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Jueves 04.04.2019 - Última actualización - 21:11
17:28

Tras el caso del video sexual que sacude al Colegio Inmaculada

"Nadie nos enseñó a utilizar la tecnología en forma responsable"

Mientras la justicia y el Ministerio de Educación investigan cómo llegó un video sexual de una docente al celular de un alumno para determinar si hubo un delito, dos especialistas reflexionan sobre la intimidad, privacidad y la exposición en redes sociales.

Control vs. intimidad. “El padre siempre puede acceder a los contenidos del celular de su hijo, de la misma forma que puede patear la puerta de su habitación y abrirla, si se encierra”. <strong>Foto:</strong> Pablo AguirreControl vs. intimidad. “El padre siempre puede acceder a los contenidos del celular de su hijo, de la misma forma que puede patear la puerta de su habitación y abrirla, si se encierra”.
Foto: Pablo Aguirre

Foto: Pablo Aguirre



Tras el caso del video sexual que sacude al Colegio Inmaculada "Nadie nos enseñó a utilizar la tecnología en forma responsable" Mientras la justicia y el Ministerio de Educación investigan cómo llegó un video sexual de una docente al celular de un alumno para determinar si hubo un delito, dos especialistas reflexionan sobre la intimidad, privacidad y la exposición en redes sociales. Mientras la justicia y el Ministerio de Educación investigan cómo llegó un video sexual de una docente al celular de un alumno para determinar si hubo un delito, dos especialistas reflexionan sobre la intimidad, privacidad y la exposición en redes sociales.

Ante la gran repercusión social que tuvo el caso denunciado en el colegio Inmaculada, el analista en Informática Maximiliano Macedo y el abogado Marcelo Temperini responden sobre los interrogantes que muchos tienen acerca de la exposición en redes sociales, los videos privados y las filtraciones.

 

Ambos son especialistas en seguridad informática y de la información, realizan investigaciones digitales y fundaron “AsegurarTe”, una empresa surgida a partir de la necesidad observada en diferentes casos de personas afectadas por contenidos publicados en Internet. Casos de delitos informáticos, espionaje industrial, fuga de información, suplantación de identidad, o intrusiones en sistemas informáticos. Desde su experiencia profesional, observan un notable crecimiento de los casos de injurias en redes sociales o blogs, así como videos o imágenes que perjudican a la víctima.

 

—¿Hoy en día somos conscientes del alcance que puede llegar a tener un video o fotografía privada?, ya sea por las filtraciones, hackeos o porque un destinatario lo viralizó.

 

Maximiliano Macedo. —No somos conscientes, porque nadie nos enseñó a utilizar la tecnología en forma responsable ni lo que puede llegar a ocurrir con un archivo de este tipo. Estamos aprendiéndolo a partir de las consecuencias, cuando un archivo se viraliza y el problema ya explotó. Hoy en día todos tenemos un amigo, o amigo de un amigo, al que le revisaron el celular y le encontraron información, o se le filtró un video de su ex pareja, o una captura de pantalla del mensaje de un padre no queriendo pasar la cuota alimentaria, y es utilizado como un instrumento de extorsión. Esto ocurre como consecuencia de que no somos conscientes de que todo queda registrado.

 

—Pueden ocurrir dos cosas: que el destinatario de un mensaje lo viralice ó que ocurra un hackeo.

 

—El hackeo está siempre latente, pero no siempre ante un caso hay un hackeo detrás. Incluso, decir “me hackearon” puede ser la excusa más fácil para justificarse. Pero nosotros, con nuestra experiencia de trabajar con este tipo de casos, muy pocas veces vemos que el motivo sea un hackeo, ya que en casi todos los casos son errores humanos los que producen las filtraciones.

 

 

 

—Entonces, ¿qué medidas se pueden tomar para evitar que se viralice un archivo privado?

