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MARÍA ELIZABETH STURE

“El maestro debe transmitir pasión”

Dirige el Seminario Provincial de Ballet, de donde surgieron bailarines que hoy se dedican profesionalmente a la disciplina. Asegura que la pasión y el trabajo son clave. Y que en el país hay oportunidades de desarrollo.

“El maestro debe transmitir pasión”

Para Betty, un bailarín tiene que amar lo que hace, “con su todo su corazón, su alma y su ser”. En la imagen, con las alumnas que participaron de la gala despedida de Eleonora Cassano. Foto: archivo el litoral

 

Juan Ignacio Novak

jnovak@ellitoral.com

María Elizabeth Sture (a quien todos conocen como “Betty”) es la directora del Seminario Provincial de Ballet, una referencia para la danza en Santa Fe y una amplia zona de influencia. Numerosos bailarines que se formaron allí hoy integran prestigiosos ballets argentinos y europeos o lograron becas para continuar su formación en distintas latitudes del mundo. El caso más reciente -de una larga cadena que se forjó por años- fue el de las jóvenes Camila Bocca y Joaquina Butto, dos santafesinas que obtuvieron becas de la asociación española Arts Project para participar del curso de perfeccionamiento en el Barcelona Dance Center y del Certamen Internacional de Danza Ciutat de Barcelona.

—Es habitual encontrar alumnas, alumnos y ex alumnos tuyos que pasan a formar parte de elencos reconocidos en el mundo y que obtienen prestigiosas becas ¿Cómo se explica esto?

—Hace mucho tiempo un ministro de Educación fue a ver una clase y me dijo: “Qué bueno, veo pasión, porque donde no hay pasión, no hay logros”. El maestro debe transmitir pasión a los chicos. Un chico que tiene pasión por lo que hace, en nuestro caso la danza, va a tratar de pasar fronteras y de ir donde quiere. Hay chicos cuyo perfil es para Europa, otros cuyo perfil es para Estados Unidos, otros que quieren quedarse en Argentina, en el Teatro Colón, en el San Martín o en el Argentino de la Plata, por nombrar algunos.

—¿Cómo se hace para orientar a un joven que se encuentra ante esa disyuntiva, para definir su perfil?

—Cuando son chicos, busca bailarines en Youtube y dicen: “Me gustaría ser como éste”. Pero después con tiempo, ven que su perfil no es el de esa persona que vieron como la imagen o lo que querían ser. Un chico siempre sigue las huellas de sus padres. Ven la figura. El bailarín ve la figura en un bailarín prestigioso. ¿Quién no admira a cualquiera de las bailarinas rusas tan buenas como Osipova o Zakárova? Todas tienen un detalle. Y los chicos de a poco se van orientando por ese caminito. Esa luz que ellos ven en ese bailarín es lo que los lleva. Y en Santa Fe no es fácil, no tenemos cómo ver personalmente a los bailarines, lo que se ve es muy poco. Entonces, al chico del interior le resulta más complicado. Pero se logra.

—Hoy, a nivel argentino, ¿cuáles son los referentes de la danza?

—Paloma Herrera, que está en el American, pero es muy argentina, muy porteña. Julieta Paul, fue alumna mía y ahora es primera bailarina del Ballet Argentino de la Plata, que está funcionando muy bien. Hay muchos chicos buenísimos en el Teatro San Martín. Nuestros, está Alexis Mirenda, Paula Ferrari.

—¿Hay oportunidades en Argentina para desarrollar una carrera en danza?

—Sí. Pero tenés que saber llegar.

Perseverancia

—¿Qué es clave para la formación de un bailarín?

—La barra. La clase. Un bailarín tiene que amar, pero con su todo su corazón, su alma y su ser. Hacer clases, pero profundas, esa clase en la que vos no vas a competir con la persona que tenés adelante, atrás o al costado, sino con vos mismo. La competencia personal. Si ayer hice un salto a determinada altura, mañana lo voy a hacer un poco más alto. Si vas a una clase a ocupar un lugar, no te sirve.

—¿Puede haber vocaciones tardías en la danza?

—Puede haberlas. Es bueno arrancar tipo 8 ó 9 años. No antes. Sí, tal vez moverse, pero no en la técnica pura de la danza clásica, porque es muy exigente y los chicos tienen que jugar, es la etapa lúdica.

—O sea que tiene que haber un disfrute asociado a esos desafíos.

—Se puede. Cuando son chiquitos se puede dar la danza juego, hay técnicas que contemplan esta etapa de los niños, otras que no. Hay chicos que a los cinco años están muy decididos. Y hay vocaciones tardías. Se puede, pero con mucho sacrificio, tesón y fuerza de voluntad.

—La danza, si tenés que dedicarte profesionalmente, ¿es una ocupación de tiempo completo?

—Sí. Por ejemplo, los chicos que están ahora en el San Martín, terminan a las cinco de la tarde. Después de eso, van a tomar a una clase a otro estudio. Luego se van a ensayar porque tienen que bailar. Y ya son la una de la mañana. Pero para el que ama esto, como decía una amiga, es un dolor lindo, dulce, que te da el haber trabajado mucho.

Apoyo

—¿Qué le recomendarías a una familia que tiene a uno de sus hijos pequeños que quiere arrancar en la danza o demuestra una vocación?

—Que lo apoyen. El chico necesita el apoyo de sus padres. Y acá y en los pueblos de la zona hay un semillero importante.



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