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Miércoles 29.05.2019 - Última actualización - 7:09
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Una novedosa experiencia en el marco del centenario de la FIQ

Mil enigmas dentro de 4 paredes, o la aventura en una habitación de escape

Es un juego: los participantes deben ir sorteando operaciones matemáticas y deductivas para obtener pistas que llevarán a la salida. La misión es resguardar un descubrimiento que cambiaría el curso del universo -es un relato ficticio-, y evitar que caiga en manos de una “malvada” corporación. Divulgación, ingenio y pensamiento colaborativo.

Diseño. La habitación fue pensada por los investigadores de la FIQ bajo el juego de un lugar lleno de secretos y con una estética antigua muy bien lograda.  <strong>Foto:</strong> Gentileza Prensa FIQDiseño. La habitación fue pensada por los investigadores de la FIQ bajo el juego de un lugar lleno de secretos y con una estética antigua muy bien lograda.
Foto: Gentileza Prensa FIQ

Foto: Gentileza Prensa FIQ



Una novedosa experiencia en el marco del centenario de la FIQ Mil enigmas dentro de 4 paredes, o la aventura en una habitación de escape Es un juego: los participantes deben ir sorteando operaciones matemáticas y deductivas para obtener pistas que llevarán a la salida. La misión es resguardar un descubrimiento que cambiaría el curso del universo -es un relato ficticio-, y evitar que caiga en manos de una “malvada” corporación. Divulgación, ingenio y pensamiento colaborativo. Es un juego: los participantes deben ir sorteando operaciones matemáticas y deductivas para obtener pistas que llevarán a la salida. La misión es resguardar un descubrimiento que cambiaría el curso del universo -es un relato ficticio-, y evitar que caiga en manos de una “malvada” corporación. Divulgación, ingenio y pensamiento colaborativo.

Los participantes miran atentos un video que cuenta la historia de una tal Minerva, de quien acaso no perdurará ni un recuerdo para la posteridad, puesto que es un personaje ficticio. La Dra. Minerva Ratto es una científica que logró un descubrimiento matemático “que podría cambiar para siempre el Universo”, promete la proyección. Pero por las presiones recibidas, Minerva abandona su estudio y se recluye en un páramo perdido e irrastreable. 


En el relato aparece otro actor, algo así como el enemigo: el CEO de una corporación global que metió sus garras y tiene intereses —económicos, claro— en esa reveladora investigación, la cual está al cuidado de una hermandad secreta llamada Las Hijas de Teano. Toda este “érase una vez” contado como un cuento es la antesala para entrar a la habitación de escape (scape room).


Los participantes entran a la habitación, la puerta chirría y ¡pum!, se cierra con fuerza del lado de afuera. Esta diseñada y decorada con viejas vitrinas y escritorios de estilo europeo, y hay cinco “tótems”, cada uno con la imagen de cinco de las mujeres científicas más importantes de la historia: Teano, Hipatia, Sophie Germain, Sofía Kovalevskaya y Emmy Noether. Suena tenue una música de suspenso, que alterna con alguna sinfonía clásica. Con un pitido se enciende un viejo monitor, parecido a las primeras Commodore de la prehistoria computacional.


El objetivo del juego es sortear todos los enigmas (traducidos en operaciones matemáticas, deducciones, lógica elemental) para encontrar la vía de escape y salir de la habitación. Pero ojo, ni a tontas ni a locas: sólo se sale si el equipo logra “preservar” el gran secreto de Minerva, y evitar que caiga en manos de la malvada corporación (de hecho se llama E-Coorp, que suena a Evil Coorporation, en su traducción del inglés “corporación del mal”) El tiempo máximo es una hora.


En los escritorios y vitrinas hay objetos antiguos, dispositivos para realizar operaciones matemáticas y geométricas; libros viejos con hojas marcadas, cartas que parecen de décadas atrás y, sobre todo, candados. Todo está cerrado con candados, y para abrirlos hay que sortear las consignas que va disparando el monitor. Una vez abierto un candado aparece una pista, que llevará a otra y a otra, y así. Cada pista es un número, y ese número es la combinación para abrir un candado. Descifrar e ir hilando las pistas llevará a la salida. 


