Preludio de tango

Alba Solís

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Manuel Adet

Hace muchos, muchos años, la escuché cantar por primera vez en “La botica del ángel”, ese excelente programa televisivo dirigido por Eduardo Bergara Leumann. Si la memoria no me engaña esa vez cantó “Y te parece todavía”, y lo hizo tan bien que al otro día fui al centro y recorrí las dos o tres disquerías de entonces para seguir escuchándola. Los discos que encontré contaban con la voz de ella acompañada por la orquesta de Osvaldo Tarantino.

De más está decir que todavía los conservo y hasta el día de hoy escucho algunas de sus brillantes interpretaciones, entre las que merecen destacarse, “Uno”, “Garúa”, “La última curda”, “Yira yira”, “Volvió una noche”, “Jamás lo vas a saber”, “Fangal”, “La calesita”, “Remembranza”, “Muriéndome de amor”, y podría seguir mencionando a muchos tangos más, porque en el repertorio de Alba Solís todo es bueno.

Siempre me llamó la atención que una cantante de su calidad no fuera más conocida y reconocida. Más de cincuenta años cantando tangos y aclamada por las plateas más exigentes y si bien los tangueros la recuerdan, convengamos que en la idolatría popular no ocupa el lugar que se merece. Estamos hablando de una mujer que, además de sus condiciones artísticas, poseía encanto, carisma y, en sus mejores momentos, llegó a ser considerada una de las grandes voces del tango y recibió el reconocimiento de cantantes como Roberto Goyeneche y Edmundo Rivero y en los años de oro de “Caño 14” y “Viejo Almacén” fue una de las estrellas principales de la noche porteña.

Entre los iniciados continúa circulando la leyenda en la que ella canta un tango dedicado a Enrique Santos Discépolo en un local nocturno de Buenos Aires. Esto ocurrió en 1951. Alba Solís actuaba entonces en “El Colonial”, un cabaret al que de vez en cuando caía Discépolo para tomarse una copa, saludar amigos y escuchar buenos tangos. Fue allí cuando escuchó por primera vez en público el tango que Homero Manzi le dedicara poco tiempo antes de morirse. Se trataba de “Discepolín”, un poema que fue musicalizado por Aníbal Troilo y que sella para la historia y para el mito la amistad entre estos dos grandes poetas del tango.

Alba admitió muchos años después que estaba secretamente enamorada de Discépolo, que le encantaba su sentido del humor, su ternura, su tristeza infinita. Alba se había enamorado del autor de “Uno”, pero Tania era una barrera muy difícil de sortear, motivo por el cual el amor de ella por él no fue más que una de las tantas anécdotas de amores no correspondidos.

Ángela Herminia Lamberto nació en Floresta, el 18 de octubre de 1927. Su padre fue Orestes Juan Guillermo y su madre Herminia Trapanese. Los dos eran italianos y llegaron a estas tierras como tantos inmigrantes a ganarse la vida. Aquí vivieron juntos, trabajaron duro, tuvieron hijos y Alba -dicho sea de paso- siempre se jactó de su herencia tana.

Con el canto y la música se relacionó desde muy niña. Le faltaban unos meses para cumplir cuatro años cuando debutó en “La pandilla Marilyn”. Después estuvo en “Los matinés de Juan Manuel”, y más adelante acompañó a Mario Amaya, conocido entonces como “Churrinche”. Algunas condiciones para el canto debe de haber tenido para que la cantante lírica María Naftri la aceptase como alumna.

A los dieciocho años debutó en Radio Mitre y su voz se destaca en el concurso organizado por la emisora “Buscando la voz del tango”, motivo por el cual será contratada por cuatro años en una de las radios más famosa de aquellos tiempos. De Mitre pasará luego a Belgrano y más adelante a “LR1 Radio El Mundo y su red azul y blanca de emisoras argentinas”.

A fines de la década del cuarenta ya es una cantante que se ha ganado un lugar respetable en el tango. Con su infalible sentido del humor recuerda que en aquellos años era tan pobre que ni nombre tenía, motivo por el cual se despide del apellido Lamberti y pasa a llamarse Alba Solís, según ella otra contradicción de su vida, porque se trata de un nombre de cantante española, para una mujer que se honra de su condición de tana y de su gusto por el tango.

En el escenario Alba Solís se destaca por su voz grave, una manera singular de pronunciar las palabras y, sobre todo, por esa capacidad para cantar paseándose por el escenario, levantando los brazos, moviendo las manos, gesticulando y, todo ello, hecho con un tono discreto y elegante. Para esos años, el tango ya es su vocación y destino, una vocación que en su momento según sus propias palabras- supo despertar Armando Acquarone, el autor de “San José de Flores”.

La revista y las salas de teatro fueron de aquí en más sus escenarios preferidos. Sin exageraciones podría decirse que recorrió los mejores locales porteños. Alba Solís convocaba entonces al gran público. Uno de sus escenarios emblemáticos fue el Teatro Nacional de la calle Corrientes. En 1957 integró “Tangolandia”; en 1959 estuvo con “Yo te canto Buenos Aires”. Después se luce en “Buenos Aires le canta al mundo” y “Tango argentino”. En 1973, Francini y Pontier reorganizan su orquesta y se van de gira a Japón. La cantante que los acompaña es Alba Solís. Al año siguiente participa en el gran festival de tango de Porto Alegre acompañada por Roberto Goyeneche, Horacio Deval, Jorge Sobral y los fueyes de Baffa, Berlingieri y Osvaldo Piro.

A su protagonismo en teatros y revistas, deben agregarse sus incursiones en el cine. Allá lejos y hace tiempo participó en la película dirigida por Juan Carlos Thorry “Escándalo nocturno”, con José Cibrian y Elina Colomer. “De turno con la muerte”, con Roberto Escalada, “Tres citas con el destino”, “Maleficio” y dos grandes monumentos a la frivolidad, el pasatismo con un interesante guiño al mal gusto: “La cigarra está que arde” y “Carne”, un monumental bodrio con Armando Bo e Isabel Sarli.

Alba Solís es una gran cantante de tango. Lo es por su afinación, por los matices y modulaciones de su voz, por un singular talento interpretativo, pero por sobre todas las cosas, porque supo hacer algo diferente. No imitó ni copió a nadie. Hizo lo suyo con dignidad, respeto y buen gusto. Hay que escucharla para apreciar sus recursos y admitir que, efectivamente, estamos ante una de las grandes mujeres del tango.