Tribuna de opinión
Tribuna de opinión
Repudiables ataques
Dr. Carlos Rodríguez Mansilla
La inadmisible irrupción de activistas en la Catedral Metropolitana, y los ataques sufridos por otros templos, plantean un cuadro de situación alarmante.
¿Coincidencias?
Cuando sucedió la profanación y tentativa de incendio de la Iglesia de San Ignacio, alertamos sobre estos hechos y de alguna manera los comparamos con lo que fue la Noche de los Cristales Rotos. No por los daños cuantitativos, sino por su significación.
Es que cuando el fanatismo proyecta su odio, es siempre igual.
Días atrás, un puñado de “activistas” irrumpió en la Catedral de Buenos Aires, de manera violenta. Pretendió interrumpir una ceremonia religiosa, en la que se rezaba a Dios. Precisamente, en la fecha aniversario de la Noche de los Cristales Rotos.
En el Templo Mayor de la Argentina, católicos y judíos se unían fraternalmente en oración. Daban un ejemplo al país y al mundo. Mostraban que los argentinos tenemos una arraigada tradición judeocristiana, y que ésa es nuestra identidad, nuestro sello. Lo es desde el siglo XVI, cuando comienza la conquista de estas tierras.
Pero la ignorancia, la ignorancia de la verdad, permite la interpretación errónea y una versión distorsionada. Eso es lo que lleva a un puñado de ignorantes a irrumpir con gestos patoteriles en la Casa de Dios.
No son ellos, por cierto, los “guardianes del templo”, ni los “depositarios de la verdad revelada”. No saben, o no quieren saber, que Jesús era judío, que por su madre descendía de la Casa de David. No pueden ignorar que Jesús era un rabino, que enseñaba acerca de la Ley y los Profetas.
Juan Pablo II dijo que los judíos son “nuestros hermanos mayores en la fe”. Hermanos. Hermanos mayores. Porque fueron los primeros en recibir y conservar la fe, a pesar de penurias y persecuciones.
Benedicto XVI, con su enorme capacidad intelectual de teólogo de alto vuelo, supo resumir en una frase sencilla que “ser antisemita es ser anticristiano”. Ambos términos se definen mutuamente. Un antisemita no solamente no es cristiano, sino que es un anticristiano.
El Papa Francisco nos enseña que “para ser un buen católico primero hay que ser un buen judío”. Síntesis lógica, histórica y teológica de una verdad innegable. Jesús era un buen judío.
Los delirios
Se ha calificado a los agresores de la Catedral como “lefebvristas”, “ultracatólicos”, “ultraconservadores” y “católicos de ultraderecha”. Los calificativos no son serios. Se es o no católico, sin necesidad de aditamentos. Porque la Iglesia milenaria tiene consolidada su esencia desde Pedro, por mandato de Jesús. Estos personajes menores con actitudes de “barrabravas” no son católicos.
Al igual que la Iglesia de San Ignacio, también la Catedral de Mar del Plata fue profanada, con características similares. Los “valientes” autores anónimos defecaron y orinaron sobre el altar mayor, usaron los manteles para limpiarse, rompieron el manto de la Virgen y otras “hazañas”.
Posiblemente, también invoquen ideas anarquistas o trotskistas, como los alumnos del Colegio Nacional. Lo cierto es que los delirios, de un lado o de otro, ensombrecen la situación del país.
Por una u otra causa, el blanco de estos ataques es la Iglesia. En la Argentina. En el país del Papa Francisco.
¿Por qué precisamente ahora? ¿Por qué esta furia anticatólica, materializada en ataques a los templos?
Decíamos al escribir sobre el Papa Bergoglio, que no es de derecha ni de izquierda, sino de Cristo. Algo que tal vez enfurezca a grupúsculos obnubilados por la ignorancia, prestos a la violencia irracional. Les molesta que el Papa Francisco repita: “Dios es bueno”, que ame al pecador y rechace el pecado. Les molesta que Dios no sea lo que ellos quisieran, en algunos casos, y en otros que el Papa ponga a Dios en el centro de la vida.
La Noche de los Cristales Rotos no fue una casualidad, sino algo cuidadosamente planificado. Y terminó en el Holocausto, en la persecución y la muerte. Esto no puede, no debe repetirse. Hay que poner fin a estos ataques irracionales, criminales. Y hay que hacerlo ya mismo. Antes que sea tarde.
¿Por qué esta furia anticatólica, materializada en ataques a los templos?