ARTES VISUALES

Guardianes de lo sagrado

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“Promesas”, de Leo Chiachio y Daniel Giannone.

Foto: Gentileza MAC

 

Domingo Sahda

Con el título antes señalado los artistas plásticos Leo Chiachio y Daniel Giannone presentan su colección de trabajos -telas bordadas- en las salas del MAC, Museo de Arte Contemporáneo de la UNL, Bv. Gálvez 1578, ciudad de Santa Fe.

Literalmente “vestido” con tapices, pañuelos resemantizados, telas bordadas, planos que interrrelacionan el diseño dibujado con tramas de hilos entrelazados, con apliques bordados con notable calidad de hechura, el museo como ámbito de exhibición del arte visual resplandece. La imaginación creadora, el desparpajo actitudinal, en plena libertad sin tropezar con recursos manidos, actualiza, pone en vigencia un ancestral oficio inventado por el hombre en su necesidad de establecer vínculos comunicacionales entre sí, apelando a la imagen como sustantivo del discurso social: el bordado directo sobre telas.

Unir el gesto inteligente de la mano guiada por el cerebro y la mirada en la trayectoria del hilo, esa línea matérica cromatizada que construye, en diversos recorridos, texturas y niveles las imágenes que destacan historias, documentan situaciones transformándolas en obras visuales que se alzan por sobre su principio utilitario para devenir en testimonios creativos y sensibles es, sin duda, toda una proeza que en esta muestra se destaca en plenitud.

La excelencia del metier refleja la soltura del talento creador de sus autores-expositores. Lejos de tantísimos enunciados teóricos que aspiran a sostener muchos trampantojos con presunciones de Arte de Vanguardia expuestos aquí y allá, Chiachio y Giannone traen del ayer mítico un noble oficio reactualizándolo de manera insólita.

La expresividad del gesto motor, la elección de las texturas visuales sobre los soportes arquitecturan obras construidas por ambos creadores a un tiempo, en paridad de roles. Con la autoría compartida a un tiempo se permiten la libertad de ser “ellos” y logran de tal modo trabajos que admiten, que invitan al recorrido visual exploratorio sin caer en sobresaltantes contrapuntos.

Cada trabajo a la vista delata el “saber hacer” para, de este modo “poder decir” dentro del marco de la excelencia visual. Cada tramo bordado, cada secuencia lineal materializa, precisamente, esa abstracción llamada línea, de modo impecable. Apelando a resoluciones plásticas ensambladas aparecen en el plano -el paño-, imágenes preñadas de sugerencias y connotaciones colmadas de humor. Sus autorretratos son casi una broma sobre sí mismos plasmados en espacios de absoluta libertad reflejándolos, precisamente, en el lugar en el que ellos se sitúan.

El arte visual desde un impecable ejercicio creativo se impone a la mirada anudando el mítico ayer de los tapices medievales a un riguroso hoy de particulares connotaciones. La factura en todos sus tramos resulta impecable y admite el goce visual al recorrer cada tramo de cada pieza a la vista. Clase magistral no planificada como tal que demuestra a propios y extraños que la audacia del gesto creador atraviesa tiempos y distancias imponiéndose por su excelencia fáctica.

Este rotulado “arte textil” es, simple y directamente, legítimo arte visual al que confluyen, para ser tales, todos los elementos propios de la dialéctica de la imagen. No hay bellas manualidades, hay excelentes discursos visuales visibles y “tangibles”. En cada pieza a la vista las formas, los trayectos pueden ser tenidos como leves volúmenes corpóreos.

Quede claro que el recurso técnico-plástico empleado canaliza la libertad creadora de sus autores, quienes, sorteando el puente de los siglos, se permiten crear metáforas de elegancia expresiva manifiesta. No hablamos en modo alguno de “manualidades”, sino de discursos plásticos que transitan por un personalísimo rumbo a “su aire”. Bienvenido este aire fresco a tanto ámbito enclaustrado en fórmulas caducas.