DESTACADO ARTISTA SANTAFESINO

Falleció Pipi Lucero

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El creador nacido en Rafaela murió en Rosario, el miércoles pasado.

Foto: Archivo El Litoral

 

Hermenegildo Lucero (Pipi) reconocido artista plástico nacido en Rafaela en 1946, murió días atrás. Había desarrollado una vasta actividad docente y concretado exposiciones en diversas salas.

En 2006, Domingo Sahda escribió en “Creadores santafesinos”, las siguientes líneas respecto al artista: “El misterio de trasmutar la arcilla fría, gris, inerte en cuerpo cerámico de resplandecientes destellos, de tenues opacidades y leves acentos esgrafiados en superficie, en potente energía expresiva que empuja, por imposición de presencia a la contemplación absorta, conmovida, distinguen el perfil del creador, del artista plástico de contenido gesto y fervorosa convicción que es Pipi Lucero.

“La encandilada mirada ante la maravilla de lo creado; atenta a la fugacidad del vuelo del pájaro mañanero que alumbra la jornada, al ondular de los pajonales costeros que trasiegan leves melodías, a la gota carmesí del ceibo, a las sombras fugaces de las enramadas son el magma del cual se nutre, en el que se embarga el creador atento al diapasón de la naturaleza. El dato percibido es transformado en latido de materia, en obra quieta que atrapa la fugacidad de la vida, la señala, la ofrece como testimonio al tiempo y al hombre de este tiempo y para siempre.

“Cada obra salida de la voluntad creadora de Pipi Lucero huye del gesto declamatorio adoptando el temperamento del sentimiento conmovido. El artista puede ver -ése es su privilegio y su compromiso- por el entresijo de las superficies calando en la esencia de las cosas, de las personas.

“Sutiles entonaciones cromáticas, delicadas texturas, inquietos perfiles de proyección rotunda son los dones que visten a las piezas; exigidos regalos del autor al entorno. Avisan y señalan que los tesoros están aquí, con sólo torcer la mirada hacia lo esencial sin distraerse en banalidades ni oropeles.

“El pródigo nacido por la voluntad humana revive una y otra vez cuando el creador, Pipi Lucero golpea, tuerce, desgaja, rearma el bloque inicial, informe. Sopla el aliento de la vida en un casi nada que deviene casi todo. La mirada, el gesto la decisión, se imprimen en cada obra así nacida y transportan hacia nosotros el latido del creador. Desde el vientre del horno, alumbran a la vida estas piezas en silencio conmovido ante la maravilla de aquello que toma presencia final, e inicia otro periplo. La obra principia su viaje y lleva huellas, jirones y desgarramiento de su creador. La semilla se dispersa. Otro encantamiento amanece potenciado por él, por el creador que es Pipi Lucero”.