Argentino de Artes Escénicas

El cambio necesario

Durante ocho días, los santafesinos pudieron apreciar ricas estéticas de teatro y danza en diversos espacios de la ciudad.

El cambio  necesario

El mejor espectáculo del Argentino fue “Terrenal”, de Mauricio Kartun.

Foto: Pablo Aguirre

 

Roberto Schneider

El golpe de timón se hizo necesario. Este año, danza y teatro se fusionaron para dar forma al Argentino de Artes Escénicas. Durante ocho días -desde el 1º hasta el 8 de este mes-, elencos de todo el país se dieron cita en nuestra ciudad para participar del encuentro organizado por la Universidad Nacional del Litoral, con el auspicio del Instituto Nacional del Teatro, el gobierno de la Provincia de Santa Fe, la Municipalidad local y el Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la Argentina.

Grupos de Rosario, Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Chascomús y Tucumán fueron parte de una rica programación que, por primera vez, reunió a los Argentinos de Teatro y Danza con el objetivo de brindar un completo panorama de las artes escénicas del país.

El Argentino tuvo de tal modo una característica distintiva: la diversidad en las propuestas que llegaron desde diversos puntos. Espectáculos atravesados por la poesía o la ternura que no son iguales a lo visto en los últimos años con nuevas modas de dramaturgias alejadas del espectador. Se apeló más al público -aunque no tuvo el apoyo de ediciones anteriores- como receptor, a los espectadores que quieren ensoñarse con algunas poéticas despegadas de signos confusos o herméticos. Así, esta suerte de festival ha sido precisamente eso: más festivo.

Se armonizó más lo social y lo político, enganchados con estéticas más pulidas y definidas que en otros momentos, eludiendo lo panfletario. Este es otro momento histórico y los cruces de lenguajes y de distintas formaciones ofrecieron la posibilidad de apreciar espectáculos de nivel.

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“Duramadre”, un espectáculo de plasticidad suprema.

Foto: Pablo Aguirre

Cruces inteligentes

Marilyn García, directora del Foro Cultural de la UNL, y Analía Batistela, coordinadora de Gestión Cultural de la UNL reflexionan con certera intelegencia en la cuidada publicación “Apuntes de las Artes Escénicas 2014” coordinada por Mili López que desde hace varias décadas, las sucesivas gestiones de Cultura y Extensión de la UNL mantuvieron un rol activo en la generación de nuevas políticas culturales que posicionaron a la Universidad como un foro para poner en juego nuevas ideas y miradas, promover el pensamiento crítico y la producción artística y canalizar las nuevas necesidades del campo cultural y los públicos. En este sentido, se crearon las Comedias Universitarias y las Compañías de Danza, entendidas como un espacio artístico que promueve la diversidad estética y la multiplicidad de propuestas a partir de la rotación de sus directores, elencos y equipos de trabajo. Cada director invitado selecciona en cada edición la obra y el elenco, lo que permite desarrollar una experiencia diferente de aprendizaje y de creación, a partir de propuestas que se van recreando.

Por su parte, los Argentinos de Teatro y de Danza lograron instalarse -puntualizan García y Batistela- en la escena nacional como un espacio de representación del quehacer artístico de nuestro país vinculado a lo escénico. Durante más de una década se reunieron en nuestra ciudad las producciones más representativas de las provincias para dar cuenta de las diferentes y valiosas características que distinguen el teatro de cada región.

Después de una década de la creación de estos espacios, el campo de lo escénico nos presenta una nueva mirada. Las estrategias y los signos se han amalgamado para construir otro discurso escénico. Hoy los montajes son justamente eso, montajes, uniones. Los límites que separan los diferentes lenguajes artísticos son muy difíciles de distinguir en una trama escénica. Estas separaciones, estas distinciones entre las artes “puras”, se han superado para dar lugar al diálogo y las múltiples alianzas, a diferentes identidades que se referencian entre sí, a lenguajes que se cruzan. En esas resignificaciones se produce un nuevo orden, una nueva visibilidad y una nueva sensibilidad, que ya no separa las expresiones sino que las cruza para potenciar los resultados. Otros signos requieren otros códigos de lectura.

Y también otro Argentino. Nuevas estrategias -finalizan García y Batistela- en el campo requieren nuevas políticas que las contemplen. Este nuevo encuentro borra la preponderancia de la disciplina e intenta ampliar la mirada para poder reunir en su programación las múltiples formas de sensibilización sobre los temas, las problemáticas, los sentimientos, los intereses y las reflexiones que nos identifican y nos interpelan como ciudadanos.

