UNA LECTURA “ÉTICA, CRÍTICA Y POLÍTICA”
UNA LECTURA “ÉTICA, CRÍTICA Y POLÍTICA”
Pobreza, consumo, patologización: infancia y adolescencia vulneradas
Especialistas reflexionaron, en una jornada realizada en el Hospital de Niños, sobre la ausencia de estadísticas que permitan trazar políticas públicas, la realidad en los barrios postergados, el avance del narcotráfico y la imperiosa necesidad de poner estos temas en agenda.

“Todos construimos infancias y adolescencias: padres, docentes, psicólogos y profesionales de la salud”, es la consigna que guía el trabajo y las jornadas de reflexión.
Foto: Archivo El Litoral
Nancy Balza
El consumo de sustancias a edades más tempranas; la manera en que operan la pobreza y la falta de acceso a los derechos básicos en la construcción de nuevas subjetividades; patologización, medicalización y discapacitación de los niños que parecen no entrar en el “molde” y, de fondo, la necesidad de hacer una lectura “ética, crítica y política de las infancias y adolescencias” fueron los ejes de una jornada organizada por trabajadores del Estado que se realizó a fines de agosto en el Hospital de Niños Orlando Alassia y que, en diferentes escenarios y con distintos temas, está previsto repetir cada año en el mes que celebra a niños y niñas.
Con la premisa de que “todos construimos infancias y adolescencias: padres, docentes, psicólogos y profesionales de la salud”, la jornada estuvo destinada a trabajadores en distintos campos. El Litoral dialogó con cinco profesionales, en representación de un grupo mucho más grande; para ser más exactos, “un colectivo que se viene reuniendo desde abril y que llegó a esta jornada a través de asambleas y otras formas de participación”.
La psicopedagoga Virginia Erni y las psicólogas Florencia Pacitti, María José Elías, Lorena Aguirre y Natalia Sobrado -que trabajan en el sector Salud Mental e integran el colectivo mencionado- manifestaron que “la necesidad de realizar esta jornada surge de detectar la ausencia de políticas públicas en el campo de la salud mental y de articulación con otros ministerios”.
En cuanto a las estadísticas, desde el Ministerio de Salud, “salvo las tasas de natalidad, de mortalidad y de fecundidad, no se describe la problemática de los trastornos psíquicos, de las dificultades escolares, del consumo de sustancias, de la prostitución, del maltrato, de cuántos niños están institucionalizados o cuántos hogares hay”, señaló Aguirre. El dato no es ocioso: “Con estadísticas se pueden construir políticas”, aporta Sobrado.
No es el único aspecto que preocupa: el efecto de la pobreza, pero más todavía, de lo que denominan una “privación simbólica” y una dificultad muy profunda en el acceso a sus derechos básicos es otro de los temas que se abordaron, sobre todo entre profesionales que trabajan en los barrios. Precisamente, uno de los paneles se denominó “Una mirada del noroeste de la ciudad: ¿territorio invisibilizado?”. Y ya se verá por qué la pregunta.
En cuanto al nivel socio educativo, los equipos que intervienen ante la vulneración del derecho a la educación por múltiples razones, desde una perspectiva subjetiva, cuentan con 10 duplas de profesionales para toda la región IV que abarca “desde Maciel hasta San Javier y Pedro Gómez Cello, más las ciudades de Santa Fe y Santo Tomé, y que suman en total 800 establecimientos -incluidas las escuelas privadas”.
NUEVOS CONTEXTOS,
—Más allá de los temas que abordaron en la jornada, desde que comenzaron a trabajar en el servicio ¿vieron cambios en las problemáticas que se presentan?
Aguirre: —Desde el año 2000 a la actualidad, la casuística cambió muchísimo. El narcotráfico se ha instalado en los barrios marginales vulnerando infancias y adolescencias de manera completamente distinta de lo que se observaba en el ‘99/2000. Hoy, se ven chicos baleados, en un contexto de inseguridad, sin espacios verdes ni lúdicos para que puedan disfrutar del encuentro con otros y del juego. Este contexto social cultural genera otra producción de subjetividades.
