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Crónicas de la historia

Los Insurrexit, dos experiencias de la izquierda en el siglo veinte

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Echebehere y "Mika" Feldman en España.

 

No se equivoca el historiador Horacio Tarcus cuando observa que Insurrexit en muchos aspectos es más una leyenda que una realidad, entre otras cosas porque existe poca documentación para certificar los hechos. De todos modos, la leyenda tiene ciertas conexiones con esa realidad y son esas conexiones las que nos advierten, en primer lugar, que hubo dos Insurrexit: uno a principios de los años veinte -de signo libertario-; y otro, que se inicia a principios de los treinta hegemonizado por el Partido Comunista. Ambos son movimientos culturales y políticos de izquierda, ambos cuentan con protagonistas intelectuales destacados de su tiempo y ambos serán recordados no sólo por los izquierdistas que allí militaron, sino también por quienes pasaron por esas filas pero luego renegaron de sus ideales de izquierda.

El primer Insurrexit se constituye en 1920 y el número uno de la revista nace el 8 de septiembre de ese año. Insurrexit sale en un tiempo de profundos cambios y novedades intelectuales. La Reforma Universitaria, las revoluciones rusa y mexicana, los libros de Marx, Freud y Nietzsche en el marco de una Argentina cuyo proceso acelerado de modernización pone en evidencia los contrastes sociales pero también los deseos de cambio.

El primer número de la revista muestra algunos epígrafes sugestivos: “Una rebeldía seria, reflexiva, donde palpita la impaciencia y estalla la pasión”. Los jóvenes se piensan como la izquierda del movimiento reformista de 1918 y apoyan la revolución rusa, pero observan con ojos críticos sus tendencias totalitarias.

La sede política de los jóvenes será el local del Sindicato de Empleados de Comercio de calle Suipacha 74. Allí su comisión directiva se reúne los sábados a la tarde, mientras que los domingos se destina para conferencias y debates. En Insurrexit militan algunos dirigentes de la Reforma Universitaria de 1918 e incluso se destacan jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional del Litoral, entre los que merecen destacarse Francisco Piñero e Hipólito Echebehere.

La presencia juvenil en Insurrexit no reniega de la participación de otras generaciones. En la revista escriben Alfredo Palacios, un Leopoldo Lugones que todavía no había iniciado su marcha hacia el fascismo. En su año de existencia se publican poemas de Alfonsina Storni, relatos de Horacio Quiroga y textos de Arturo Capdevila. En las reuniones de los domingos participa Víctor Raúl Haya de la Torre en su condición de dirigente reformista exiliado en Buenos Aires.

Los jóvenes se proponen vincular la vanguardia política con la vanguardia estética y los ideales de la libertad con los objetivos de la Justicia. “Un despertar alado, cuando lejos se va levantando el sol”, escriben, una imagen que recuerda a Walter Benjamin y el mito tan querido por los anarquistas: Icaro.

Rebeldes, inconformistas, talentosos, los muchachos de esos años veinte se proponen, al mejor estilo de Rimbaud, cambiar el mundo y cambiar la vida. Algunos de sus textos desafían el conformismo juvenil con ironías y críticas filosas. Un manifiesto destinado a la juventud universitaria dice: “¿Qué es cada uno de ustedes? Vamos a ver. Un traje entallado, un zapato Walk Over, una corbata, otras chucherías. Todo a cargo de papá y mamá”.

La publicidad que invita a leer la revista hoy, nos puede provocar sensaciones confusas, pero en su tiempo esas palabras eran muy representativas del nivel de debate político de entonces. “Si usted tiene en sus venas algo más que agua sucia, si usted no puede tolerar una injusticia sin sentir en su rostro el rubor de la especie, si usted no tiene miedo a la verdad, lea Insurrexit”.

Insurrexit durará apenas un año pero hará historia. Por su consejo de redacción pasaron jóvenes que en un futuro no muy lejano se destacarán en el universo de la izquierda desde posiciones diferenciadas a las del Partido Comunista y el Partido Socialista. Se destacan entre otros Pedro Milesi, el mítico camarada Pedro de Córdoba, Mateo Fossa, Héctor Raurich, personajes que muy bien podrían integrase a la galería que Tarcus calificó con certeza como el “marxismo olvidado”.

