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Preludio de tango

Fulvio Salamanca

Fulvio Salamanca
 

Manuel Adet

Para muchos es el gran pianista del tango. La afirmación puede discutirse pero lo que está fuera de debate es su calidad musical. A uno le puede gustar más Horacio Salgán o Carlos Di Sarli o el propio Osvaldo Pugliese, pero lo cierto es que Fulvio Salamanca está calificado entre los mejores. Los que detestan a D'Arienzo, atenúan un tanto sus críticas cuando se les recuerda que durante diecisiete años Salamanca fue el pianista consagrado por el Rey del Compás. Populista, comercial, demagogo, D'Arienzo poseía una virtud que ni sus enemigos más enconados le desconocen: sabía mucho de tango, sabía mucho de música y sabía rodearse de excelentes músicos. Fulvio Salamanca fue uno de ellos.

Según Horacio Ferrer, “las interpretaciones de Salamanca se han caracterizado por una peculiar marcación rítmica sincopada y por el empleo agudo y sobreagudo de las cuerdas”. No necesitó formar orquesta propia para destacarse. Era bueno incluso a pesar de D'Arienzo. Esta cualidad puede apreciarse en los temas instrumentales. Al respecto, conviene tener presente que Salamanca grabó con esa orquesta alrededor de 380 temas y, según dicen los que saben, en todos se nota su presencia.

Julio Werfiel Salamanca nació en la localidad santafesina de Juan B. Molina, el 19 de agosto de 1921. Santafesino de cuna, a los cinco o seis años estaba viviendo con sus padres en la localidad cordobesa de Las Varillas. Con el piano se relacionó desde muy pibe, al punto que a los doce años, y para orgullo de sus mayores, el muchachito ya era todo un profesional en lo suyo.

Los biógrafos señalan que ya en su adolescencia anduvo entreverado en diferentes experiencias musicales lugareñas. Pequeñas giras por la región, presentaciones en clubes locales o animando cumpleaños y casamientos. Como se dice en estos casos: se la rebuscaban. Con el tango ya mantenía excelentes relaciones, motivo por el cual cuando se enteró de que D'Arienzo estaba en San Francisco viajó con sus amigos a esta ciudad para disfrutar del talento del maestro.

Después hubo un segundo encuentro, al año siguiente para ser más preciso. Y fue en Las Varillas. Seguramente D'Arienzo lo debe de haber escuchado tocar el piano o algún comedido le fue con el cuento, porque en algún momento le sugirió que viajara a Buenos Aires para someterse a un examen. Por supuesto, el muchacho sacó plata de donde no tenía para ir a la gran ciudad. Tenía entonces veinte años, y ganas, muchas ganas de hacer buena música y ser reconocido por los mejores.

Como era de esperar, al examen lo aprobó de punta a punta y en 1940 se inicia como pianista en una de las orquestas más taquilleras de la Argentina y lo hace ocupando el lugar donde se había lucido Rodolfo Biaggi. La orquesta a la que ingresa Salamanca será considerada el paradigma de la experiencia musical iniciada por D'Arienzo diez o doce años antes. En los bandoneones, están presentes Héctor Varela, Jorge Ceriotti y Alberto San Miguel; en los violines, el gran Cayetano Puglisi, Jaime Ferrer y Blas Pensato; en el contrabajo, Olindo Sinibaldi y en el piano, Fulvio Salamanca por supuesto. Los primeros cantores de esta orquesta serán Alberto Reynal y Carlos Casares; luego se incorporará Héctor Mauré.

Decía que Salamanca estuvo diecisiete años con esta orquesta y que grabó alrededor de 380 temas. Sus seguidores incondicionales insisten en que si bien el director de la orquesta era D'Arienzo, su conductor musical efectivo, el que le ponía ritmo y controlaba la situación, era Salamanca desde el piano. Otros admiradores sostienen que la prueba de que la calidad de Salamanca era excepcional la da el hecho notable de que haya podido sobrevivir con dignidad en esa orquesta más interesada en halagar al público bailarín que en practicar buena música.

