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Lunes 07.10.2019 - Última actualización - 14:09
14:07

Lo ganó 1 a 0 apretado pero justificado

Unión jugó el clásico como la final del mundo

Madelón tiene la receta para jugar estos partidos: nunca perdió un clásico como DT contra Colón. El moreno Yeimar Gómez Andrade y el capitán Corvalán, las figuras del Tate. 

La alegría es tatengue. Walter Bou —de gran partido— y la figura del clásico, Yeimar Gómez Andrade, de cara a la gente en un repleto 15 de Abril. Se suma Damián Martínez, que revolea su camiseta al viento. Después de varios empates, Unión volvió a ganar el clásico y estira la ventaja en el historial: ahora se escapó a dos partidos de Colón en el derby de la ciudad de Santa Fe.  <strong>Foto:</strong> Pablo AguirreLa alegría es tatengue. Walter Bou —de gran partido— y la figura del clásico, Yeimar Gómez Andrade, de cara a la gente en un repleto 15 de Abril. Se suma Damián Martínez, que revolea su camiseta al viento. Después de varios empates, Unión volvió a ganar el clásico y estira la ventaja en el historial: ahora se escapó a dos partidos de Colón en el derby de la ciudad de Santa Fe.
Foto: Pablo Aguirre

Foto: Pablo Aguirre



Lo ganó 1 a 0 apretado pero justificado Unión jugó el clásico como la final del mundo Madelón tiene la receta para jugar estos partidos: nunca perdió un clásico como DT contra Colón. El moreno Yeimar Gómez Andrade y el capitán Corvalán, las figuras del Tate.  Madelón tiene la receta para jugar estos partidos: nunca perdió un clásico como DT contra Colón. El moreno Yeimar Gómez Andrade y el capitán Corvalán, las figuras del Tate. 

Desde el mismo momento que arrancó la Superliga, estando eliminado de todas las Copas, con acumulación de promedio y clasificado ya para la Sudamericana 2020, Unión sabía que tenía que ganar un solo partido en el semestre. Y lo ganó nomás. Como pudo, apretado, errando demasiado y acorralado cerca de Moyano en ese final cuando pitó Loustau. Y acaso el mérito de Madelón y los jugadores fue pensar, ejecutar y concretar un partido “físico”, de roce y con pressing contra un Colón que viene “baqueteado” jugando los tres frentes con finales cada cuatro días o cinco días.


Dos cosas tenía que hacer Unión: que Colón no juegue y que Colón no piense. Y a las dos cosas las hizo a la perfección. No de casualidad las figuras del partido pasan por Yeimar, Corvalán y hasta el mismo “Chaco” Acevedo.


Seguramente los famosos chalecos con GPS de rendimiento marcarán que Unión corrió más que nunca en este clásico. Por eso los jugadores “acalambrados” (los tres cambios fueron por ese motivo) y por eso los dos puntas —Bou y Mazola— que terminaron “boqueando”, buscando aire de cualquier manera.


Mientras Colón jugó un clásico, Unión jugó la final del mundo, sabiendo que después de este partido no le quedaba más nada para darle alegría a su gente. Lo de Colón es distinto: está en carrera en dos Copas a la vez. Deberá jugar los cuartos de final del torneo criollo —Copa Argentina— en la cancha de Patronato a medidados de este mes y la Final Única de la Copa Sudamericana el 9 de noviembre en La Nueva Olla de Asunción del Paraguay frente a los ecuatorianos de Independiente del Valle.


Esa diferencia de actitud se notó en las pelotas divididas, en como los jugadores de Unión se multiplicaban para cortar el buen circuito que logró Colón en los últimos tiempos avanzando en las copas. Ya lo habíamos escrito en la previa: los de Madelón tenían que exprimir el corazón al máximo para poder compensar el alto momento motivacional de Colón en los últimos tiempos. Y así lo hicieron. Como si fuera el úlltimo partido de sus vidas.


