LITO SENKMAN MURIÓ EN PARANÁ

Adiós a un grande de la escena

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El reconocido director y referente teatral falleció ayer, a los 74 años.

Foto: Archivo El Litoral

 

Roberto Schneider

De perfil bajo, trabajando siempre sin levantar la voz, hasta se podría decir que tímidamente, un intelectual de pura cepa, comprometido con su actividad y con sus amados actores, gran lector y mejor amigo, así se podría definir al querido Lito Senkman, quien ayer, a sus jóvenes 74 años, murió en Paraná dejando el legado de sus obras dirigidas con indisimulable pasión y sentimientos.

Este director de raza, considerado como uno de los más coherentes y consecuentes de varias generaciones, marcó en su vida un itinerario de logros de altísima calidad. En ocasión de una entrevista nos expresó que “sólo gracias a las ganas de vivir es que producimos cosas, entre las cuales está el teatro, ese juego de representarnos para ver cómo somos, eso de hacer muecas frente al espejo”.

Lito era un hombre altamente comprometido con el quehacer teatral. Había nacido el 3 de octubre de 1941. Tras sus estudios secundarios viajó a Buenos Aires, adonde egresó del Instituto de Teatro de la Universidad Nacional de Buenos Aires. En su larga y aquilatada trayectoria realizó diversos cursos y seminarios de especialización en dirección teatral y entrenamiento actoral en Buenos Aires.

Como docente Senkman dictó clases de actuación para jóvenes y adultos de manera oficial y privada en distintas ciudades, especialmente en Paraná y Santa Fe. Integró asimismo diversos jurados para concursos, fiestas teatrales y premios. Fue también jurado del Instituto Nacional del Teatro representando a la Región Centro Litoral. Dirigió, siempre con destacada excelencia, elencos de Buenos Aires, Rafaela, Santa Fe y Paraná, entre ellos el Elenco Rotativo de la Universidad Nacional de Entre Ríos y la Comedia de la Universidad Nacional del Litoral. Llevó a escena grandes textos de los mejores autores de la dramaturgia universal, tales como Harold Pinter, Molière, Antón Chéjov, Griselda Gambaro, Daniel Veronese, Mauricio Kartun, Armando Discépolo o Daniel Dalmaroni, por citar sólo algunos ejemplos.

Lito era de esas personas que parecen tener la vida clavada en la garganta y que la cuentan a través de los grandes autores o al recordar sus trajines en las tablas. Nunca dudó de su destino. “Como si hubiese sabido lo que tenía que hacer”, nos dijo café de por medio. Y fue fiel a ese camino hasta el final. El gran escenario de la vida ha perdido a un hombre esencialmente bueno. A un enorme y talentoso artista. Borges diría que sólo nos queda el goce de estar tristes. Es verdad. Pero también el de recordarlo siempre con profundo amor y respeto. Y con una larga y merecida ovación. Como se lo merecen los grandes.