Poesía que se eleva

Poesía que se eleva
La escritora Graciela Geller dejó su legado en un libro inédito “Mona blanca trepada en el octavo”, que sale a la luz con Editorial Palabrava. Además se suma una reedición de Editorial De l’aire “Amor en mano y cien hombres volando”, un libro escrito hace 23 años. Aquí, una semblanza de su figura, sus textos y su espíritu revolucionario.
Textos. Mili López. Fotos. Karina Di Pasquale.
Dos libros. Dos editoriales. Una poeta que ya no está. Su obra sensible, descriptiva, revolucionaria y de extrema belleza. Graciela Geller nació en Paraná en el año 1945 y falleció en Santa Fe en 2002.
Uno. Geller junto a Patricia Severín y Adriana Díaz Crosta (también ya fallecida), escribieron en 1993 “Amor en mano y cien hombres volando”, un libro que revolucionó su época. Hoy, ese libro se resignifica, toma otro valor y abre puertas a nuevos lectores. Hoy, Editorial De l’aire lo reedita.
Dos. Un libro inédito “Mona blanca trepada en el octavo”, llega a las manos de Editorial Palabrava, y las editoras deciden que sea parte del catálogo de la colección Anamnesis, donde se conjuga la imagen con la palabra, y para eso convocan a la fotógrafa Karina Di Pasquale.
Estos dos libros son motivo de celebración, su edición es un aporte a la poesía. La presentación será el viernes 19 de agosto a las 20 en la Caja de Ingenieros, Crespo 2770, con entrada libre y gratuita.
PULSIONES LITERARIAS
Hace 23 años se publicaba la primera edición de “Amor en mano y cien hombres volando”, escrito por Geller junto a otras dos poetas Patricia Severín y Adriana Díaz Crosta. Fue un libro revolucionario, feminista, no indulgente, jugado. Tres mujeres se reunían para decir, sin tapujos, lo que cada una pensaba sobre el amor, los hombres, la vida.
“Presentar éste libro en ésa época, con obra de teatro de ‘Las Casquivanas’, y fragmentos de películas de donde se extrajeron escenas de amor y desamor, significó llenar salas de teatros para exponer una problemática hasta ese momento silenciada”, cuenta Severín.
Tres experiencias diferentes, tres miradas que convergieron en este libro. Mujeres que además eran amigas, y lo escribieron en épocas dónde no había celular ni e-mail. Viajaban para encontrarse y trabajar sobre los textos cuándo sus pulsiones literarias superaban la responsabilidad de ser madre, esposa y trabajadora rentada.
“Éramos hermanas. Nos elegimos cuando la vida nos puso frente a frente. Era la única que me visitaba en Reconquista y en verano. Toda una heroína. Quedábamos noches enteras conversando a la luz del velador, con el infaltable cigarrillo entre los dedos”, la recuerda y agrega “nuestra agenda apuntaba charlas de amores y desamores, amigas y darse cuenta, libros y escritura en cada margen de la conversación. Corregíamos los textos hasta quedar exhaustas luego de implacables devoluciones. Y nos maravillábamos cuando la otra encontraba la joya de la palabra justa”.
LA MONA
En “Mona blanca trepada en el octavo”, Graciela Geller deja su herencia. Es un libro que atesoraba su hija, textos inéditos antes de su partida. Editorial Palabrava lo rescata y piensa en una edición dentro de su colección Anamnesis, donde se conjuga la imagen con el texto.
Las poesías de Graciela están acompañadas por las bellas y expresivas fotografías de Karina Di Pasquale, un encuentro de verdadera comunión. “Fue un trabajo cargado de una enorme responsabilidad: más allá de la calidad que todo trabajo exige, en este caso la autora de esos versos, la generadora de esas imágenes, la que abría un surco entre la palabra y la mirada, no estaba aquí”, adelanta Karina.
Reza la contratapa sobre los textos “un hilo tenso recorre las ausencias, los amores y los desamores y abre una diáspora de preguntas que traspasan al lector. Visceral y femenina, una poesía escrita con el cuerpo, con lo que está más allá de la piel y los sentidos”.
“Trabajar sin el autor, es como caminar con un solo pie. La letra y la imagen tienen que sumar, tienen que expandir el universo de la obra, aportarle más sentido, más vuelo. Si no sucede, no sirve. Sólo es un libro ilustrado, y yo no creo en los libros ilustrados. Creo en los libros polisémicos”, explica y agrega: “ese hilo que buscaba celosamente, estaba ahí, en sus versos maravillosos, tendiéndome la mano. Surgieron imágenes nuevas pero también aparecieron en mi mente otras que ya había hecho en el mismo registro”.
El libro es, por momentos, un autorretrato de la poeta. Al mismo tiempo, son preguntas, repuestas, interpelaciones para cualquiera. Ausencias, amores, desamores, viajes al interior de uno mismo, denuncias, la poesía como objeto, los miedos y las esperanzas. Son regalos que se comunican con la imagen, que potencia, que enaltece, que dialoga, que se funde.
“Siento que todos sus poemas fueron escritos en el silencio, en la soledad, en la quietud de una casa, en el remanso del sol, desde el dolor y la nostalgia. No es muy distinto con mis imágenes. Son fotos que aparecen sólo desde la calma, dolorosa también muchas veces, suspendidas en el aire. Dos mujeres que no nos conocimos, que jamás nos encontramos en el tiempo, celebrando, de pronto, este maravilloso fluir hacia un mismo centro”, concluye.


