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El futuro de un hombre de política

Pepe Mujica, de popular presidente de Uruguay a padrino de jóvenes campesinos

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“No pudo tener hijos, pero en la zona donde vive hay muchos niños y jóvenes a los que cree que podría ayudar a formarse en los oficios básicos de la granja”, asegura el entorno de Mujica. Foto: Agencia EFE

 

Rodrigo García

Redacción EL Litoral

Agencia EFE

Cuando en marzo de 2015 deje de ser el humilde, popular, campechano y controvertido presidente de Uruguay, José Mujica, estará a punto, no solo de estrenarse como octogenario, sino de cumplir uno de sus viejos anhelos: montar junto a su casa una escuela de oficios agrícolas para jóvenes con pocos recursos.

Mientras el resto del mundo se pregunta “¿por qué se va Mujica?”, todos los uruguayos conocen al “detalle” la mención que su Constitución hace con respecto al futuro de los presidentes de la República, a quienes, tras un mandato de cinco años, prohíbe presentarse a la reelección hasta, por lo menos, otro lustro.

El próximo 30 de noviembre los uruguayos decidirán, en una segunda vuelta electoral entre el expresidente Tabaré Vázquez y Luis Lacalle Pou, candidatos presidenciales del Frente Amplio (FA) y del Partido Nacional respectivamente, quien será el nuevo jefe de Estado a partir de marzo.

Para entonces, el veterano político, “un campesino con sentido común”, como le gusta definirse, tendrá ya la agenda repleta de planes, centrados, no solo en ocupar la banca en el Senado a la que decidió postularse para ejercer como mediador y “hombre de diálogo”, sino sobre todo en sacar adelante uno de los proyectos más importantes de su vida.

“No pudo tener hijos, pero en la zona donde vive hay muchos niños y jóvenes a los que cree que podría ayudar a formarse en los oficios básicos de la granja”, aseguraron fuentes del entorno del mandatario, agricultor y florista en su juventud y presidente en su madurez, a la que llegó en 2010 renunciando al 87 % de su sueldo.

Y es que las etiquetas de “humilde” y “pobre” le han acompañado a lo largo de sus años como gobernante, en los que rehuyó residir en el palacete presidencial -que dejó como refugio para indigentes- para hacerlo en su chacra (granja) de Montevideo junto a su esposa, la senadora Lucía Topolansky y su casi “veinteañera” perra Manuela.

Con los terrenos y la maquinaria ya preparados, es allí donde “el Pepe” ha comenzado a rehabilitar una gran nave para abrir su escuela de oficios agrarios, que gestionará a través de una fundación y para lo que lleva tiempo ahorrando unos 50.000 pesos (2.040 dólares) al mes.

“Yo tuve una vida muy azarosa y no pude tener hijos”, ha declarado el mandatario en varias ocasiones, que con la puesta en marcha de esta escuela tratará de “apadrinar” a diferentes jóvenes de la zona con escasos recursos para impartirles una correcta capacitación, algo clave para Mujica en su lucha contra la pobreza.

Sin embargo, al menos oficialmente, el líder político no ejercerá de profesor, ya que la formación correrá a cargo de la Universidad del Trabajo de Uruguay (UTU), que contará siempre con el dirigente “empujando para que todo salga adelante”, según sus allegados.

Vivir y morir pensand en política

Mujica comenzó desde muy pequeño a trabajar en el campo y pronto se incorporó a la lucha guerrillera del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLNT), por lo que fue perseguido, encarcelado y sometido a durísimas torturas durante los años de dictadura militar en el país, entre 1973 y 1985.

“Fue uno de los compañeros que salieron más deteriorados, y su terapia pasó por la política y por su relación con la tierra, que casi es ancestral”, explicó un viejo conocido de Mujica, el tupamaro José López Mercao, más conocido como “El Negro”.

Ambos se conocieron en un hospital hace más de 40 años, donde se curaban de seis heridas de bala cada uno.

Al salir de la cárcel, “el Pepe” creó el Movimiento de Participación Popular (MPP) dentro del FA y posteriormente ocupó puestos de diputado y senador, hasta que el primer presidente de izquierdas en la historia de Uruguay, Tabaré Vázquez, le nombró, en 2005, ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca.

“Es sumamente republicano y defiende la alternancia en el poder, pero es un hombre que va a morir pensando en política”, opinó López Mercao, convencido de que “este bicho de la política” optará desde ahora, dentro y fuera del Senado, por continuar desarrollando el “rol de conductor ideológico que le han impuesto los hechos y la historia”.

Su pintoresca personalidad, unida a su mensaje contra el consumismo y tres leyes aprobadas durante su gestión: la despenalización del aborto, el matrimonio homosexual y la legalización del cultivo y distribución de la marihuana han hecho de él hasta hoy una figura pública conocida en los cinco continentes.

Una imagen que llegó a su punto álgido cuando en 2013 la ONG holandesa Drugs Peace Institute inició una campaña para reivindicarle como Nobel de la Paz.

“No aceptaría el Nobel en este mundo loco”, llegó a decir el dirigente, nacido en Montevideo en 1935 pero con raíces paternas españolas, del País Vasco, y maternas italianas, de La Liguria, lugares a los que en su futura nueva vida, lejos de la presidencia, espera escaparse unos días.

Eso sí, serían unas cortas vacaciones, porque como aseguran los que más le conocen, “es una persona que ha tenido actividad política y social desde los 15 años”, por lo que, si nada lo impide, continuará por el mismo camino.



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