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“Entonces bailemos” y su corrosiva forma de plantear la soledad del ser humano contemporáneo.

Foto: Mauricio Garín

Lo mejor de lo mejor

Sin duda alguna, lo mejor de este Argentino estuvo dado por “Terrenal”, de Mauricio Kartun, contando la historia de Caín, Abel, y su versión conurbana del mito. Caín productor morronero. Abel vagabundo, vendedor de carnada viva en una banquina del asfalto que va al Tigris. Se adelantaba como “hermanos a los bifes compartiendo ese terreno, su edén berreta, partido al medio, al que nunca podrán volver morada común. La dialéctica imperecedera entre el sedentario y el nómade. Y Tatita, siempre ausente, que regresa al fin ese domingo melancólico”. En la puesta en escena dirigida por el mismo Kartun quedó expuesto un estilo literario de alto nivel poético. Ese no es un texto fácil, sobre todo por la carga de alto contenido lírico y una aparente brutalidad que tienen sus contenidos, por momentos maravillosos, siempre expresados con un exquisito lenguaje.

“Terrenal” traza la gestación de una idea: la de no mentir al espectador. El teatro, como eje ideológico de la pieza, se autodetermina a lo largo de la obra. Los personajes existen para hacer teatro. Kartun destruye la distancia estética alterando la vida en el escenario y volviéndola más representativa de la del espectador. La trama ahonda directamente en el bíblico tema de la hermandad. Pero también se puede ver a Vladimir y Estragón, los emblemáticos personajes beckettianos de “Esperando a Godot” que aguardan a Dios. Aquí esperan a Tatita, también a su modo un dios.

La división de la realidad en fuertes planos se muestra como tema vigente, demoledor.

“Terrenal” parece decirnos cómo la realidad fluye en la ilusión y también que la vida no es más que una improvisación; que la ilusión constituye la única realidad manejable por el ser humano. La ilusión nos permite soportar el dolor y la desesperación que forman nuestra realidad. El manto del arte, como demuestra esta obra, protege contra la absurdidad de la vida real. El espectador de vista corta puede calificar de locos a estos personajes. En esto yace el juego que tanto apasiona a Kartun. Sus personajes son personas que han escogido con mucha lucidez esta forma de mediar en el temido infierno de sus contingencias. La obra es un lacerante ejemplo de individuos que asumen papeles fantásticos para contener su tragedia interior.

Sinceramente brillantes y demoledoras, contundentes y sobrecogedoras las actuaciones de Claudio Martínez Bel, Claudio Rissi y Claudio Da Passano, excelentemente iluminados por Leandra Rodríguez en el adecuado marco escenográfico y el vestuario de Gabriela Fernández. Todos, para el mejor espectáculo del Argentino.

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La excelente versión de “Tres hermanas”, de Anton Chejov, llegó desde Córdoba. Foto: Gentileza producción

Chejov sublime

Una de las propuestas más espectaculares del Festival fue la de la Compañía Rey Marciali Producciones, de Córdoba, dirigida por David Picotto, a partir de una soberbia versión de “Las tres hermanas”, de Anton Chejov, que encuentra a sus personajes en un mundo atravesado por el cine. Como ya manifestamos en ocasión del Festival del Mercosur, el director combinó teatro y cine y logró dibujar un fino límite entre ambos géneros por el que hizo transitar a sus intérpretes en forma delicada. Así el pasaje entre uno y otro se dio con naturalidad, sin ruidosos quiebres.

La memoria, el recuerdo y las evocaciones son los puntos en común de estas tres mujeres. Siempre están recordando y añorando viajar a Moscú. En esos trozos de pasado, casi con exclusividad, aparecen retazos de vidas marcadas por el aburrimiento. Fue delicioso ver a estas señoras inmersas en tres momentos maravillosos de la historia del cine, a partir de un juego en el que sobresalió un mecanismo de relojería preciso. Estefanía Moyano, Analía Juan, Julieta Daga, Diego Haas, Nelson Balmaceda y Luciana Sgró Ruata otorgaron a sus personajes la necesaria cuota de desparpajo y entrega.

El trabajo de disposición escénica, el exquisito vestuario, la musicalización y la iluminación apoyaron de manera fundamental la idea de puesta de Picotto, ya que conformaron un conjunto sólidamente compacto de sensaciones fuertes, marcadas por las sonrisas. La totalidad, excelente, de gran producción, permitió recuperar la mirada del espectador, que no es sólo una mirada expectante, sino una mirada que transita y elige planos, lugares y espacios desde donde abordar el relato de lo que está pasando. Chapeau al talento.

