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Viernes 14.02.2020 - Última actualización - 11:25
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Memorias de Santa Fe

El robo al Nuevo Banco Italiano, el primer gran golpe delictivo de la historia de la ciudad


Ocurrió el 21 de noviembre de 1932 en pleno centro de la capital provincial. En el hecho fue asesinado el oficial de policía Aurelio Ojeda. La reconstrucción de una crónica de alto impacto en la década del ‘30. 

Una de las postales de la reconstrucción del hecho. <strong>Foto:</strong> Archivo.Una de las postales de la reconstrucción del hecho.
Foto: Archivo.

Foto: Archivo.



Memorias de Santa Fe El robo al Nuevo Banco Italiano, el primer gran golpe delictivo de la historia de la ciudad Ocurrió el 21 de noviembre de 1932 en pleno centro de la capital provincial. En el hecho fue asesinado el oficial de policía Aurelio Ojeda. La reconstrucción de una crónica de alto impacto en la década del ‘30.  Ocurrió el 21 de noviembre de 1932 en pleno centro de la capital provincial. En el hecho fue asesinado el oficial de policía Aurelio Ojeda. La reconstrucción de una crónica de alto impacto en la década del ‘30. 

El 21 de noviembre de 1932 se produjo en la ciudad de Santa Fe uno de los primeros robos a mano armada a una entidad bancaria de la capital provincial. El escenario fue el Nuevo Banco Italiano y es recordado por la virulencia de los delincuentes que, en su huída, asesinaron a un oficial de la policía. Los diarios de aquel entonces, incluyendo El Litoral, reflejaron la historia que 87 años después vale la pena reconstruir. 

 

La hora señalada

 

Habían pasado escasos minutos de las 12.30 en la ciudad. La zona de bancos ubicada en calle San Martín entre Tucumán y la Rioja, comenzaba a despejarse mientras los santafesinos se retiraban para el almuerzo. En ese momento, cinco empleados del Nuevo Banco Italiano y algunos clientes, fueron sorprendidos por tres desconocidos quienes, con sus caras cubiertas y amenazando con revólveres y pistolas, avanzaban al grito de: “¡arriba las manos!”. 

 

Uno de los asaltantes se trepó al mostrador encaminándose hacia la caja de la izquierda, mientras que otro llevaba una botella con nafta mojando el suelo. El tercero, cuidaba la entrada y salida de público a la vez que apuntaba al cajero Juan Rafaghelli que había levantado los brazos en alto. La secuencia se produjo en escasos minutos. Las crónicas de la época dan cuenta que el nerviosismo y la impericia de los asaltantes provocó el caos: uno de ellos disparó; entonces el cajero Rafaghelli se arrojó al suelo y se arrastró un trecho hasta llegar donde estaba instalado el botón de una alarma. Rafaghelli oprimió el dispositivo y la sirena emitió su estridente ulular, alterando los ánimos aún más.

 

Los asaltantes, comprendiendo que habían fracasado en su intento, iniciaron la retirada. Realizaron sucesivos disparos y prendieron fuego el lugar para evitar cualquier maniobra de los rehenes. Al llegar a la puerta del banco vieron que avanzaba a la carrera el Agente Aurelio Ojeda del personal de la Comisaría Segunda, a quien sin darle tiempo a que utilizara su revólver, lo mataron. El agente cayó en la calzada frente a las vidrieras de la casa Cassini.

 


 

Fuga

 

Los tres delincuentes  se subieron a un auto, aparentemente de alquiler, chapa patente 279, que se encontraba en marcha en la puerta, e iniciaron la fuga hacia el norte de la ciudad, por calle San Martín que por entonces no era peatonal. 

 

Al mismo tiempo que los ladrones fugaban, personas que estaban en el lugar socorrían al Agente Ojeda, que fue conducido en una ambulancia al hospital de Caridad (hoy Hospital Cullen). Además, otros testigos irrumpieron en el banco y lograron comprobar que allí no había ningún herido y que los asaltantes no se habían llevado ni un solo centavo.
 