ESA MUJER
Por Roberto Schneider
Brillante. Inteligente. Profunda. Intelectual. Perturbadora. Soñadora. Inquietante. Modificadora. Angustiante. Torbellino. Sagaz. Provocadora. Risueña. Mordaz. Incisiva. Demoledora. Bella. Triste. Alegre. Madre. Amante. Y Amiga. Y mucho más. Y más. Así era. Así fue esa Mujer: Graciela Geller.
Su vida se truncó de forma prematura, a la vez que avanzaba a pasos agigantados su promisorio futuro en el mundo de las letras. Siempre criticó su propia época y rompió ciertos “esquemas” literarios. Siempre se quitó los corsés impuestos en las capillas literarias, para crear en sus cuentos, en sus novelas y en su poesía mundos insospechados, con señas de identidad propias.
Asomarse al mundo de esa Mujer es asomarse a su propio universo creativo que pendula entre las huellas de su historia y su vida de mujer íntegra, vital, apasionada. Sus hijos fueron su más preciado tesoro y sus amigos una pasión indisimulable. Todo y toda ella está en su obra. Para toda la vida. El amor y el sexo, sin ambages, también se hicieron presentes para mostrar lo escurridizo del alma. Humor, profundidad y humanidad dibujaron círculos concéntricos en su conciencia humanitaria y en su pasión por la escritura.
Su vida fue una intensa aventura estética. Volvió siempre al pasado para entender su presente y, de algún modo también, proyectarse al futuro. En polifonía, los personajes de sus obras se hacían carne en su corazón, tan fuerte como la profunda y lacerante mirada de sus bellos ojos celestes. Buceó permanentemente en sus pensamientos para desprenderse del mundo material y crear sus propios universos literarios.
Abrió en la literatura santafesina caminos nunca antes transitados en la manera de contarnos el mundo. Su mundo, ese que compartió con tanta generosidad. Y que por eso es tan rico. Por eso recordamos con amor a esa Mujer.


Los que me enseñaron de la vida tenían los anteojos al revés
En esta edad
tengo todas las edades
La mujer que se preñó
convive con la chiquita de los rizos mixturados
y con la escribiente de los versos de hoy
Cuando cumplía los cuarenta
tenía diecisiete a la vez
En un momento
están todos los momentos
¡Si hasta reflejo las canas
y el bandoneón en la sonrisa
de la que seré después!
Postal
Estás sentado en mi nostalgia
mirando hacia arriba
como un niño de agua
mientras la tarde
sacude su crepúsculo
adentro de mis ojos
adentro de mis ojos
Mona blanca trepada en el octavo (*)
Soy la que abajo firma
Una mujer cualquiera
Con dolor en el bajo vientre
cada veintiocho días
con sueños de idilios imposibles
mes por medio
dos hijos una cama
un teléfono que a veces desenchufo
cuadros plantas el Bolero de Ravel
amigos que tocan a mi puerta
con las yemas húmedas
gente terrible y gente candorosa
saliendo de las axilas
y un futurito en escarpines
dando la vuelta manzana
en el árbol de la esquina
(*) fragmento