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El Grupo Seda de Rosario fascinó al público que desbordó esa noche la Sala Marechal con “Niebla (hasta que dejemos de soñarnos)”, soberbia propuesta estética.

Foto: Pablo Aguirre

análisis

por Roberto Schneider

Afinar la puntería

  • El Argentino nació en nuestra ciudad hace diez años. Era una novedad y, en cierto modo, una utopía, aunque los festivales suelen serlo cuando nacen. Es auspicioso que la conquista de su público se haya producido en un espacio que privilegió siempre el descubrimiento, el riesgo y la libertad creativa. Pero las utopías tienen como condición su eterna renovación. Por eso, es lógico que esta edición sea más ambiciosa que las anteriores al decidir la expansión de sus fronteras y sumar al teatro la danza. Si algo caracterizó en toda su trayectoria fue una programación que si bien no pudo describirse como una muestra cabal de todo el teatro argentino, agrupó propuestas cuya característica común fue la calidad, algo confirmado en cada caso por el apoyo del público en sus correspondientes temporadas, a lo que se sumó la opinión de la crítica.

Tomando como premisa el éxito de un modo de elegir los espectáculos que prioriza la calidad por encima de cualquier otro condicionante estético, es aconsejable entonces afinar más la puntería en la programación y evitar algún lunar negro, como fue este año -por tomar sólo un caso emblemático- la presentación del elenco tucumano con “Amor de músico”, una propuesta que no se explica ante la ausencia de una poética sostenida.

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Mujeres talentosas

En la Sala Maggi del Foro Cultural se pudo apreciar la admirable “Ya estoy solo”, de Romina Mazzadi Arro ofrecida por el Grupo Hijos de Roche de Rosario, con una magnífica dirección de Paula García Jurado y la soberbia actuación de una actriz brillante: Elisabet Cunsolo, capaz de estremecer a una roca. Una lección de alta teatralidad en un espacio sombrío, con un fuerte tono de angustia sólo comparable a un lacerante dolor existencial.

Historias urbanas

Merece destacarse otro punto alto: la dolorosa “Entonces bailemos”, una propuesta para recordar, con cuatro narradores y un insólito cantante de música country que construyen una trama de historias urbanas para disfrutar en todo momento. Ellos y ellas expusieron sus hilarantes historias con intenso ritmo que no decae en ningún momento. El amor, su ausencia, el dolor el sexo y la soledad son las notas distintivas del magnífico y embriagante texto de Martín Flores Cárdenas, también brillante director de la propuesta, enriquecida por demoledoras interpretaciones de Florencia Bergallo, Laura López Moyano, Marcelo Mininno, Javier Pedersoli y Julián Rodríguez Rona.

Brilló con indiscutible solidez “Duramadre”, un espectáculo de plasticidad suprema en el que los cuerpos protagonistas de una idea por cierto desgarradora, conmovedora y una música estupenda a cargo de Nicolás Varchausky. Los bailarines -Amparo González Sola, Andrés Molina, Daniel Leguizamón, Jonathan Da Rosa, Lucas Araujo y Pablo Kun Castro dieron cuenta de una precisa coreografía y se entregaron a su propia poética, sin fisuras. Contundente trabajo de Juan Onofri Barbato dirigiendo al Grupo KM 29.

Una joya

Entrar en un lugar desconocido (tal vez la memoria), atravesar lo inesperado (los sueños) y darse cuenta de que estamos solos, o tal vez muertos. Con esta aseveración, el Grupo Seda de Rosario ofreció una maravilla escénica. Años atrás el mismo elenco deslumbró a los santafesinos con “Después de mí”. Ahora, la directora Andrea Ramos brinda en “Niebla (hasta que dejemos de soñarnos)” una soberbia propuesta estética con un magnífico vestuario de Cristian Ayala y la sugestiva y precisa iluminación de Marcelo Díaz. Las brillantes Eugenia San Pedro, Elisa Pereyra y Antonela Pereyra eran tres jovencitas salidas de un cuadro de Velázquez a disfrutar (o no tanto, en verdad) de la vida. Texturas y ensueños en una propuesta escénica sinceramente memorable.

La alegría

La gran fiesta de la vida se celebró cuando se instaló sobre el escenario de la Sala Mayor del Municipal la entrañable calidad de toda la propuesta de “Villa Argüello”, con bailarines para el recuerdo dirigidos por Celia Argüello Rena. Un elenco sin fisuras puesto al servicio de una idea conmovedora, plena de gozo y vitalidad.

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Todo el talento de “Ya estoy solo”, con la brillante actuación de Elisabet Cunsolo. Foto: Mauricio Garín