Sobrado: —Hay una retirada de ciertos sectores, de salud, desarrollo social; pero una fuerte presencia y avance de las fuerzas de seguridad. Hoy, los territorios tienen muy marcada la presencia de las fuerzas de seguridad, lo cual es complejo sobre todo para los adolescentes que son muy sesgados y maltratados. Esto también va construyendo subjetividad.
—¿Desde qué edad comienzan a definir la adolescencia?
Pacitti: —A partir de los 12 años, desde la pubertad.
Aguirre: —En los barrios marginales la adolescencia se puede plantear a los 9 años. Lo que se achica es el período de “latencia”. En la infancia, hay un período que es necesario para un reacomodamiento psíquico en el sujeto, previo al despertar puberal.
Sobrado: —En el contexto del que estamos hablando se quita la posibilidad de ser niños. Y tenemos chicos de 8 ó 9 años fuertemente violentados. Eso también rompe la infancia.
—¿Bajó la edad de consumo de sustancias?
Aguirre: —Se registran casos en adolescentes a partir de edades de 11 años. Llegan intoxicados y en estado de crisis subjetiva.
Pacitti: —Ingresé en 2003 al hospital. Antes, lo central era el problema de conducta, de aprendizaje escolar, o que un niño o niña no hacía caso. Y ahora no sólo son más graves los motivos de consulta sino que se dan a más temprana edad.|
Sobrado: —De la jornada, participó mucha gente que trabaja en territorio y planteó que lo que llega al hospital es proporcionalmente muy bajo en relación con la gran población que no tiene ese acceso. Creo que lo que llega al hospital es una pequeña porción de lo que acontece y lo que acontece es, en muchos casos, el desamparo y la desidia.
Aguirre: —Las profesionales plantearon la existencia de un territorio ¿invisibilizado? por el retraimiento de diversos ministerios, la existencia de dos CAF para 11 barrios, el crecimiento exponencial de los asentamientos sin recursos básicos para la vida (agua, baños) y la falta de recursos capacitados. Hay un caudal de situaciones de vulneración de la niñez y de toda la población en lugares donde es difícil entrar pero también salir cuando las mujeres tienen que parir, o los chicos tienen que ir a la escuela o se produce una situación de violencia.
Sobre cómo pensar las infancias y adolescencias, “para que podamos contribuir desde nuestros lugares de trabajo y no seguir siendo parte de una lógica que cada vez agranda más la brecha”; cómo poner en agenda y visibilizar esta mirada ideológica sobre las infancias; y cómo llevar a la práctica la premisa de la Ley de salud Mental que “instala los derechos humanos al interior de las instituciones, no sólo de salud”, se debatió en la jornada de trabajo de la que se espera surgirán nuevas conclusiones y propuestas.
UNA AGENDA
El objetivo de la jornada que se realizó el 25 de agosto fue iniciar una serie de reuniones, poner el tema de infancias y adolescencias en la agenda pública, generar una construcción social del tema “que entienda de qué se trata el padecimiento” e instalar en el imaginario “otro discurso que no sea el de los jóvenes violentos, peligrosos, adictos o patologizados”.

Victoria Rinaldi, Guadalupe Martínez, Macarena Palacín, Soledad Erpen, Anabela Melano, Verónica Berisvil, Lucia Schnidrig, Natalia Sobrado, Florencia Pacitti, y Lorena Aguirre, profesionales del colectivo de trabajadores del Estado en infancias y adolescencias que realizaron la jornada.
Foto: Flavio Raina.
“CONDICIONES DE POSIBILIDAD”
Desde su disciplina profesional, Virginia Erni aporta otro punto de vista. “En psicopedagogía, la mayor demanda tiene que ver con las dificultades propias de los niños que están en edad escolar primaria y -en particular- con evaluaciones cognitivas previas a un diagnóstico que termina dirigido a una junta de discapacidad. En este tema, tenemos una posición clínica y ética construida que tiene que ver con atender otras cosas que pueden suceder con este niño en la familia y en la institución escolar”. El objetivo de este abordaje, junto con trabajadores sociales y del nivel socioeducativo, es “crear condiciones de posibilidad”.
Por otra parte, de la mano de la “discapacitación”, entran en la escena de lo escolar los adultos que acompañan a este niño (acompañante terapéutico, docente integrador, docente titular); “son más adultos acompañando a un niño con una problemática que trabajando en cómo vive esa niñez una persona nombrada por un diagnóstico”.