 

El auto usado por los malvivientes para realizar el atracoFoto: Archivo.


 

La persecución la inició un joven de apellido Batagliotti que se encontraba en el lugar junto a un amigo de apellido Brescia y vieron caer al Agente Ojeda. Rápido de reflejos, tomó el arma del policía y, junto a un compañero, comenzaron a seguirle los pasos a la banda que huía a toda velocidad. 

 

En otro auto, iban dos policías que se unieron a la tarea de dar alcance a los ladrones. Advirtiendo la situación, los delincuentes dispararon contra la autoridad, logrando dejarlos atrás.  Batagliotti y su acompañante continuaron la persecución y, al llegar a calle Junín, doblaron peligrosamente hacia el oeste. Allí se produjo otro intercambio de disparos, producto del cual, Batagliotti resultó herido en una pierna, desistiendo así de su arriesgada empresa.

 

 

Plaza Constituyentes

 

Ya sin perseguidores, la banda se bajó del automóvil en cercanías a la Plaza Constituyentes. Allí se separaron. Por su parte, el conductor del auto se dirigió inmediatamente hasta la Seccional 3era. ubicada en San Martín y Obispo Gelabert, donde realizó la denuncia de lo que había vivido. Pese a su relato, algunas informaciones señalaban que los delincuentes podían estar yendo hacia Nelson. Es así que los uniformados desoyeron al chofer y, utilizando el automóvil de la huida, se dirigieron hacia el norte donde, lógicamente, no hallaron nada. El chofer quedó detenido en el destacamento de Las Flores y el automóvil, secuestrado.

 

Con el correr de la investigación, se supo que el chofer – de apellido Bianchi- había sido contactado por el director del asalto con la excusa de llevarlos hasta el atracadero de la balsa. Pero en el camino, las órdenes cambiaron y, a punta de pistola, fue obligado a colaborar en la huida.

 

 

 

Un empleado de El Litoral fue clave

 

Uno de los ocasionales testigos del atraco armado fue Luis Marek, empleado de diario El Litoral, quien se encontraba en la puerta del banco con su auto en marcha cuando ocurrieron los hechos y salió en persecución de los asaltantes. 

 

Al llegar a la Plaza Constituyentes, ya no vio el automóvil, pero sí reconoció a uno de ellos que caminaba por calle 4 de Enero. Cuentan las crónicas, que Marek le dio alcance e inició una conversación comentando lo que había pasado en la entidad financiera. Este testigo dedujo que su interlocutor no era ajeno al hecho, por su actitud vacilante. Y su instinto no le falló: era Roberto Larrauri, quien a la postre fue señalado como director del atraco.

 

 

Como el empleado de El Litoral se hallaba desarmado, se despidió del sospechoso, pero le siguió los pasos. Lo vio entrar en un terreno baldío de calle Junín, frente a la Plaza Constituyentes  donde se descartó del arma que utilizó en el asalto. Se supo que Larrauri marchó hacia su casa de calle Santiago del Estero entre Francia y Urquiza, donde ingresó y salió minutos después vistiendo un pijama en una clara intención de despistar. Marek volvió a entablar una conversación con Larrauri con la finalidad de retenerlo y no pasó mucho tiempo sin que aparecieran policías que procedieron a la detención del cabecilla.

 

​Ante la sorprendente historia, Marek dio aviso a El Litoral, y el cronista de la sección policiales de la época fue asignado para cubrir el evento. El testimonio de Marek y el trabajo del periodista se vieron reflejados en el vespertino que brindó la primera cobertura del hecho. 

 

 

Créditos

  • Producción y Notas - Danilo Chiapello
  • Voz en off - Gustavo Ocampo
  • Colaboración Especial - María Daniela González
  • Edición, Cámara y Sonido - Juan Manuel Vittori
  • Archivo Fotográfico - Diario El LItoral y Museo y Bilblioteca Policial “Alguacil Mayor Bernabé de Luján”
  • Edición Multimedia - Gonzalo Zentner y Federico Cioni

 

 


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