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Según Gastón Fernández Palma

“Se viene el apagón tecnológico”

  • El productor, ex titular de AAPRESID y MAIZAR, reclamó una mirada superadora y tildó de “inconducente” la discusión por el uso propio ante la gravedad del impacto de las malezas en la agricultura argentina.
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En los últimos 8 años las malezas se cuadruplicaron: hoy hay más de 24 biotipos de malezas resistentes en nuestro país. Foto:Campolitoral

 

Campolitoral

campo@ellitoral.com

Fernández Palma disertó esta semana en la Comisión de Agricultura de Diputados. Lo hizo como ex presidente de AAPRESID y de MAIZAR, pero sobre todo, como un mediano productor de la zona de Necochea y Tucumán.

“Estamos pagando un precio muy caro por no contar con un sistema que respete la innovación, (frenados en la discusión por el pago adecuado de la tecnología)”, sostuvo.

Según el especialista, el problema histórico de la producción Argentina son las malezas. “Tenemos uno de los mayores ambientes agrícolas del mundo, pero así como están bendecidos nuestros cultivos, también están bendecidas las malezas. ¿Saben lo que es para un productor ver casi el 90% de un lote perdido por malezas como el yuyo colorado? Porque según cual sea la maleza, las pérdidas de rinde van desde un 35 hasta más de un 90% del lote”, agregó.

Además, explicó que ya no hay como combatir las malezas sin tecnología. “El error de pretender volver a la mecanización como sistema de producción, no solo no soluciona el problema puntual, sino que lo agrava ante la pérdida de los logros en estructura física, química y biológica del suelo y la reaparición del banco de malezas. Los paquetes químicos que estamos usando no sólo no están siendo eficientes, sino que son caros y nos sacan de toda competitividad; sin mencionar que sería inviable por el costo de los combustibles”, sostuvo.

La multiplicación de los yuyos

En los últimos 8 años las malezas se cuadruplicaron: hoy hay más de 24 biotipos de malezas resistentes en nuestro país. Por eso, defendió la creación del programa REM (Red de Malezas Resistentes, encabezado por AAPRESID con la participación del INTA, las Universidades y las Técnicas), como la respuesta desde la producción.

“Las malezas implican mayores costos de producción, y menores rindes”, analizó. De hecho, las pérdidas en rindes por malezas resistentes representan hoy 7 mil millones de dólares por año, los costos en herbicidas rondan en promedio los 150 U$S/ha, y los tratamientos requieren además el uso de mayor cantidad de productos. Cada año, los productores entierran más de 3 mil millones de dólares en combatir malezas, algunos paquetes químicos cuyos orígenes pueden remontarse a los años 40, sin lograr resolver el problema.

“Como productor, no entiendo como llegamos a esto. Esta pérdida de competitividad ya tiene precio: 10 mil millones de dólares por año, sólo por un problema. Tenemos muchos más, pero uso este ejemplo porque todos los productores lo sufren”, criticó.

Para Fernández Palma, si el problema es que algunos representantes están preocupados por una supuesta excesiva rentabilidad de las empresas semilleras, deberían colocar en la balanza los beneficios que los eventos biotecnológicos pueden generar a la economía del país, comenzando con el ahorro de los 10 mil millones de dólares precedentemente explicados, y los que pueden venir con el valor agregado.

“Debemos recalcular como estamos evaluando los costos y los beneficios, y qué valor ocupa el precio de la tecnología en toda la ecuación”.

Pérdida de competitividad

Además, analizó que no estamos alcanzando el nivel potencial de producción y estamos perdiendo competitividad frente a nuestros vecinos como es el caso del Paraguay, cuyas exportaciones agrícolas aumentaron 13 veces, las de Brasil (8 veces), mientras la Argentina no acompañó estos crecimientos. “Llevamos años debatiendo modificaciones a la Ley de Semillas, lo que nos condujo a un estancamiento tecnológico. Ya hoy, los productores argentinos no cuentan con las mismas oportunidades que nuestros vecinos, porque ya no llegan las semillas que tienen los productores norteamericanos ni las que están por tener nuestros vecinos. En síntesis, el tan temido apagón tecnológico ya se está dando”, se lamentó.

El hecho, según Fernández Palma, tiene ribetes trágicos. “No sólo estamos estancados, vamos para atrás en la medida en la que se den señales de no respeto a la innovación tecnológica y al pago de la misma, se apaga una oportunidad para hacer más competitivos al país”.

Respecto del retiro de nuevas tecnologías anunciadas con anterioridad, se mostró preocupado ante la cancelación del lanzamiento de una nueva tecnología, “Xtend”, basada en una resistencia de los cultivos al herbicida Dicamba. Y que otra, teniendo una tecnología ya aprobada no la vuelque al mercado, (“Enlist”), resistente al herbicida 2,4D. Se trata de las tecnologías que permitirían ayuda a controlar estas malezas que hoy son un problema. “Ni qué decir de una empresa argentina como Bioceres, que junto con el Conicet desarrollaron el gen de la tolerancia al stress hídrico, al que posiblemente accedan primero los productores americanos, paraguayos, brasileños y uruguayos antes que los argentinos. Ni de los eventos de asociaciones de productores y estados provinciales, como es el caso de la EEOC (estación Obispo Colombres)”, explicó.

“Somos muchos los productores en la Argentina que queremos acceder a las nuevas tecnologías, estamos dispuestos a pagar por su uso para continuar desarrollando una agricultura sustentable de alta producción.

Cuando hay que pagar 150 dólares por ha. para combatir malezas, la discusión por el uso propio es inconducente”.

Pedido a los legisladores

Fernández Palma cerró su disertación apelando al criterio de los productores. “Por favor, legislen para todos, no perdamos alternativas y opciones que forman parte de un paquete de buenas prácticas agrícolas. Confiemos en el buen criterio del productor: si la tecnología no le cierra en los números y en la eficiencia de la misma, no la va a usar. Sería un error legislar para aquellos que la quieran usar sin pagar, porque nos condenan a todos a estar sin tecnologías. Como representante (y lo asumo) de productores preocupados en progresar, aumentar su producción de manera sostenible, invirtiendo todos los años, independientemente de la condición política del país, contribuyendo al crecimiento del mismo y al ingreso genuino de divisas, camino que con la biotecnología nos va a permitir cumplir con el objetivo común de generar producción con valor agregado: no frenen la tecnología, el futuro es hoy”, sostuvo.



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