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Seminario Provincial de Ballet

Una apuesta por el trabajo y la pasión

  • La escuela dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura abre sus inscripciones para recibir niños de ambos sexos desde los cinco años. Es un espacio dedicado a la formación de bailarines, como muchos que se han proyectado en el país y el extranjero.
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“La danza clásica académica pura para el chico es aburrida. Entonces hay que empezar muy de a poquito y sin darse cuenta llegan a la parte académica”, dice la directora Elisabeth “Betty” Sture.

 

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

El miércoles 2 de marzo empiezan las inscripciones en el Seminario Provincial de Ballet, que funciona en el Centro Cultural Provincial (Junín 2457). Las mismas van a ser los lunes, miércoles y viernes de 10 a 12 y de 17 a 20, y están abiertas para niños de entre cinco y 13 años sin experiencia previa y de 13 en adelante.

A los más pequeños se les tomará un examen de diagnóstico audiorítmico, no eliminatorio. A los mayores, se les tomará un examen de nivelación para evaluar sus aprendizajes previos. Los adultos a cargo deben presentar fotocopia del DNI, a fin de realizar un legajo de cada alumno. Las clases serán en el Centro Cultural; los horarios están aún por confirmar. La tercera semana de marzo estará destina a reinscripción de alumnos de años anteriores.

Intérpretes

Para conocer la dinámica del aprendizaje en este espacio, El Litoral dialogó con su histórica directora, Elisabeth “Betty” Sture.

—¿Qué distingue a la formación que se brinda en el Seminario?

—Se creó con la idea fija de formar intérpretes, no maestros. Nuestra meta es formar bailarines idoneos. Entonces es así como en el Teatro San Martín hay dos bailarines nuestros, con una categoría muy alta: Alexis Mirenda y Paula Ferraris. Después hay chicos que han hecho o están haciendo los talleres del San Martín: Rodrigo Vallejos y Florencia Papaleo, Luis María Deharbe, Jonny Bukstein, Lucía García Puente y Ferraris.

En el Teatro Colón hay gente que salió o pasó por el Seminario, en la escuela (como Francis Flores, que está haciendo el curso de varones) y en el Ballet, como Luciana Barrirero y Larisa Hominal. La primera bailarina del Teatro Argentino de La Plata es Julieta Paul, oriunda de Paraná: una niña muy talentosa, que pasó muchos años en nuestro Seminario.

Verona Fideleff es bailarina del ballet COI de Rosario. Denise Montel de la Roche y Maia Roldán son prestigiosas bailarinas de danza jazz y contemporánea en Capital Federal. Leonardo Piccinato, un ex alumno nuestro de Santiago del Estero, es famoso bailarín y coach. Lucía Ponce Gamboa (de San José del Rincón) ganó la beca del Proyecto de Intercambio para la Escuela de Comedia musical de la Fundación Julio Bocca.

Más lejos, en Canadá hay dos bailarinas, Regina Bertuzzi y Antonella Martinelli, una en Winnipeg y la otra en Toronto. En Alemania, en la escuela de John Neumeier, Ballet de Hamburgo, está Matías Oberlin. Pasaron por España Joaquina Butto, Camila Bocca; ahora está Gaspar Platini. Lucía García Puente estuvo haciendo un curso en el estudio Alvin Ailey de Estados Unidos.

Son todos chicos que con muchísimo trabajo llegaron allí. ¿Cuál es el futuro inmediato? Hay un examen de una de las niñas para entrar a la Compañía Joven del American Ballet Theater, en Estados Unidos. Va a viajar el mes que viene para dar el examen.

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Matías Oberlin, que está en el Ballet de Hamburgo y la escuela de John Neumeier, y Camila Bocca, que hizo un trayecto formativo en España, pasaron por las clases del Seminario.

Fotos: Gentileza SPB

Talento y esfuerzo

—Es una apuesta por la excelencia.

—Es una apuesta por el trabajo. Yo tenía una maestra rusa, la señora Ekaterina de Galanta, que una vez hablando con papá le dijo que “el bailarín es el 30 % talento y el 70 % sudor”. No quiere decir que el chico tenga que sufrir, sino que quien “transpira la camiseta”, o la malla, es el que llega.

Si vos tenés una luz prendida, la ponés abajo de la cama, ¿ilumina? Si vos tenés talento y no lo usás, ¿te sirve? Si el poco talento que tenés lo hacés fructificar, lo regás todos los días como a un arbolito; un arbolito tiene brotes, y el talento también. Hoy levantaste la pierna a 45º, te esforzás y llegás a 90º, y querés más, y llegás. Tal vez el que tiene mucho talento y guardó la lámpara abajo de la cama no llega, y vos que te mataste sí.

—¿Por qué es importante apostar desde niños?

—Al niño muy pequeño se le da iniciación a la danza, no es la danza clásica académica pura, porque para el chico es aburrida: hay repetición de movimientos hasta que estén bien. Cuando un nenito comienza a caminar gatea y se cae; un chico que empieza a bailar los errores son moneda corriente. Entonces hay que empezar muy de a poquito y sin darse cuenta llegan a la parte académica.

Es muy importante la contención, la de la mamá que lo cuida, que lo corrige, que no deja que se ensoberbezca, que se enorgullezca. Que lo trate como un niño común y no como un fuera de serie. Un chico que baile es un chico normal al que le gusta bailar; si después quiere hacer de su vida la danza, ya cambia: algunos empiezan a ir tres veces por semana y terminan yendo todos los días, porque se apasionaron. Una vez un secretario de Cultura de la Nación fue a ver una clase y me dijo: “Me gusta porque acá veo pasión, y sin pasión no se logran los ideales”. Una cosa es gustarte, otra cosa es apasionarte, enamorarte de lo estás haciendo. Yo soy una apasionada, que por ahí se me va la mano (risas).

 


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