Los imaginarios tecnológicos en la ciencia ficción
Los imaginarios tecnológicos en la ciencia ficción

Imagen de archivo de la película “Blade Runner” (1982). Harrison Ford se desempeña como el cazador de replicantes Rick Deckhard y Sean Young, la secretaria replicante Rachel. Foto: ARCHIVO
Por Gonzalo Andrés (*)
La ciencia ficción puede ser entendida como una expresión de las percepciones e imaginarios sociales sobre la tecnología y sus efectos sobre el estilo de vida. La literatura y el cine están llenos de utopías y distopías sobre futuras sociedades tecnológicas. De hecho, la ciencia ficción como género nació durante el siglo XIX en Europa, en pleno auge positivista. Por lo cual, se la puede considerar una consecuencia literaria del impacto de la revolución industrial en el imaginario de la Modernidad, que apostaba al desarrollo científico-tecnológico.
Las huellas iniciales del género corresponden al “Frankenstein” de Mary Shelley de 1818, considerada como “la primera historia de ciencia ficción auténtica”. Luego, se pueden mencionar los viajes extraordinarios de Julio Verne publicados a partir de 1863 o más tarde “La guerra de los mundos” de Herbert George Wells de 1897.
Durante el siglo XX el género presentará una profunda decepción ante la promesa moderna y el miedo característico hacia el progreso tecnológico, al constatar los usos perversos que el hombre ha podido dar a la tecnología salvadora de los positivistas. Allí, se registran los relatos de Ray Bradbury, Howard Lovecraft y Anthony Burgess.
En cuanto al cine, las películas más características son “Blade Runner” (1982), “Terminator II” (1991) o “Gattaca” (1997). En ellas, se presentan futuros apocalípticos con máquinas descontroladas y sistemas de dominación social estructurados verticalmente. Al analizar los casos mencionados, se puede argumentar que la industria cultural construye imaginarios públicos ambivalentes sobre la tecnología. La imaginación interviene en los modos de percibir y de entender el mundo. En algunos casos, se presenta a la tecnología como la solución a los problemas sociales y la garantía de un mundo futuro mejor que el presente, pero en otros casos la tecnología aparece como ininteligible, como un objeto cultural ingobernable por parte de los seres humanos y, en otros casos, como un mecanismo para el control y subordinación de los sujetos.

Imagen de “Transcendence: Identidad virtual”. Joseph Tagger (Morgan Freeman) y el agente Buchanan (Cillian Murphy) descubren los avances del “evolucionado” Will Caster (Johnny Depp) y su esposa Evelyn (Rebecca Hall). Foto: Alcon Entertainment ARCHIVO
La ciencia ficción en la era digital
Recientemente, los relatos de ciencia ficción tratan sobre la posible hibridación del cuerpo humano con la técnica. La incorporación de dispositivos cibernéticos cambiaría la estructura del sistema nervioso y daría lugar a la creación de cyborgs, transformando la naturaleza intrínseca del hombre. La tecnología, tras cambiar el entorno donde vivimos, comienza a invadir la mente, mediante la informática y la biotecnología. Por ello, los actuales relatos ficcionales refieren a una virtualización de la realidad, al mismo tiempo que una interiorización del artefacto (y una consecuente erotización del sujeto-máquina).
Esta virtualización de la realidad e interiorización del artefacto en el cuerpo se puede hallar en algunas producciones audiovisuales recientes. Por ejemplo, la serie televisiva “Black Mirror” fue creada por Charlie Brooker en 2011. Consta de tres temporadas, en las que cada capítulo muestra una historia diferente sobre cómo la tecnología influye en nuestras vidas cotidianas. Aquí, la técnica no es un medio para conseguir un fin, sino que funciona como el entorno que habitan las personas. Cada temporada avanza en la configuración de un mundo regido donde las personas viven como si estuvieran en un reality show, la estetización de la vida es criterio de eutanasia y la lógica de impacto mediático regula los modos de hacer política y de ser exitoso. El paradigma tecnológico atraviesa completamente la política, el arte, los medios de comunicación y las relaciones sociales.

“La Guerra de los Mundos”, la novela de Herbert George Wells que fue interpretada en radio por un joven Orson Wells. Foto: ARCHIVO.
Por otro lado, la película “Trascendence” (2014) -dirigida por Wally Pfister y protagonizada por Johnny Depp y Rebecca Hall- trata sobre un científico que crea una computadora con la capacidad no sólo de archivar información sino de crear conocimiento a partir de su análisis. Repentinamente, el científico muere y su esposa viuda decide cargar su cerebro en la computadora cuántica que estaba desarrollando. De modo que la conciencia del científico es cargada a la máquina y conectada a Internet para crecer en capacidad y conocimiento. Ya en su forma virtual, este cerebro maquínico se dispone para construir una comarca utópica ubicada en un pueblo lejano medio desierto. Así, comienza a controlar las mentes de las personas, los sistemas electrónicos e incluso comienza a mixturarse con la naturaleza.
Por su parte, el film “Her” (2014) se basa en un futuro cercano donde un hombre se siente intrigado por el nuevo asistente personal de una computadora. Luego de inicializarlo, el hombre se enamora de la voz femenina del sistema operativo basado en inteligencia artificial. Más que ser un usuario de un sistema, el protagonista se convierte en un compañero fiel quien vive grandes momentos de alegría y convivencia junto a este dispositivo.

Ray Bradbury en Los Ángeles, en 1979. Foto: ARCHIVO
Estas producciones audiovisuales presentan relatos sobre posibles usos futuros de la tecnología digital, que quizás algunos puedan considerarse apocalípticos. La biotecnología y la inteligencia artificial ya nos permiten imaginar una simbiosis total entre el hombre y la informática. Estamos hablando de una mixtura entre el cuerpo humano con la técnica, no ya como prótesis sino como un elemento constitutivo de la vida. De hecho, en “Trascendence” se reduce una persona a puro código conectado en red para lograr su existencia en un ambiente cibernético.
Como vemos, en la industria cultural se manifiestan los imaginarios sociales sobre el devenir científico-técnico. Es necesario analizar estas producciones para entender cómo se conciben las innovaciones técnicas y su relación con los procesos sociales y las decisiones políticas sobre su devenir. Allí se imaginan las funciones, responsabilidades, limitaciones y desafíos de una sociedad que se encamina a la tecnificación total.
(*) Dr. en Comunicación (UNR). Lic. en Comunicación (Uner). Becario post-doctoral de Conicet. En Twitter: @gonza_andres.