En ese primer capítulo, a pesar que Unión avanzó más, empujó y generó más tenencia de pelota, las más claras fueron para Colón. En la primera, buena triangulación y amague para que Aliendro patee “limpio”, con un Moyano que hizo “vista” con la pelota besando el caño. En la segunda, pase filtrado del “Pulga” a Morelo, no cierra Yeimar, tampoco Botti, pero el cafetero le termina pegando muy apretado a las manos de Moyano.


El complemento arrancó igual, aunque estaba claro que ese pressing físico podía favorecer al dueño de casa si lograba abrir el marcador, obligando a Colón a hacer el gasto. Y esa diferencia llegó con la receta señalada: asfixio total de los jugadores rojiblancos, avivada de Bou sobre Vigo tirándose a los pies para robarla, pase filtrado de Acevedo, desvío involuntario en Escobar y definición “picada” de Mazzola ante el achique de Leo Burián.


Claro que antes de ese gol que hizo temblar el cemento en López y Planes, Colón construyó su mejor combinación: pique al vacío de Vigo, pase perfecto entre líneas de Aliendro, centro atrás del “4” de las inferiores y la “Pulga” fallando desde un lugar del que habitualmente no falla. O le picó mal o la agarró muy abierta, desde abajo, porque la bola viajó a las nubes. 


El inicio de la jugada del gol de Unión fue una prueba testigo de qué manera lo jugó el equipo de Madelón al partido: en casi todas las jugadas, los rojiblancos a bastones se tiraban al piso para cortar, marcar, recuperar. Se puede creer que hubo “siesta” de Vigo en esa salida, pero es mucho más mérito de Bou haciendo algo que pocos delanteros hacen: tirarse, barrerla y recuperarla.


Estaba claro que el partido, después del 1 a 0 tenía que “abrirse”. Los dos movieron el banco y ambos por obligación. A Madelón lo fueron obligando las lesiones: calambre de Bonifaccio primero, calambre de Jailil Elías después y finalmente cansancio de Acevedo. A Lavallén lo fue obligando el resultado y el reloj: hizo los cambios habituales con la polifuncionalidad táctica que le dan jugadores como Zuqui o Estigarribia para poder jugar más atrás como laterales-volantes. Así, intentó buscar con Esparza y Bernardi el rompimiento de líneas que esta vez no llegó.


Lo que sí llegó, cerca del final, fue la gran polémica del clásico y quizá de la fecha en la Superliga. Pelota clara del “Pulga” a la derecha, llega libre Zuqui para meterla como viene, pelota envenenada que agarra sin cobertura a los centrales y Morelo que llega para empujarla a la red de Moyano. “Con el VAR era gol”, fue lo primero que se les cruzó por la cabeza a varios cuando luego vieron el avance “cuadro por cuadro” de la tele y hasta la repetición con la famosa raya blanca trazando la misma línea. Allí se puede ver, claramente, que el pie de Corvalán está en la misma línea que el cafetero Wilson Morelo cuando parte la pelota, pero parte del cuerpo del colombiano asoma —en la imágen congelada— un poco más adelantado.


Uno de los éx árbitros argentinos “mundialistas”, consultado por El Litoral, explicó la interpretación que hizo Juan Pablo Belatti —el asistente número uno que anuló el gol— de la jugada: “Se interpreta que es la parte más adelantada del cuerpo, más cercana a la línea de meta. El tronco y la rodilla del delantero de Colón están más cercanas a la línea de meta que el pie del defensor de Unión. Es fuera de juego”.


Sin dudas que son de los llamados “goles/no goles tecnológicos”, porque uno puede llegar a esa explicación y aplicación reglamentaria después de detener varias veces la jugada y trazar una línea con el programa correspondiente de la computadora. Por lo pronto, Belatti vio en la cancha “de una” lo que a la tele le llevó mucho más tiempo de edición y recursos.


Lo ganó bien Unión, apretado pero justo. Con el aliento de su gente, con el corazón de sus jugadores y con el efecto Madelón sentado en el bannco: nunca un equipo suyo perdió un clásico con Colón en siete enfrentamientos en el historial santafesino. Unión jugó la final del mundo y terminó ganando un clásico.

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