TEXTOS. LUIS GUDIÑO. / FOTO. MANUEL FABATIA.
SUS INICIOS. “Comencé jugando desde muy chiquita en Gimnasia y Esgrima, y a los 17 años, cuando terminé la secundaria jugué una Liga Nacional con Echagüe de Paraná, luego pasé a Juniors. Hoy juego en la primera división de Villa Dora. Desde los 15 años ya integro el plan de jugadoras que son convocadas a concentraciones nacionales y evaluadas por los cuerpo técnicos nacionales. En 2013 fui al Mundial de Tailandia, adonde jugamos muy bien, pero lo más trascendental fue ganar la medalla dorada en Chile, en los Juegos Odesur, integrando Las Panteras. Yo hacía gimnasia deportiva en Gimnasia y Esgrima, siempre fui de probar muchos deportes: pasé por básquetbol, por mi padre; natación, de todo, hasta patín. Un día arranqué con vóleibol y me terminó gustando cuando tenía 7 años. Mi hermano Sacha juega al básquetbol. Siempre conté con el apoyo de mis padres, quienes siempre me siguieron, me acompañaron, me super motivaron para que hiciera deporte en conjunto, que es super importante”.
CON ALTURA. “Yo jugaba de central después fui pasando por todos los puestos y ahora soy armadora. En la selección argentina me formaron en este puesto porque, a nivel internacional, las centrales tienen dos metros y se necesitan armadoras altas también, y yo mido 1,80. Nunca me imaginé ser armadora, empecé de cero y ahora me gusta mucho. Jugar en Boca Juniors fue una experiencia única, entré en un equipo campeón y sigue siéndolo ahora, con grandes figuras y con mucha experiencia, piso y trayectoria en el club. Aprendí de todos: de los entrenadores, las compañeras, y el hecho de estar sola, de vivir y manejarme sola fue difícil pero a la vez muy buena experiencia y puedo sacar muchas cosas positivas. Como negativas, te puedo decir extrañar y haber pensado que sería fácil y no lo fue para nada. El derecho de piso no es cualquier cosa, hay que ganarse un lugar en la cancha con esfuerzo. Que me convoquen a Las Panteras para los Juegos Odesur fue inesperado para mí. Me llegó la convocatoria, pensé que no iba a quedar y cuando quedé fui muy feliz. Lo viví a pleno. Son como unos juegos olímpicos mucho más chicos pero vivir todos los deportes, con el mismo uniforme argentino y ganar la medalla dorada fue genial. Vestir la camiseta argentina fue muy especial y, además, contamos con el apoyo de muchos atletas de otros deportes. Cuando ganamos, el hecho de escuchar el himno fue algo distinto a otras veces que había usado la camiseta”.
CELESTE Y BLANCA. “Las expectativas por jugar en Las Panteras no se terminan nunca, a mí queda por jugar en la categoría Sub 23, antes de llegar a la selección de mayores. Estar en el seleccionado es lo más grande, soñar y vestir la camiseta; está ahí, no hay que aflojar nunca. Me gustaría seguir estando, viajar, extraño viajar; pero las posibilidades siguen y las puertas están abiertas. En Villa Dora comencé en diciembre, no fue fácil para mí tomar la decisión de jugar en otro equipo santafesino que no fuera GyE, pero me abrieron las puertas. Lorena Góngora me dio una posibilidad enorme, yo la tomé y me sentí importante dentro del equipo. Es un grupo increíble, super responsable, humanamente no me puedo quejar de nada. Considero a varias mis amigas no sólo compañeras de equipo. Afuera y adentro de la cancha, el grupo es muy bueno, mejoré en un montón de cosas. Lo más importante para mí fue que todas me recibieron con los brazos abiertos”.
EN EL FUTURO. “Me gustaría cumplir el sueño pendiente de jugar en el exterior, en Italia, España o algún otro país. Me esfuerzo para llegar a lograrlo. Soy chica, tengo tiempo, pero obviamente me encantaría. Estoy estudiando Nutrición en la Universidad Nacional del Litoral y no me molestaría dejar de estudiar o viajar al exterior cuando termine. Me gusta y me interesa lo que estudio; estoy muy pendiente de un montón de cosas, si sale la posibilidad también de estudiar afuera o a distancia. El vóleibol argentino está creciendo, poco a poco va creciendo. En la primera liga que yo jugué eran 4 equipos, al otro año 12, ahora 16. Irse afuera no es fácil y lo que hay que hacer es inculcar a las más chicas que se dediquen más. Podría ser mejor. Yo dejé por el vóleibol muchas cosas, siempre prefiriendo lo que amo, el deporte que amo, cumpleaños, momentos familiares, situaciones en las que tendría que haber estado y no estuve, mi viaje a Bariloche. Siempre digo que cuando uno quiere algo, el resto no importa. Si tuviera que elegir entre dejar la carrera y el vóleibol seguramente preferiría dejar de estudiar, momentáneamente, pero para después terminar. Es muy importante estudiar y recibirse. El deporte me dio muchos valores, sobre todo porque es un deporte en equipo. Me dio orgullo por un montón de cosas logradas, amigos. Mi vida está llena de instantes que le debo al deporte. Creo que si dejara de jugar, moriría la mitad de mi vida”.
PERSONAL
Su familia: Mariví (madre), Fernando (padre), hermanos Sacha, Martina y Morena.
Comida preferida: sushi.
Ropa que usa: “La deportiva, pero me gusta vestirme bien, soy elegante”.
Perfume: 212.
Un color: “Depende para qué, pero verde agua es el que más me gusta”.
Paisaje: “Playa, mar, el Caribe...”.
Tu lugar en el mundo: “Me encantó Tailandia o Cuba”.
CÓMO SE DEFINE
“Soy hiperactiva, cuando estoy de vacaciones me desespero por hacer cosas. Muy responsable, en todo lo que hago. Luchadora, por lo que me propongo, por llegar a lo que quiero”.
ANÉCDOTAS
“El Sudamericano en Perú fue muy divertido. Me sacaban fotos, pusieron en un diario que yo era ‘La Musa’ del torneo. Estábamos en la ceremonia oficial de apertura de ese torneo, había más de 5 mil personas en el estadio, encuentro televisado, se venía el himno. Yo estaba descompuesta, recuerdo que tenía un tremendo dolor de estómago y me lo aguantaba como podía. Me puse blanca, blanca y cuando terminó el himno no aguanté más y vomité. ¡Te imaginás, toda la gente se reía a carcajadas, en directo por televisión, qué papelón! Tuve que dejar todo e irme al vestuario, increíble. Otra anécdota de Perú fue cuando estábamos jugando la clasificación para el Mundial, partido contra el local, miles de personas, televisación en vivo, hago un punto, y en el medio del festejo me tropiezo y me caigo. Un blooper: todos se reían y yo tirada en el piso, y después lo pasaban a cada rato en la televisión. No me lesioné ni nada pero fue muy gracioso. Salí a festejar como si hubiera ganado la final del mundo y aterricé”.