En 1923 y con 22 años muere en un accidente de tránsito Francisco Piñero, uno de los fundadores de la revista. Un jovencísimo Jorge Luis Borges escribe en su homenaje palabras que revelan, entre otras cosas, a un Borges que además de su izquierdismo juvenil ya era un “iluminado” de las letras. Dice en la ocasión: “De golpe, con la injuria y la precisión de una afrenta, ha desalmado nuestro fervor el fallecimiento de Francisco Piñero, autor de una marcha de versos altaneros, definitivos como estatuas”.

Dos personajes de Insurrexit se incorporan a la mitología de la izquierda. Se trata de Micaela ‘”Mika” Feldman y su compañero Hipólito Echebehere. Ambos de izquierda, ambos libertarios, ambos internacionalistas; los dos santafesinos: Echebehere, nacido en Sa Pereira; Mika, en Moisés Ville. Después de su experiencia en Insurrexit se fueron a vivir a la Patagonia y a principios de los años treinta están en Berlín donde participan en las luchas sociales que habrán de concluir con la llegada de Hitler al poder.

Hipólito y Mika se trasladan a París, y en 1936 los dos están en España militando en el Poum. Echebehere, es el jefe de la brigada militar de esa fuerza política y muere en combate a fines de 1936. Mika continúa en España hasta la derrota de la República; después regresa a París, en algún momento intenta retornar a la Argentina, pero la espanta la llegada del peronismo al que identifica con el fascismo y vuelve definitivamente a París, donde muere en 1992, reconocida por la izquierda europea como un puntal del pensamiento libertario, honor adquirido por la publicación de un par de libros testimoniales impecablemente escritos.

El otro Insurrexit nace en 1931 bajo el auspicio del Partido Comunista y la presencia de intelectuales destacados de esta agrupación, como Héctor Agosti, Ernesto Giudice, Paulino González Alberdi y Alcira de la Peña. Insurrexit tendrá gravitación en el movimiento estudiantil de esos años y sus filiales se extenderán a Córdoba, La Plata, Rosario, Santa Fe y Tucumán. Insurrexit está dirigido por los intelectuales del PC, pero en sus filas militan jóvenes que no necesariamente están afiliados al partido que dirigen Codovilla y Ghioldi.

Entre 1933 y 1935 Insurrexit conquista la conducción de la Federación Universitaria Argentina (FUA). En 1934, Carlos Moglia es presidente de la FUA por Insurrexit , y en 1935 lo será Baltazar Vicente Jaramillo, el mismo que doce años después fundará la revista “Qué sucedió en siete días”, publicación emblemática del pensamiento renovador de esos años, pero, sobre todas las cosas, una referencia de la renovación periodística de su tiempo. “Qué pasa” será considerada la “Time” argentina. Las disidencias con el peronismo provocarán su clausura, por lo que renudará su actividad intelectual después de 1955.

Jaramillo pertenecía a una familia riojana de muy buena posición económica. Los Jaramillo fueron diputados, jueces y senadores, pero por sobre todas las cosas, protagonistas del poder. El padre alguna vez fue interpelado en el Congreso por la militancia política de su hijo supuestamente financiado por Moscú. Su respuesta fue efectiva. “Mi hijo no gasta la plata de Moscú, lamentablemente gasta la plata de este bolsillo”.

Otro de los dirigentes históricos de Insurrexit fue Narciso Machinandiarena, presidente de la Fuba en 1935. Narciso pertenecía también a una familia de excelente posición económica. Su padre era hacendado, empresario y uno de los dueños del casino de Mar del Plata. Machinandiarena y Jaramillo conocerán a otros militantes de Insurrexit que también darán que hablar en el futuro y no precisamente por izquierdistas. Me refiero a Rogelio Frigerio, Ernesto Sábato, Isidro Ódena, Ricardo M. Ortiz, Gerardo Sofovich -tío de los personajes de la farándula- y un joven estudiante de Medicina de Rosario que será asesinado durante la dictadura peronista: Juan Ingalinella.

por Rogelio Alaniz

ralaniz@ellitoral.com

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