Ojo x ojo

“Kinsey y yo” incluye dos prólogos que son una suerte de breves ensayos sobre la situación de la narrativa policial tras el auge literario y popular que el género tuvo a mediados del siglo pasado. Transcribimos a continuación un fragmento del texto titulado “Ojo por ojo: justicia, moralidad, la naturaleza del detective privado duro y cínico y todos esos temas existenciales”.

 

Ojo x ojo
“El imperio de la luz”, de René Magritte.
 

Por Sue Grafton

Los tiempos han cambiado. En los años transcurridos desde el apogeo de Mike Hammer, la rabia se ha desatado en las calles. Vivimos en una época más oscura en la que muchas pesadillas se han hecho realidad. La violencia es fortuita, carente de sentido y omnipresente. Matan a tiros a conductores para robarles los vehículos que conducen, asesinan a adolescentes para quitarles la chaqueta y las zapatillas de deporte. Los homicidios han estallado a nuestro alrededor provocando una matanza indiscriminada de inocentes. Incluso el Estados Unidos más provinciano se ha visto salpicado por este pincel sangriento. Las pistolas ya no simbolizan la ley y el orden como antaño, sino que son las principales causantes del caos. Las balas causan estragos a diario, dejando una carnicería a su paso. Estamos a merced de los criminales. Si bien la astucia de los homicidios literarios continúa fascinándonos, los crímenes reales se han visto reducidos a matanzas sin sentido. El asesinato es la bestia que aúlla en el sótano mientras merodea sin control en los confines más recónditos de nuestras almas.

En este ambiente de anarquía, nos vemos obligados a revitalizar y reinventar una mitología de la que podamos extraer el consuelo que antes nos proporcionaba la ley. Las aventuras literarias del detective privado duro y cínico continúan siendo escapistas y tranquilizadoras, pero están narradas desde un enfoque distinto. En la novela negra actual, el detective privado representa la claridad y el vigor, la inmediatez de una justicia que ya no se aprecia en los tribunales, así como un antídoto a nuestra confusión y a nuestros miedos.

En un país en el que la violencia está fuera de control, el detective privado es un ejemplo de contención, orden y esperanza. Su conducta constituye la afirmación tácita de que el individuo todavía es capaz de mejorar su entorno. En las novelas policíacas, la inventiva, la persistencia y la determinación prevalecen. El investigador privado que antes era la proyección de nuestros vicios se ha convertido en el espejo de nuestras virtudes. El detective privado duro y cínico ha acabado representando y reforzando, más que nuestra moderación, nuestros excesos. En la novela negra actual hay menos alcohol, menos tabaco, menos armas y más énfasis en la forma física, el humor, la sutileza, la madurez y la contención emocional. No sorprende que las escritoras que han salido al terreno de juego estén dotando al género de una profunda conciencia social. Asimismo, están incorporándose a la competición innumerables escritores de novela negra que representan a gays, afroamericanos, norteamericanos nativos, asiáticos y toda una serie de voces poco habituales que ahora claman por ser oídas.

La novela negra continúa ofreciéndonos la clásica pugna entre el bien y el mal librada en el contexto de nuestras interacciones sociales, pero ahora nuestro héroe puede ser también una heroína, mientras que sus talentosos creadores pertenecen a los dos sexos.

La mujer ha pasado de asumir el papel de femme fatale a desempeñar el de protagonista, y ya no se ve relegada a interpretar el papel de vampiresa, traidora o secretaria leal. El enemigo sigue siendo igual de temible, pero el protagonista se ha convertido en un ser andrógino y multirracial, y ha adoptado valores complejos basados en el equilibrio y la compasión. Con esto no quiero decir que el héroe (o la heroína) de la novela negra actual tenga más cualidades, sino que es más diverso, más proteico y mejor árbitro de nuestros deseos más contradictorios. Así, la novela negra se ha situado una vez más a la vanguardia de la literatura y está obteniendo un renovado reconocimiento. Ahora, al igual que sucediera en otras épocas, no sólo hemos comunicado a nuestros lectores que el género está más vivo que nunca, sino que nosotros, sus creadores, continuamos adaptándonos y reaccionando y, con perspicacia e ingenio, seguimos avanzando.

(De “Kinsey y yo”, op. cit.).