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Leyendas de Navidad

Leyendas de Navidad
 TEXTO. ZUNILDA CERESOLE DE ESPINACO. ILUSTRACIÓN. LUCAS CEJAS.

 El término Navidad significa “nacimiento” y lleva inmerso el milagro de una nueva vida espiritual, de una fe renovada y de una esperanza tejida en la urdimbre de las fuerzas morales. A pocos días de haber celebrado una de las festividades más importantes del cristianismo, un repaso por algunas leyendas y costumbres propias de la fecha.

 
 

La expresión de alegría y buenos deseos se escucha en grandes ciudades y en lugares recónditos del mundo cada Navidad y en los más diversos idiomas. A modo de ejemplo citaremos: en afrikaans, gessende Kersfees; en árabe, milaad majiido; en búlgaro, Vesela Koleda; en catalán Bon Nadal; en checo, Veselé Vánoce; en estonio, Haid Jöule; en finlandés, Hyaa Joulva; en irlandés, Nollaig Shona; en lituano, Su Kaledomis; en malayo, Selamat harinatal y, en noruego, God jul.

EL LLANTO DE JESÚS

El niñito comenzó a llorar, la Virgen María lo alzó y empezó a mecerlo tiernamente, mas la criatura no dejaba de hacerlo; su llanto persistía y no acababa nunca.

Una calandria conmovida por el llanto del niño y la aflicción de la madre, empezó a cantarle con trinos dulces y armoniosos con el fin de calmarlo. Su tierno corazón de ave sufría al escucharlo y latía apesadumbrado.

La hermosura de su canto calmó al niño hasta tal punto que en breves instantes se durmió plácidamente, provocando la tranquilidad de José y María como así también de todos los que les rodeaban con amor. La Virgen, agradecida, premió al ave, diciéndole que desde ese instante se convertía en cantora por excelencia.

Es por eso que la calandria entona sus trémulos trinos con armonía. Según cuentan las abuelas, es en época de Navidad cuando mejor lo hace porque su canto semeja himnos de fe y amor que vierten el inmortal destello de aquel lejano día en que nació Jesús.

UNA DÁDIVA GENEROSA

Insondable y misteriosa, la noche se pobló de claridad porque una estrella la esmaltaba con su brillante luz que caía como una lluvia de plata en todo el lugar.

Un grupo de ocas atenazadas por la curiosidad propia de su especie, comenzó a tratar de librarse de la prisión del corral en donde estaban, para poder averiguar qué sucedía. Tanto se esforzaron que finalmente pudieron abrir la puerta y liberarse.

Marcharon con premura hacia la fuente de luz y llegaron hasta el pesebre en que el Niño Dios había nacido recientemente. Entraron y lo vieron reposando en una insólita cuna de paja, bajo las cariñosas miradas de José y la Virgen María.

Las ocas se acercaron silenciosas y con mucho respeto para observar a la criaturita. Admiraron su belleza y de repente el niñito les sonrió llenando así sus corazones de ternura.

Pasado un breve tiempo, una de ellas les murmuró algo a las demás; entonces todas comenzaron a arrancarse las plumitas del cuello y de la parte superior del pecho y las fueron depositando a los pies de María, para que con ellas y un pañal hiciera una almohadita, y el niño estuviera más cómodo gracias a la delicada compasión de las aves.

A las ocas no les importó afearse, ofrecieron este sacrificio con alegría. Quizás es por este motivo que en los nacimientos que se arman para Navidad, nunca faltan estatuillas de ocas.

VILLANCICOS

Las ingenuas canciones populares que se interpretan en homenaje al Niño Dios en Navidad, se llaman villancicos. Hay villancicos tradicionales pero brotan como un manantial los anónimos, que surgen espontáneamente con matices sugerentes y simpáticos, armonizando lo individual con lo colectivo, lo lugareño con la universidad de los valores religiosos y de los símbolos de la fe cristiana.

Albricias, albricias,/ albricias se den,/ por un niño hermoso/ nacido en Belén.

Las pajas del nido/ volando se van/ en busca del Niño/ y abrigo le dan.

Cristo Jesús ha nacido/ en un humilde portal, /entre paja desnudito,/ para redimirnos del mal.

Canta el gallito, canta/ canta y anunciando va, /el Niño Dios ha nacido/ corran para adorarlo ya.

Entre músicas alegres/ ya llega la Navidad, /trayendo al mundo/ paz, amor y caridad.

Ya llegó la Nochebuena./ ¡Qué noche tan esperada!/ La paz y la alegría,/ reinan en la noche amada.

Las estrellas en el cielo/ deben brillar y brillar,/ y la gente en la tierra,/ dele cantar y cantar..

PANTOMIMA FOLKLÓRICA

En la región del noroeste argentino, precisamente en Jujuy, es costumbre en Nochebuena realizar frente a los nacimientos (pesebres) una pantomima folklórica que se conoce con el nombre de Huaschi-Torito.

La misma consiste en obligar a un niño, que asume el papel de novillito rebelde, a inclinarse en actitud sumisa ante el Niño Dios.

El protagonista principal simula querer huir, empacarse en algún lugar, retroceder con la cabeza en alto, desplazarse en círculos. Todo lo que realiza lo hace rodeado por otros niños, quienes lo siguen tratando de dominarlo para finalmente conducirlo al lugar adecuado donde éste se dará por vencido, deponiendo su actitud arisca, para bajar la cabeza y rendir de esta forma su homenaje a Jesús en medio de una algarabía general.

Durante la representación es entonada una canción tradicional de nombre similar. Su música es sencilla alegre y pegadiza.

Con rasgos definidores de un culto religioso popular, impregnado de matices sugerentes y simpáticos, el Huaschi-Torito es un exponente folklórico de la tierra jujeña.

 

 



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