 

Marcelo Temperini. —El concepto de privacidad está destruido por el negocio de Internet, que se alimenta de las publicaciones masivas de los usuarios. Hoy en día cuando un menor quiere tener privacidad, rápidamente es combatido. Cuando alguien quiere hacer algo sin que otro se entere rápidamente es cuestionado, siendo que, en definitiva, eso es la privacidad: tener el derecho a la intimidad. Sin embargo se piensa que si no te quiero mostrar algo es porque estoy haciendo algo malo. Si una pareja le pone contraseña o patrón de seguridad a su celular hay una presunción de que oculta algo indebido, cuando lo que está haciendo es construir su privacidad. Entonces vivimos en un concepto en el que hay que mostrarlo todo y si hay algo que no te quiero mostrar es porque estoy haciendo algo malo. También está el otro que no le pone contraseña y te dice “revisame todo el celular, porque no tengo nada que ocultar”. Esto es erróneo, porque la privacidad no significa que vos tengas algo que ocultar, sino una decisión de que el otro respete y no se entere de lo que hago. La privacidad es algo que debemos comenzar a construir entre todos, los padres, en las escuelas y demás instituciones.

 

—Pero, ¿si un menor tiene su celular con contraseña, su padre debe respetar su intimidad o debe exigirle que le muestre sus contendios?

 

M.T. —El padre siempre puede acceder a esos contenidos, de la misma forma que puede patear la puerta de su habitación y abrirla, si se encierra. Tiene el derecho, la patria potestad, para hacer lo que le parezca mejor para el bien de su hijo. Ahora, ¿es aconsejable no respetar la privacidad de tu hijo? Entramos en una respuesta muy subjetiva, porque cada familia es un mundo, entonces depende de la educación recibida, de la confianza que ese chico se haya ganado, de su edad (no es lo mismo que tenga 7 años a que tenga 14), o de lo que el padre presume y quiere determinar. El padre debe estar siempre cerca y disponible. Hay que fortalecer una relación de confianza para que, en el caso de que al chico le ocurra algo, lo pueda contar.

 

Maximiliano Macedo. “Estamos aprendiéndolo a partir de las consecuencias, cuando un archivo se viraliza y el problema ya explotó”. Foto: Mauricio Garín

 

 

—¿No existen más garantías de privacidad?

 

—Algunos autores hablan del concepto de “extimidad” (en contraposición a intimidad). Es decir, uno normaliza la publicación de todos los aspectos de la vida, mientras que sigue muy poco elaborado el concepto de privacidad. Cuando el chico cierra la puerta de su habitación el padre presume que va a hacer algo inadecuado, lo mismo ocurre cuando bloquea su celular.

 

 

 

—La viralización de videos o fotos íntimas es una práctica social llevada adelante tanto por menores como por adultos...

 

M.M.—Aquí es donde entra la responsabilidad individual del que recibe este tipo de material y debe decidir si lo difunde o lo elimina. Y además aparecen comentarios al respecto, se elaboran teorías y presunciones. En este caso en particular (Inmaculada) se ha llegado al punto de quien dice haber visto el video de la maestra teniendo sexo con el alumno. Es decir que se agregan elementos y se dan por ciertos. Todo esto no ayuda sino que agrava la situación, como ocurrió en el caso de Comodoro Rivadavia, donde se linchó al padre de un acusado erróneamente de violación de un niño de 12 años. No somos conscientes de las consecuencias que puede llegar a tener aquello que compartimos.

 

Marcelo Temperini. “El concepto de privacidad está destruido por el negocio de Internet, que se alimenta de las publicaciones masivas de los usuarios”. Foto: Flavio Raina

 

 

—En el caso en particular ocurrido en Inmaculada, hay una investigación ministerial y otra de la Justicia. Todavía se desconoce cómo llegó el video al móvil del menor, y si no fue la docente quien lo envió, no existe un delito de su parte...

 

—No sólo no habría un delito, sino que la víctima sería la docente, ya que se está difundiendo un video íntimo sin autorización y sin consentimiento. Por ello, no hay que apresurarse para sacar conclusiones. Se debe aguardar a que la Justicia investigue y se pruebe técnicamente qué ocurrió. Tenemos presente el caso ocurrido en la escuela Sara Faisal, en el que se acusó a un docente de violar a una menor con síndrome Down y luego se pudo determinar que el autor había sido el hermano. Estas cosas ocurren por la falta de confianza de la sociedad en la justicia. No hay una expectativa de que se haga justicia, por ende existe una condena social que muchas veces estigmatiza y es errónea. Esto es muy peligroso y puede llegar a tener graves consecuencias.

Autor:

Nicolás Loyarte


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