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Pulsos de la política provincial

Incierto fin de año político

Incierto fin de año político

Darío H. Schueri

Los tiempos se aceleran, y la realidad del intimidante calendario electoral parece acorralar a los políticos santafesinos, que se apuraron a brindar el miércoles 24 a las doce de la noche mientras revisaban, ansiosos, sus teléfonos inteligentes para ver si entre tantos saludos navideños estereotipados en cadena, aparecía algún mensaje político esperanzador.

Los peronistas, desbordados de incertidumbre y temor residual por las últimas dos contiendas, temen tener que escriturar el año que viene, en el mejor de los casos, el tercer lugar. María Eugenia Bielsa no da señales de vida política (aunque su gente esté a la espera de “señales políticas” desde y hacia Buenos Aires) y “Omar” (Perotti) no termina de cautivar. Aunque si la dama de hierro de Rosario definitivamente declina ser candidata, habrá que salir a “aguantarle los trapos” al crédito de la hermosa Rafaela. Oficiarían de sparring, hasta ahora, Leandro Busatto por el FPV “rossista”; Marcos Cleri, de La Campora” y Alejandro Ramos por otra vertiente (la de Julio de Vido) del FPV. Todos auspiciados por el discurso nacional de apoyo al “modelo”; aunque Perotti intente racionalmente desmarcarse diciendo que “el peronismo es mucho más que el Frente para la Victoria” en la provincia Invencible de Santa Fe.

El dilema cultural del peronismo es la lucha por el poder. Con excepción de los incondicionales al “modelo” nacional, sea por convicción o agradecimiento, el resto de los afiliados, militantes, dirigentes y adherentes quieren que el peronismo recupere el Sillón del Brigadier. Y la única persona capaz de devolverles el sabor de esa mies es Miguel Torres del Sel. Sabedores del pragmatismo peronista, desde el PRO ofrecen reconfortantes generosidades en caso de acceder al poder- para terminar de convencerlos. Al fin y al cabo la administración santafesina es amplia y generosa, y según los peronistas el socialismo se encargó de engordarla más aún.

Decíamos que la electoralmente enigmática figura del ex cómico, que ya no le causa gracia a muchos, es utilizada de manera reversible: alienta a los peronistas, y por el mismo motivo, pero de manera inversamente proporcional, la usan los radicales para amedrentar a propios y socialistas.

El visteo entre peronistas y dirigentes del PRO simula al de los radicales y socialistas. Unos tienen el candidato y otros los territorios.

El PRO tiene el piloto con chances de ganar, pero carece de escudería. El peronismo tiene la escudería pero no consigue piloto. La diferencia con los socialistas y radicales radica en que éstos forman parte del mismo team: el FPCyS. Los peronistas y el PRO transitan boxes separados. Y saldrán a disputarse la pista.

Un experimentado caudillo peronista reflexionaba en voz alta: “La novedad es que sigue la incertidumbre y no la va a despejar ni la candidatura de María E. Bielsa; aún no se ha tocado fondo y es por eso que no aparecen claramente nuevos liderazgos. Fíjese que no discuten ni siquiera aquéllos a quienes les va bien en sus territorios, sean intendentes o senadores; los tipos están atrincherados en sus territorios y van a diseñar estrategias independientes para mantener su poder. En un contexto sin liderazgos claros, reina el gran pirulero, y cada uno atiende su juego”. Y se preguntaba: “¿Por qué, o por quién inmolarse?”. Y dejaba un suspiro de esperanzas: “Lo único bueno de esto es que peor no podría estar el PJ”.

Radicales en debate

“Yo aspiraba a encabezar una lista de diputados provinciales; pero si Antonio (Bonfatti) juega de primer diputado de Miguel (Lifschitz) agarro el puesto 20”; ironizaba un dirigente radical cercano al socialismo.

Esplendorosa pintura del cuadro de situación radical ante la inesperada aparición en escena del gobernador y su probable regreso a la Cámara (que aspira a presidir en caso de jugar y ganar) desde la cual saltó al Poder Ejecutivo, como mano derecha de Hermes Binner y luego como sucesor. Hoy Bonfatti aspira a que el sucesor de Binner en la Municipalidad de Rosario lo suceda a él. Y para ello está dispuesto a jugar fuerte. Como lo exige la política.

El primer asombrado de la decisión de Bonfatti fue el contendiente radical, Mario Barletta, y fiel a su estilo no ocultó sus genuinos sentimientos: “Yo jamás en mi vida haría una cosa semejante; él (Bonfatti) ya fue candidato testimonial cuando era secretario de gobierno de Binner intendente y encabezó una lista de concejales y nunca asumió. Hay un dicho: cuando se es Papa no se vuelve a curita”, disparó. Y dobló la apuesta al calificar más tarde al socialismo de “partido comunal”, dentro del contexto de una reflexión más amplia.

Bonfatti, para extender un poco más el misterio y azuzar al conmovido radicalismo señala que la decisión de ser primer diputado provincial de Miguel Lifschitz la tomará “orgánicamente el Partido (socialista)”. Aunque sólo si Barletta abdicara de su precandidatura y hubiera lista de unidad podría cambiar su determinación.

Mario Barletta puso al radicalismo en estado deliberativo con su indeclinable decisión de volver a competir contra el socialismo.

Igual que en 2011, la logia universitaria que dio origen al Grupo Escarapela, afluente de Unidad Progresista (cuyas principales espadas electorales son José Corral y Hugo Marcucci) cerró filas junto a él y empujó al resto de los sectores (MAR, Grupo Interior, y otras líneas sueltas) a subir presurosos las escaleras rumbo al primer piso de Casa de Gobierno para negociar el apoyo a Lifschitz, hecho que a Barletta y su estado mayor de campaña mucho no le interesa: en lugar de negociar con los caciques territoriales apuestan al foquismo territorial. La boleta, dicen, cambió la relación de fuerzas.

Queda un tanto extraviado en todo este esquema Cauce Progresista, del vicegobernador Jorge Henn y el intendente de Santo Tomé, Oliver, quienes negociaron con Barletta (hecho que no cayó bien en la Casa Gris) y ahora están a mitad del río. Henn dijo que quería ser diputado provincial encabezando lista; la realidad le muestra otro escenario: o se lanza por su cuenta enfrentando a Bonfatti y Giustiniani, o acompaña a uno de los dos.

No será la única negociación que cambiará de planes. El viernes 13 de febrero hay que presentar las listas ante las juntas electorales de los partidos políticos, quienes a su vez las llevarán el lunes 16 a la Secretaria Electoral provincial. Pero el viernes 6 de febrero vence el plazo para la inscripción de alianzas electorales, detalle al que habrá que estar muy atentos.

Como señalara el poeta Antonio Machado: “En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”.



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