Edición del Miércoles 27 de mayo de 2015

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Hablemos de poesía

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El poeta Gustavo Adolfo Bécquer, en un retrato pintado por su hermano Valeriano.

 

Por Enrique José Milani

Nos acercaremos a la poesía dejando de lado el contenido, qué dice, qué expresa su autor, para analizar su estructura y caracteres formales, el andamiaje que sostiene lo que los poetas que se expresaron y expresan a través del castellano, quisieron transmitirnos: pensamientos, emociones, admiración, recuerdos, deseos, consejos, admoniciones, aplausos, reconvenciones, alegrías, tristezas. La composición poética se parece mucho a una grata melodía, gracias a la medida, ritmo y cadencia. El arte de combinar esos elementos se denomina versificación.

El vocablo “poesía” aparece en español hacia 1438. Deriva del latín poesis y ésta del griego poiesis, es decir, creación, poesía. La voz poeta -qué raro- apareció antes, hacia 1335. Deriva del griego poietes. En general, significa “autor literario”, propiamente: hacedor, creador, derivado de poieo: yo hago. El femenino, poetisa, es posterior: aparece hacia 1737, o sea 400 años después.

Para versificar, es decir, componer versos, debemos tener en cuenta tres cosas: el número de sílabas, el acento rítmico y la rima. El verso se compone de palabras escritas, por lo general, en un renglón y se ajustan a lo ya dicho, medida (cierto número de sílabas), acento rítmico y rima. Las sílabas que lo componen se llaman “métricas” y es el conjunto de todas las letras que se pronuncian en una sola emisión de voz; frecuentemente pertenecen a dos o más sílabas, y muy raramente sólo a una parte de ella. El número de sílabas métricas de un verso es igual al número de emisiones de voz con que se pronuncia. Ej.: Pa/ só/ ya/ la/ es/ ta/ ción/ de/ los/ a/ mo/ res. Es un verso que se ha pronunciado en doce tiempos o emisiones de voz; luego, tiene doce sílabas métricas. Otro ej.: La/ llu/via/ que/ en/ los/ te/chos/ ya/ re/ bo/ sa/ hay 12 sílabas gramaticales; pero como debe pronunciarse: La /llu/ via/ queen/ los / te/ chos/ ya/ re/ bo/ sa, hay sólo 11 métricas, porque de dos se formó una sola. Este encuentro se llama sinalefa.

A veces el oído manda pronunciar separadamente: El /jo/ ven/ dis/ cre/ to/ e/ ra. La posibilidad de unir /toe/ desaparece al pronunciarlo y entonces estamos frente a lo que se llama hiato. La sinalefa puede juntar hasta 2 vocales y hasta 3 sílabas distintas: De/ AsiaaEu/ ropa lo llevó la fama (5 vocales de 3 sílabas). Hay más licencias métricas. R. Ragucci propone los siguientes ejemplos. Si digo: “De París un gran león he traído” o “De París ocho leones he traído”; para que estos dos versos tengan 10 sílabas debo pronunciar en una sola, dos vocales que pertenecen a sílabas distintas; pero dentro de una misma palabra: e y o de león, y en el segundo caso a- i de “traí” que pronunciaré “trái”: esto se denomina sinéresis, que consiste en pronunciar en un solo golpe de voz las vocales que pertenecen a sílabas distintas de una misma palabra: hé-roe, real-zado, aunque haya h entre las vocales: ahor-ca-do.

Lo contrario de la sinéresis es la diéresis: consite en pronunciar en dos golpes de voz, las vocales de una misma sílaba (diptongo), como cuando se dice ru-í-do por rui-do, su/ a/ ve por sua-ve, An/ to/ ni/ a/ no por An-to-nia-no. Esto en lo escrito se señala con la crema, o sea, dos puntitos que se colocan sobre la primera vocal del diptongo disuelto: rüido, süave, antonïano. Se obtiene así una sílaba métrica más. “¡Qué sonido tan suave!” es verso de siete sílabas. Con diéresis pasa a tener ocho: “¡Qué/ so/ni/do tan sü/a/ve!”.



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Miércoles 27 de mayo de 2015
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