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Caer en las redes sociales

Caer en las redes sociales

Me resistí tanto como pude, pero uno no es de hierro. No tengo twitter porque todavía no le agarré la mano a eso de expresar ideas en tan pocos caracteres -yo tengo el formato Toco y me voy: 4000 caracteres- y no tenía facebook básicamente porque mis relaciones sociales tradicionales, convencionales digamos, son variadas, intensas y activas: tengo mucha gente en el chat cotidiano, de carne y hueso.

TEXTOS. NÉSTOR FENOGLIO. nfenoglio@ellitoral.com. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI. lszewski@yahoo.com.ar.

 

Resulta que una vez buscando un artículo viejo con el profesor Gugl -que todo lo sabe y lo soluciona- me encontré que yo estaba en facebook. ¿Y cómo voy a estarlo, me pregunté azorado, si yo nunca abrí una cuenta de facebook, ni ninguna de las otras denominadas redes sociales?

La curiosidad mata al hombre. En general estas redes calman la ansiedad del individuo por mostrarle algo a los demás -pensamientos, fotos, aprehensiones, supuesto buen humor, jactancias de distinto tipo a distintos tipos...- pero en mi caso era al revés. Yo quería ver quién era ese tal Néstor Fenoglio, o sea yo. No me digan que a uno, por más troglodita que se muestre, no le da cosita eso de saber cosas de uno mismo. Así que yo quise saber de mi presencia en facebook. Lo primero que te piden es la membresía: vos no podés espiar sin conceder determinadas cosas: para ver facebook debo abrir una cuenta. Así que me puse manos a la obra y abrí prolijamente mi cuenta en facebook con mi nombre, el mismo que, me aseguraba la red social, ya existía. Y lo primero que hago es mandar un mensaje a Néstor Fenoglio, es decir, a mí mismo. Casi me caigo de espaldas (yo empiezo a entrar en la edad en que me caigo por cualquier cosa y de diversas formas) cuando del otro lado me contesta Néstor Fenoglio y me pone, áspero (como yo, bah), el siguiente mensaje: ¿quién carajo sos? ¿por qué usás mi nombre? Y yo le pregunté lo mismo.

Después del estupor inicial Néstor Fenoglio y Néstor Fenoglio suscribieron su amistad y sin más trámites yo vi sus fotos, él las mías Así que una primera utilidad de facebook o de las redes sociales tiene que ver con la humildad: no sos único. Eso me dijeron también Jorge Pérez y su hermano Juan: nosotros venimos ya con el ego minimizado, compartimentado. Vos no podés quejarte porque existe otro Néstor Fenoglio. Uno de los problemas de que seamos siete mil millones de habitantes en el planeta es que en alguna parte te embocan el mismo nombre. En mi caso, en mi propio país, un señor que es apenas unos meses mayor que yo... En cambio el dibujante de este artículo, el impronunciable señor Dlugoszewski, qué problema tiene: es único en el mundo y propenso a tener un ego muy consolidado o un problema de angustia existencial.

Después, las redes tienen esa cosa inocentona y básica, icónica, del tipo me gusta-no me gusta. La falta de opciones te juega malas pasadas: se muere el familiar de un amigo de tu red, vos hacés un comentario más o menos solemne y adecuado y al toque a varios le gusta, con lo cual tenés la confusión no resuelta de no saber si le gusta el comentario o que tu tía Porota haya eschopado sin más trámite...

Después tenés la cuestión de los amigos. Es ridículo que uno tenga mil, dos mil, tres mil amigos. En la vida real uno es agraciado si tiene un amigo. Acá le ponen la categoría de amigo, literalmente a cualquiera. Ni hablar de twitter, donde los famosos tienen -cono si se tratara de un capital, un plazo fijo, una cuenta bancaria jugosa- cientos de miles de seguidores.

Después tenés lo mensajes arteros: te han eliminado del facebook, te dicen, sin más y vos quedás al borde del colapso.

Muchos dicen que las redes sociales están buenas para reencontrarte con viejos amigos, compañeros de la escuela, ex novias y novios que luego en otra etapa de la vida deben ser prolijamente eliminados -uno no puede andar con la vida con todo el colectivo completo de los seres con que nos relacionamos a lo largo y a lo ancho de los años-, y otros desconocidos. Pero después de la novedad y los saludos y la puesta al día, ellos están en tu vida en el lugar que la vida los puso, por más red social que nos integre o incluya...

Y nos vamos, che. Ya tengo un montón de amigos nuevos. Y al Néstor Fenoglio ese, ya lo voy a conocer en persona. No sabe la que le espera.



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