes.

Canet estuvo con Gómez alrededor de treinta años y juntos recorrieron los países de América Latina, actuando como verdaderos embajadores del tango, una tarea que compartían con esos otros grandes cantores que fueron Irusta y Charlo. Lejos de la patria y celebrando al tango en cada escenario de América, Canet se sintió inspirado para borronear algunos de sus poemas, entre los que merecen destacarse “La abandoné y no sabía”, escrito en Chile en 1943 o “Tarde”, ese tango que en su momento fue estrenado por Nelly Omar, pero que también supieron interpretar Julio Sosa y Roberto Goyeneche.

Después de sus giras con Gómez, Canet se dio el gusto de acompañar a cantores como Oscar Alonso, Jorge Vidal, Juanita Larrauri, Alberto Marino y Nelly Omar, quien en su momento no vaciló en declarar que nunca en su vida se sintió tan bien acompañada. Sus presentaciones con grandes cantores no le impidieron brindar conciertos de guitarra en Radio Belgrano y en LV3 de Córdoba, y en algún momento se dio el gusto de constituir el “Quinteto Garufa”, una formación musical integrada por bandoneón, guitarra, contrabajo y la voz de Héctor Alvarado.

El “Quinteto Garufa” fundó el “baiango”, un estilo desenfadado y alegre de milonga y otros ritmos con el que se presentaron en la televisión y la radio y amenizaron temporadas bailables en Mar del Plata, donde el público pedía a gritos “Así se baila el tango”, uno de sus éxitos más resonantes que alguna vez llevaron al disco junto con “La última curda”. A mediados de los años sesenta los frecuentadores de los ambientes nocturnos podían disfrutar de su guitarra y su talento en “El rincón de José Canet”, un sótano ubicado en Callao al 451 y que durante más de cuatro años convocó a la flor y nata del tango.

Ya para entonces sus virtudes como guitarrista corrían parejas con su talento como poeta, como autor de tangos, valses y milongas interpretados por los mejores cantores de su tiempo. Una de sus primeras creaciones -en 1935, para ser más preciso- fue el vals “Me besó y se fue”, estrenado por su amigo de toda la vida, Hugo del Carril, luego interpretado por Nelly Omar, Enrique Campos y, mucho tiempo después, por Luis Cardei.

“Me besó y se fue” confirma la hipótesis de que aquellas canciones contaban historias con imágenes muy bien logradas que, sin exageraciones, podrían prestarse para ser el guión de una película cuyo primer actor muy bien podría ser Hugo del Carril. La historia del muchacho de pueblo que se enamora de una mujer misteriosa proveniente de la ciudad, está muy bien contada y es muy representativa de un tiempo en que un forastero -o una forastera en este caso- provocaban ilusiones y alentaban fantasías en personas para quienes la ciudad era una noticia lejana cargada de misterios e incertidumbres. “Ella era una diosa que llegó a mi pueblo, a olvidar su hastío vencida tal vez, se arrulló en mi canto divina, tirana y una gris mañana me besó y se fue”.

“La abandoné y no sabía”, dijimos que es un tango escrito en 1943 que estrenó Roberto Chanel con la orquesta de Osvaldo Pugliese en 1944, luego interpretada por Raúl Berón y, en los tiempos que corren, por Ariel Ardit. “La abandoné y no sabía”, pertenece a un momento en que el protagonista del tango es más introspectivo y, si se quiere más crítico, motivo por el cual la mujer empieza a dejar de ser la responsable de sus desgracias. “La abandoné y no sabía de que la estaba queriendo y ahora que ella se fue siento truncada mi fe que va muriendo, muriendo...”.

“Tarde” es para la mayoría de los críticos su mejor realización, el momento en que el poeta logra su máxima plenitud, cuando el fracaso, el fracaso del amor, no tiene atenuantes y clausura cualquier posibilidad a la esperanza. Los primeros versos son antológicos: “De cada amor que tuve tengo heridas, heridas que no cierran y sangran todavía ¡Error de haber querido ciegamente matando inútilmente la dicha de mis días!”. No hace falta forzar la imaginación para encontrar ciertas constantes entre este tango y “La abandoné y no sabía”, en tanto en ambos casos lo que se reitera es el fracaso del amor, o lo que viene a ser lo mismo, el fracaso del enamorado: “¡Todo te lo di! ¡Todo lo perdí! Siempre puse el alma entera, de cualquier manera, soportando afrentas y al final de cuentas me quedé sin fe”.

“Los cosos de al lao”, pertenece a otro linaje de tango, aunque de todos modos es un poema que sólo en las apariencias es costumbrista o descriptivo, ya que también aquí hay una historia, tal vez algo sentimental o cursi, pero historia al fin. En efecto, después de los sollozos de los violines y las quejas del fueye, después del botón que toca ronda y del galán chamuyando en el zaguán, llega la historia: “De pronto se escucha el rumor de una orquesta, es que están de fiesta los cosos de al lao, ha vuelto la piba que un día se fuera, cuando no tenía quince primaveras, hoy tiene un purrete y lo han bautizao, por eso es que bailan los cosos de al lao!”

La designación de los vecinos como “cosos” en este caso no es agresiva, pero es sintomática, ¿Quiénes son? ¿Desde dónde habla el que así los designa? ¿Qué pasa con la piba que llegó con un hijo? No hay respuestas a estas preguntas, una carencia que contra lo que puede suponerse, enriquece al poema. “Los cosos de al lao”, está escrito y compuesto por José Canet y el violinista Marcos Larrosa, y en su momento fue interpretado por Tito Reyes y Roberto Goyeneche, y en tiempos más recientes por Rubén Juárez y Luis Cardei.

“Y dicen que no te quiero”, es un tango escrito en 1947 y que interpretaron cantores como Floreal Ruiz, Nelly Omar, Alberto Gómez y Raúl Berón. Su primera estrofa es clásica: “La gente es mala y comenta, como no estando a tu lado, yo te puedo querer tanto y a tus encantos vivo amarrado”.

Pertenecen también al talento de Canet tango como “Hoy al recordarla”, interpretado por Carlos Di Sarli con la voz de Jorge Durán. “De seis a siete”, grabado por Tanturi y Campos o “Este corazón”, un clásico de Alberto Gómez: “¡Este corazón me tiene loco! Dan ganas de arrancarlo o qué se yo...”.

José Canet murió el 10 de marzo de 1984.



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