Titila el monitor, llega un mensaje de la hermandad. Los participantes se acercan: “La doctora (Minerva Ratto), antes de desaparecer, logró dar con la solución definitiva al problema de ecuaciones diferenciales. Pero ese conocimiento ya no está a salvo: están viniendo por él. Esos resultados son codiciados por corporaciones que sólo buscan sometimiento y poder. Mucha suerte, la necesitarán”, desea el texto a los jugadores.


“Ay no, esto es difícil”, se desespera una participante. La cosa empieza a ponerse intensa y vertiginosa. ¿Por dónde empezar a buscar las pistas? El grupo se dispersa, van algunos a un escritorio y otros al tótem de Hipatia: sus bellísimos ojos griegos podrían orientar un poco el desconcierto inicial. 


Hay una pizarra donde se deben marcar los números múltiplos de 3. Liliana empieza a sacar cuentas y tachar nerviosa con una tiza. “Para abrir las combinaciones de los candados, tenemos que buscar números. ¡Números!”, dice alguien arengando. En otro escritorio hay una figura geométrica con distintas piezas sueltas que, al acomodarlas bien, deben mirarse en perspectiva. Esconden números: “¿Es 50, un 15, es una U, una letra eme?”. Dudas. El enigma se devela y el candado se abre. Victoria celebra como su fuese un gol en la final del Mundial.


Pero el reloj no se detiene y el nerviosismo sube. Alguien desde otra vitrina grita: “¡Acá abrimos otro candado!”. Adentro, en uno de los cajones hay una llave con la cual se podrá vulnerar otro obstáculo. Probemos esta combinación acá, dale, sugiere Martín, algo atolondrando por la tensión. Esther resuelve una ecuación pero debe reformularla. “Escuchen: 2.105 es un número que hay que traducir en letras romanas”, dice a viva voz Pedro. “Mi reino por una pista resuelta...”, bromea Juani.

 

El viejo monitor mandaba señales de la “hermandad” que resguarda el gran descubrimiento (todo ficcionado). Los participantes estaban atentos a los mensajes. Foto: El Litoral

 


En otro de los armarios hay un juego de simetrías. Muchas piezas de colores deben ser colocadas siguiendo dos líneas. “No pará, vamos a acomodar las partes así”, están de acuerdo Nico y Pablo. Una vez lograda la figura, debe reflejarse sobre un espejo. Y se muestra un número. Pista resuelta. Otro de los participantes, siguiendo una consigna, logra dar con el libro favorito de Sofia Kovalevskaya, otra de las grandes matemáticas universales. Pero hay un engaño: la clave es un número de una página de otro libro que hay que buscar en otra vitrina, y que tiene un mensaje escrito con tinta invisible. 

 


Vuelve a chillar el monitor. “Faltan sólo 15 minutos. ¡Estamos en sus manos!”, claman las mensajeras de la hermandad. En un rincón hay un armario grande, con tres rubustos candados. “Creo que la salida está ahí, es sospechoso....”. El tercer candado es el más difícil de abrir, pero alguien logra vencerlo. 


En un rinconcito insospechado está la salida. La meta se logró, y todos salen vitoreando. Pocos se dan cuenta, pero la aventura de la habitación de escape (más allá de su originalidad e intensidad emocional) deja un mensaje, también encriptado en una simbología: defender a la ciencia de intereses económicos espurios.

 

100 años de la FIQ


La experiencia de la habitación de escape se llamó “Atrapados con salida”, y fue una de las múltiples actividades conmemorativas por los 100 años de vida de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ/UNL), que tuvo lugar en el Centro de Convenciones de la Estación Belgrano. El diseño de la habitación y la puesta fue realizado por docentes, investigadores y alumnos avanzados de la FIQ. El centenario tuvo su marco en el Festival “La FIQ en la ciudad”, realizado la semana pasada.

Autor:

Luciano Andreychuk




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