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Tribuna de opinión

A la uruguaya: internas abiertas más lemas y sublemas

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Elecciones en Uruguay. El uso de listas/boletas por sublemas, generan una gran cantidad de impresos que se entregan puerta a puerta y en las calles.

Foto: Archivo El Litoral

Claudia Susana Catalín

Cuando pensamos en Uruguay, tenemos un sentimiento de cercanía y hermandad, con historia y características en común. En materia electoral, es interesante conocer algunas cuestiones del proceso uruguayo, que tuve oportunidad de acompañar el pasado 30 de junio, formando parte de la Misión organizada por el Foro Federal de Organismos Electorales provinciales de la República Argentina y el Observatorio de la Universidad Nacional de La Plata.

Si algo se destaca, es la confianza de la ciudadanía y de todos los intervinientes en el proceso. Gran diferencia si consideramos que, en nuestro país, a pesar de tener procesos electorales totalmente legitimados, aún se escucha de boca de relevantes personalidades y ciudadanos de a pie, algún dejo de sospecha sobre resultados electorales, que tuvieron todos los controles cruzados previstos funcionando perfectamente y no fueron objeto de planteos jurídicos, sino sólo mediáticos -“miente, miente que algo queda”-. Esto no sucede en Uruguay, se percibe un grado de responsabilidad individual y colectiva que no admitiría cuestionamientos infundados.

El grado de convivencia, respeto, cooperación y colaboración entre las fuerzas políticas es muy notable. Esto se evidenció durante la campaña, en las voces de los precandidatos y los militantes, pero sobre todo durante los comicios. Aún con veda, es legal la entrega de las listas/boletas electorales (no así la publicidad electoral) y se podían encontrar puestos en las calles, de todos los colores políticos realizando la entrega. Incluso, desde un comando de campaña, nos informaban que si tenían disponibilidad o posibilidad de conseguir listas de otros lemas y/o sublemas, facilitaban la entrega al ciudadano, considerando que “si ya tenía decidido su voto, no lo iba a modificar aunque se le entregara otra lista” y así lo hacían en función de facilitar el ejercicio del derecho. Otros detalles interesantes: la comunicación de números de teléfonos donde solicitar a domicilio las listas y la posibilidad de organizar el “acarreo” de electores que lo solicitaran, mediante autos identificados con banderas nacionales y partidarias.

Las campañas se observan muy pacíficas y ordenadas, aunque el uso de listas/boletas por sublemas, generan una gran cantidad de impresos que se entregan puerta a puerta y en las calles, generando costos muy altos para los competidores y gran despedicio de papel.

Los comentarios de todos resaltaban la aparición de un outsider de la polÍtica, con mucho dinero, gran despliegue mediático y presencia en las calles de militantes supuestamente pagos, lo que generó un cambio trascendente en los modos de convivencia política habitual y en la forma de llegar a los ciudadanos con todo tipo de promesas, en general esta modalidad fue rechazada por la clase política y los militantes.

Las elecciones internas, son abiertas y simultáneas pero no obligatorias, observándose un continuado descenso de la participación ciudadana en esta instancia, sólo levemente mejorada en los últimos comicios, donde asistió el 40% de los electores habilitados, superando las expectativas que indicaban que el “clima” electoral -de cierta apatía- y climático -frío y lluvioso-, sumado al resultado del partido disputado por la selección de fútbol uruguaya y el inicio de las vacaciones de invierno, podían disminuir la asistencia.

Para votar se necesita contar con una Credencial Cívica -diferente del documento de identidad- que se tramita ante la autoridad electoral, en un plazo determinado y que genera un “padrón” para cada Circuito (mesa de votación). La participación en las Internas no es obligatoria, por lo que no hay sanción prevista para las ausencias en esta instancia (luego es obligatoria y las multas y sanciones son aplicadas).

La conformación de las autoridades de los Circuitos, es con asistencia perfecta. Se integran con dos funcionarios públicos y un/a escribano/a, los primeros con un fuerte compromiso y conciencia de su deber, que cuentan además con compensación y los segundos, conforme una ley que establece que aquellos que dependen del estado o sean incluidos en un listado del colegio profesional, son designados, con importantes exenciones impositivas. El funcionamiento es desde las 8:00 hasta las 19:30 hs., pudiendo votar durante una hora más si se encontraran en la fila.

La gran cantidad de listas en competencia, hacen complejo el “cuarto secreto”, que se organiza tras un biombo de cartón provisto por la Corte Electoral y que lo separa de las autoridades y la custodia de la urna a cargo de un miembro de las Fuerzas Armadas, en general dentro de aulas en las escuelas, aunque también se habilitan oficinas públicas, clubes y otras instituciones.

El escrutinio primario demanda bastante tiempo, aunque está muy establecido el procedimiento de conteo de sobres, apertura, y contabilización, registrándose voto a voto en una planilla especial que luego se traslada a las Actas de Escrutinio que confeccionan los escribanos/as.

Es destacable el nivel de compromiso de todos los intervinientes, la gran colaboración convivencia y respeto. El proceso es pacífico, ordenado e incuestionable para la percepción de la ciudadanía. No hay acusaciones de fraude (conducta que reprueban todos), se consideran legitimados los resultados y los competidores por cada sublema, se presentan aunados tras el precandidato ganador de la interna.

La normativa electoral es anterior al año 2000, aunque se han introducido algunas herramientas tecnológicas -tablets- para el funcionamiento de la mesa y escrutinio, pero se caracteriza por su estabilidad en el tiempo.

Compitieron 15 partidos políticos, de los cuales 4 presentaron internas, (Partido Nacional: 5 sublemas; Partido Colorado: 3; Frente Amplio: 4 y Partido de la Gente: 2), 28 precandidatos a presidente (sólo una mujer) y unas 3000 listas en total, ya que se eligen los miembros del Órgano Deliberativo Nacional y del Órgano Departamental.

La evaluación de los diversos actores es favorable al sistema electoral por considerar que es una razón por la que los partidos políticos funcionan con fortaleza y calidad institucional. No obstante se perciben algunas voces que proponen la obligatoriedad del voto para esta instancia de internas, como forma de revertir cierta apatía en el electorado.

En conclusión, no hay recetas perfectas en materia electoral, cada realidad local con su cultura, historia y desarrollo deben considerarse a la hora de diseñar sistemas electorales y sus reformas, así como determinar previa y claramente el problema a resolver y las medidas que coadyuvarán a ello.

Si nos empeñamos en pensar modificaciones que sólo respondan a intereses parciales y egoístas, los resultados no serán mejores.

Se destaca la confianza de la ciudadanía y de todos los intervinientes en el proceso. Gran diferencia si consideramos que, en nuestro país, a pesar de tener procesos electorales totalmente legitimados, aún se escucha de boca de relevantes personalidades y ciudadanos de a pie, algún dejo de sospecha sobre resultados electorales.



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