En 1957 se aleja en buenos términos de la orquesta de D'Arienzo y forma la suya acompañado del bandoneonista Eduardo Corti. En la ocasión lo acompañan algunos ases del tango. Pienso en primer lugar en el violinista Elvino Vardaro acompañado de Aquiles Aguilar, Lázaro Becker, Jorge González y Edmundo Baya. También era notable la línea de bandoneonistas: el mencionado Eduardo Corti, Luis Magliolo, Adolfo Gómez y Julio Esbrez. Los primeros cantores de la flamante formación fueron Jorge Gané y Andrés Peyró. Poco tiempo después se sumará el cantor emblemático de esta orquesta: Armando Guerrico, quien se destacara interpretando algunos tangos memorables; “Adiós corazón”, “Mano cruel”, “Hasta siempre amor”, “Recuerdo”, “Flor del Valle”.

Para principios de los sesenta, Salamanca es un artista respetado por sus condiciones de pianista, compositor y director. Con Pugliese comparten el gusto por el piano y la afiliación al Partido Comunista. Salamanca lo será sin estridencias y sin vacilaciones o agachadas. Su identidad política la pagará con marginación y algunos cuantos calabozos. Armando Laborde, cantor de D'Arienzo, recuerda que el día que debía ser examinado por el maestro, éste no fue porque estaba haciendo gestiones en una comisaría para que liberen a su pianista.

Su condición de comunista le ocasionará unos cuantos dolores de cabeza. El más notorio fue una provocación montada por los servicios de una de las tantas dictaduras militares que asolaron a este país. El operativo en este caso consistió en acusarlo de extorsionar a Palito Ortega con el secuestro de uno de sus hijos. El intérprete de “La felicidad” o “Yo tengo fe” admitió que sus hijos estaban amenazados y que cuando fue a pagar el rescate exigido encontró en el lugar a Salamanca. La provocación fue tan burda o el prestigio de Salamanca como hombre decente y honorable estaba tan consolidado, que nadie se tragó el cuento. El tema se aclaró solo, pero luego nadie le pidió disculpas. Ni siquiera Palito Ortega que en esos días optó por meter violín en bolsa e iniciar una gira por Europa.

Para esa misma época, Salamanca organiza un trío con Julio Esbrez en el fueye y Alberto Celenza con el bajo. En 1975 viaja a Japón donde se quedará alrededor de tres meses y grabará alrededor de veinticuatro temas. Para mediados de la década del ochenta forma un sexteto que contará con la participación ocasional de Carlos Nieres. Graba su último disco.

Salamanca se destacó como pianista, compositor y por el singular talento de rodearse de grandes músicos. A su lado estuvieron en diferentes momentos Osvaldo Piro, Leo Lipesker, José Carli, Osvaldo Rizzo, Mario Montoleone y Rafael del Bagno, entre otros. Guerrico fue su gran cantor, pero también subieron al escenario personajes como Mario Luna, Luis Correa, Alberto Hidalgo o Carlos Nogués.

Como compositor -a veces solo, a veces acompañado- dejó temas como “Matraca”, “Viento sur”, “Muñeco saltarín”, “Amarga sospecha”. Algunos fueron exclusivamente instrumentales, a otros se le sumó el talento poético de Carlos Bhar, por ejemplo. Curiosamente, el tema que más se divulgó, el que conquistó más adhesiones populares, fue al mismo tiempo el de calidad más deficiente: me refiero al insufrible “Sepeñoporipitapa”, pero ya se sabe que en esta vida nadie es perfecto las veinticuatro horas del día.

¿Temas para escuchar de Salamanca? Anoten: “Chiqué”, “El irresistible”, “Matraca”, “Pensalo bien”, “Todo es amor”. Si la lista resulta incompleta no desesperarse. El hombre grabó en diferentes sellos alrededor de ciento sesenta y cinco temas. Resulta innecesario decir que la inmensa mayoría es excelente. Fulvio Salamanca murió el 25 de mayo de 1999.



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