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Le exigían a Lifschitz lo que Vidal no concedía - Edición Impresa - Política | Economía Política

La resistencia del gobernador ante Macri

Le exigían a Lifschitz lo que Vidal no concedía

La deuda histórica de la Nación es cosa juzgada en el caso de nuestra provincia, pero plantea una hipótesis incierta para el principal distrito del país respecto del Fondo del Conurbano.

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Lifschitz y Vidal, en el foco de la discusión. foto: archivo

 

Ignacio Hintermeister

“Deberían llamarse Lecon: Letras de Cancelación de Obligaciones Nacionales”. Así bramaba (por lo bajo) el ex ministro de Hacienda de Santa Fe, Juan Carlos Mercier, cuando salía del Consejo Federal de Inversiones mientras los gobernadores (Reutemann, entre ellos) trataban de arreglar desarreglos nacionales que tenían en Buenos Aires un agujero negro inconmensurable.

La historia no se repite, pero a veces lo parece. Desde los ‘90 Santa Fe aporta mucho y recibe poco; los últimos gobiernos del PJ fueron de equilibrio fiscal y a Lifschitz le llovió maná del cielo cuando la Corte, que le había denegado justicia durante años a los santafesinos, resolvió finalmente que era ilegal lo que Cristina les descontaba: 15% de la coparticipación, todos los meses.

Córdoba y San Luis también tuvieron reparaciones por la ilegalidad durante el todopoderoso Estado kirchnerista. El mismo que sometía a Daniel Scioli en los últimos años al arbitrio de la Casa Rosada.

María Eugenia Vidal busca reparar eso y también fue a la Corte, a reclamar porque el Fondo del Conurbano está “congelado” desde mediados de los ‘90. Y entonces pide unas sumas monumentales por cuotas de coparticipación de aquí en adelante, y por deuda histórica desde entonces.

A nombre de Mauricio Macri, Rogelio Frigerio amenazaba con descontar el Fondo Soja a los gobernadores que no consientan bajar ingresos brutos y renunciar a sus juicios con la Nación. Aclaración al paso: si la soja no pagara retenciones, aportaría a Ganancias, que son coparticipación automática y el poder central -llámese Cristina o Mauricio- no tendría esa amenaza discrecional a mano.

Miguel Lifschitz hizo malabares por estas horas para defender los más de 50 mil millones de pesos (actualizados) por la deuda histórica que la Nación acumuló con la provincia. Eso es cosa juzgada, pero Frigerio presionaba para que Santa Fe renuncie.

La Casa Rosada puso como ejemplo a Vidal, que también renunciaría a la demanda ante la Corte. Pero la bonaerense dice que eso sucedería después de firmar el eventual acuerdo, y además lo hace suponiendo cosas que no necesariamente son ciertas.

¿Hay deuda histórica de la Nación con Buenos Aires? En los hechos eso es un fantasma. Primero, porque se cumplió lo que la ley fijaba -y eso hace opinable un recurso jurídico- y sobre todo porque si el tribunal acepta revisar el caso, tendría que poner sobre la mesa todo lo que los gobernadores bonaerenses recibieron discrecionalmente del gobierno “a sola firma” de Néstor y Cristina, que tenían emergencia económica, obsecuencias provinciales y escribanía parlamentaria para hacer lo que quisieran en un país federal por derecho y unitario de hecho.

Un castigo al mérito

Agustín Rossi solía decir que Santa Fe tendría los beneficios del modelo kirchnerista si lo votaban. Curioso: ahora la provincia socialista padece una extorsión similar por no ser del mismo signo político que la Casa Rosada, aunque allí lo que era celeste sea hoy amarillo.

Las gestiones de Obeid y Reutemann padecieron discriminación por estar con cuentas al día. La provincia “poderosa” -aunque algo en rojo por estos días- también tiene que aportar por los que no se portaron bien, sobre todo los Estados chicos del norte (¿alguien recuerda que Menem proponía regionalizarlos por inviables?), que tienen enormes déficit incluso con sus cajas de jubilación transferidas.

El problema es que si la Nación tiene que pagar todo a Santa Fe y por lo que supuestamente le debe a Buenos Aires, el acuerdo nacional se cae porque se hunde el barco en el que están todas las provincias. La solución que no llegue por consenso precipitará entonces en espanto, a menos que los que hicieron bien las cosas, una vez más, pongan de lo que tienen.



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