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El torneo de Messi...

Tiene que “soltar el indio”

  • Hasta ahora, el mejor jugador del mundo no cumplió con la expectativa que despertaba su brillante año en el Barcelona. No jugó mal los dos primeros partidos, pero queda esa imagen de hibridez del último. Y tienen que aparecer sus goles.
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Arma letal. Las piernas de Messi y la zurda tatuada (en la imagen, con el nombre de su hijo, Thiago) apoyada sobre el balón. Todos esperan que en esta instancia definitiva aparezca en su verdadera dimensión el jugador que viene de ganar todo con Barcelona. Foto: EFE

 

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Viña del Mar, Chile)

deportes@ellitoral.com

Lionel Messi cumplió 100 partidos ante Jamaica con la camiseta de la selección, va en camino a superar el récord de Batistuta como máximo artillero de la historia de la selección y si su físico lo acompaña, seguramente podría hasta superar el récord de partidos jugados con la celeste y blanca, en poder del “Pupi” Zanetti con 145 (su último encuentro fue en aquel recordado choque de cuartos de final con Uruguay en la cancha de Colón en la Copa América de 2011).

Alguna vez, estando en Santa Fe, Batistuta comentaba, entre risas, que habría que frenar la cantidad de partidos amistosos y compromisos que asume la selección —gracias a la figura convocante de Messi— para que deje de hacer goles. La realidad indica que con 28 años, está a sólo 8 del Bati y todo indica que, con el promedio de goles que ostenta, no pasará mucho tiempo hasta que los 56 goles del Bati se vean pulverizados por un Messi que ya tiene 48 y amenaza seriamente el récord del actual goleador.

La llegada de Messi a esta Copa América estuvo precedida de los mejores análisis y expectativas. Ganador de la triple corona con el Barcelona, con casi un gol de promedio por partido, una estupenda temporada en lo personal y en lo colectivo, con la sensación de que algunas cosas habían cambiado en Messi, desde lo físico, para volver a tener esa explosión que combina habilidad y velocidad que lo convierte en imparable e incomparable. Esto, más allá de la opinión también mayoritaria que ya Messi no es el mismo de hace unos años y que, de alguna manera, el paso del tiempo empieza también a condicionar en parte sus extraordinarias condiciones. En todo caso, no hay que olvidarse que por más que juegue como los dioses, es un ser humano.

El balance hasta ahora es que se esperaba más de Messi. ¿Le exigimos demasiado?, ¿suponemos que debe ser brillante y perfecto siempre?, ¿hay que crear un necesario condicionamiento hacia su figura?, son algunos interrogantes que aparecen sobre el tapete del análisis. Cuando se jugó la final ante los alemanes, todos estuvimos pendientes de que alguna jugada magistral nos diera la copa del mundo. La intentó y no le salió. Era la gran esperanza y es posible que aquella foto que paseó por el mundo —la del él mirando en el Maracaná esa copa que ya no podía levantar— se haya convertido en una verdadera lámina, en un póster de su propia realidad y personal desilusión.

Messi debe dar más. Uno se resiste a pensar que su imagen sea la de un jugador alejado del partido, ausente, casi como queriendo escaparle al compromiso, que se vio en el segundo tiempo del encuentro con Jamaica. Apenas un gol (y de penal) en tres partidos, confluyen a pensar que, evidentemente, a Messi siempre le ha costado mantener ese nivel de excelencia que muestra en su equipo. Es una cuestión hasta lógica, porque no es lo mismo jugar con los compañeros de siempre, con los que se entrena todos los días y disputa casi 60 partidos por año, que hacerlo con los que se encuentra en un puñado de ocasiones, por más que se ponga una camiseta que nadie discute que siente y quiere, como la celeste y blanca.

En este torneo, Messi ha tenido seis ocasiones de gol, muy pocas asistencias a sus compañeros (apenas aquel hermoso centro que le pone en la cabeza a Agüero en el partido con Uruguay y que fue detenido por Muslera) y así como tuvo 162 pases buenos en los tres partidos (y 28 malos) no hay tantos pases largos (apenas 8) y ningún pase en profundidad, algo que revela lo que es Messi: un jugador para los últimos 30 metros de la cancha, que posiblemente pueda tener un claro panorama para meter algún cambio de frente pero que si se repliega no es para convertirse en lanzador, sino para asociarse con el resto de los volantes hasta ir encontrando el espacio justo para meterse.

Es así que Di María es el jugador más favorecido en la generación de pases de Messi, aunque lo sigue muy cerca Lucas Biglia y después Pastore. Este último es el que más busca a Messi para darle un pase, seguido de Di María y Biglia. Después, aparecen impensadamente Zabaleta y Garay en ese rubro, no así Javier Mascherano, quien es el jugador que más veces toca la pelota en el equipo. De esto se deduce que Mascherano tiene una mayor tendencia a variar los receptores de sus pases, a veces porque sale jugando desde la posición de marcador central con envíos largos y otras porque Biglia y Pastore son los que bajan a buscar el balón cuando Mascherano se decide a ser la primera puntada en el juego.

Cualquier equipo que tenga un jugador de las condiciones de Messi, seguramente haría girar la rueda con él como eje principal. Messi no es un armador, es un definidor, en todo caso un asistidor en la parte final de la jugada. No es el cerebro del equipo. Pero por su brillantez, puede cumplir una función aún más preponderante y de mayor desequilibrio. Incluso, está acostumbrado a jugar en las condiciones que le plantearon los tres rivales que tuvo hasta el momento, es decir, con espacios reducidos y equipos que lo esperan. Por eso, el Messi del segundo tiempo ante Jamaica es un jugador desconocido, que no debiera volver a aparecer. Y el Messi desequilibrante, goleador, imparable del Barcelona, es el que toda la selección y el país espera.

De no creer...

  • Lionel Messi es el jugador que más pases dio en el campo rival en toda la primera fase. De esto también se deduce que fue el jugador más buscado por sus compañeros de todos los equipos. No muy lejos de él y en el tercer puesto, se ubica Mascherano, lo cual consolida la idea de que la pelota siempre pasa por los pies del volante central y caudillo albiceleste, incluso metido en el campo adversario. Un refuerzo más para los que estiman, con razón, que la estrategia del rival es la de esperar a Argentina muy cerca de su área.

La principal sorpresa se da en el segundo jugador que más pases ha dado en el terreno adversario. Se trata de Felipe Luis, el lateral brasileño. Y recién aparece Valdivia en el cuarto lugar (Mascherano, lo dicho, está tercero) como el volante ofensivo o media punta con más pases en ataque. El quinto es Biglia, el otro volante de contención y equilibrio que tiene nuestra selección y el sexto es Dani Alves, el otro lateral brasileño. De no creer...



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