Un problema que se agudiza año tras año
Un problema que se agudiza año tras año
Atasco de camiones en los puertos
Cada día ingresa un promedio de 5 mil vehículos de carga. Las localidades de Timbúes, Puerto San Martín y San Lorenzo enfrentan serios problemas con el tránsito. Los camioneros deben esperar a veces dos o tres días para poder descargar.

Los choferes saben cuándo llegan, pero no cuándo se van. Y en el interín, la seguridad también se complica.
Foto: corresponsalia rosario
Germán de los Santos
Corresponsalía Rosario
Cada cosecha de soja se transforma en un trauma para los vecinos que viven entre Timbúes y San Lorenzo, donde se encuentra gran parte de las terminales portuarias que exportan el 80 por ciento de los granos que se producen en el país. El problema existe desde hace mucho tiempo y no hay soluciones en el mediano plazo.
El plan Circunvalar aportaría una solución, pero nunca dejó de ser un proyecto para el gobierno nacional. Esta idea elaborada por la Bolsa de Comercio de Rosario y el sector agroexportador se diseñó sobre la base de un trazado concéntrico uno vial, otro ferroviario de 87,5 kilómetros para unir las 22 terminales portuarias de la zona. Implicaba también un proyecto urbanístico que liberaría 700 hectáreas de las localidades del polo sojero, por donde hoy circulan trenes de carga. Desde 2003, el proyecto duerme una siesta interminable. En ese año, se consiguió media sanción del Senado, pero no pudo pasar en Diputados y quedó bajo análisis en el área que maneja Julio de Vido.
Recurrente
Los problemas son recurrentes en la zona cada vez que arranca la cosecha de soja y los productores y acopiadores empiezan a enviar los granos a los puertos. Ayer, ingresaron a las terminales ubicadas entre Timbúes y San Lorenzo 5.066 unidades. El año pasado la cifra fue similar: 5.940 vehículos de carga.
El tránsito hacia los puertos recién comienza. La Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario en su último informe destacó que “la cosecha volvió con fuerza a los lotes sojeros y se lleva cosechado el 53 por ciento en la región núcleo”.
Desde hace más de 15 días el tránsito comenzó a saturarse de forma permanente. Los puntos más problemáticos son San Lorenzo, La Ribera y Timbúes, donde congestión de camiones aumenta fuertemente durante la noche cuando los transportistas empiezan a hacer cola para poder descargar. “Hay veces que estamos dos o tres días parados esperando”, señala a El Litoral Andrés Masueri, camionero de Casilda.
“Somos rehenes de la soja, cuando llega la ‘camionada’ el pueblo queda cautivo, no pasan colectivos ni se puede cruzar la ruta, y hasta hay que armar operativos para que los chicos puedan ir a la escuela. Es una locura que se repite cada año en abril y mayo”, explicó Eduardo Etchegoyenberry, jefe de inspectores municipales de la localidad de Timbués.
Ese pueblo de 7 mil habitantes ubicado a la vera del río concentra algunos de los mayores puertos agroexportadores de Argentina, como Noble, Terminal 6, Dreyfus y Renova.
Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, cerca de 1,5 millón de camiones ingresa cada año a las terminales portuarias del Paraná, la tercera parte de ellos (unos 534 mil) entre marzo y mayo. “Del total de camiones, el 70% va a la zona entre San Lorenzo y Timbués, unos 178 mil camiones por mes, o 6 mil por día”, dijo la entidad.
Parados en la ruta
Con rutas destruidas por la falta de inversión pública y privada y accesos a los puertos sin pavimento ni luces, la mayoría de las veces los camiones deben esperar estacionados en la ruta la autorización para entrar a descargar.
“Yo tuve que abandonar mis estudios de enfermería porque no pude asistir a clases en Rosario ya que durante semanas enteras, no pasa el servicio de transporte”, contó Silvina Ocampo, vecina de esa localidad.
A causa de la escasa infraestructura, el mal estado de las rutas y la ausencia de controles estatales, las localidades donde se ubican los grandes puertos quedan invadidas de camiones en el pico de la cosecha, que va desde abril hasta junio.
Los intendentes y presidentes comunales responsabilizan al Estado en todos sus niveles por “no haber realizado obras de infraestructura en los últimos 20 años”; y a las mismas terminales portuarias por “no ayudar a reconstruir los caminos que ellos mismos arruinan”.
Según relató Liliana Moreno, trabajadora de la municipalidad de Timbués, la cola de vehículos estacionados sobre la ruta que esperan su turno para descargar la soja en los puertos llega a veces hasta los 50 kilómetros de longitud.
“Cuando llueve, algo normal en estos meses, atravesar la ruta se hace directamente imposible, además de muy peligroso”, agregó.
“No podemos cruzar las calles, ni circular en nuestros autos, y hasta los nenes no pueden ir a la escuela porque el pueblo se vuelve tierra de nadie, todo repleto de camiones”, dijo.
En peligro
Según indicaron, el choque se produjo sobre el carril derecho por el cual suele circular el tránsito pesado que se dirige hacia las principales terminales portuarias del cordón agroexportador de la región. El conductor del camión fue demorado por efectivos policiales de la Unidad Regional VXII de policía, con asiento en San Lorenzo. A raíz del siniestro, se produjo una gran congestión vehicular debido a que la calzada quedó parcialmente reducida.
Bajo un manto de polvo
Para los camioneros la situación no es sencilla, ya que muchas veces están obligados a esperar largas horas (incluso más de un día) estacionados en la ruta hasta poder ingresar a las plantas sojeras.
“Llevo toda la mañana esperando que me autoricen el ingreso”, relató Norberto Mecía, de 62 años, camionero oriundo de Córdoba con una carga de poroto de soja de esa provincia, mientras apura un mate al borde del camino.
Las condiciones laborales para los camioneros se vuelven especialmente duras esos días, ya que no existen dispositivos preparados para ayudarlos a soportar las largas esperas sin baños ni lugares para comer.
Otro problema grave que enfrentan las poblaciones que albergan a los puertos tiene que ver con el deterioro del medio ambiente. Olores nauseabundos durante meses, polvillo de cereal flotando en el aire y humo de los camiones son la regla durante el otoño.
“Cuando pasa la camionada todo el pueblo queda bajo un manto de polvo, se hace difícil respirar, es como si hubiera neblina”, relató Matilde Bóveda, vecina de Timbués.