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Sábado 01.08.2020 - Última actualización - 20:35
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Peisadillas

Heart & earth (corazón y tierra)

Dr. René Favaloro Crédito: Ilustración Lucas CejasDr. René Favaloro
Crédito: Ilustración Lucas Cejas

Dr. René Favaloro Crédito: Ilustración Lucas Cejas



Peisadillas Heart & earth (corazón y tierra) Es tan particular el inglés, que corazón y tierra llevan las mismas letras y hasta suenan casi igual, solo una sutil diferencia las separa, casi un suspiro, un aliento de vida, un inaudible latido que sale del pecho con suavidad romántica.

Con Nicolás Peisojovich

 


En cada acto médico debe estar presente el respeto por el paciente y los conceptos éticos y morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del lado de la humanidad”, René Favaloro.
 

El idioma inglés tiende a la practicidad, al uso de la lengua sin mucha floritura, se saca de encima lo rococó y elimina la sobrecarga de la multiplicidad sinonímica; el inglés economiza en palabras y para el receptor desacostumbrado al idioma inglés, todo parece sonar igual. Es que hasta en el sonido parecen iguales, y quise poner el título de mi Peisadilla en el idioma que Walt Whitman se cantó a sí mismo, y que hace muchos años atrás lo conocí por una maravillosa traducción de J. L. Borges. Canto a mí mismo es también este humilde texto que les hago llegar cada sábado, desde hace años, colocando a vuestras mercedes mi corazón en forma de palabras; latidos en forma de recuerdos, taquicardia en forma de re locos. Pero tengo que concentrarme y gambetear la locura para utilizar las palabras para encajarlas en su justo lugar (que no es lo mismo que ponerlas en un lugar justo) pues sabemos que las palabras son pequeñas dictadoras, transformadoras de realidades y fantasías, repletas de verdades y mentiras, son engañosas en su timbre, vehementes en sus tonos; ellas se despliegan ante nosotros en total libertad y nosotros nos sumimos a su significado.

 

Pero me sigo yendo por las ramas, y no porque desciendo del mono, simplemente porque adoro treparme por ahí para husmear en otros nidos, perderme en las calles de ciudades ignotas, bucear por el Leteo y salir al rescate de los recuerdos de añosos baúles mohosos y herrumbrados; quiero digitalizar las fotos sepia; materializar en HD mis memorias y confrontar con los monstruos del pasado para que duerman a mis pies como leales y sumisos cachorritos. Pero planto bandera, y por fin, les cuento que opté por el título en inglés de este humilde texto intitulado “Heart & earth” por el simple hecho de que se me cantó, ni más ni menos, y porque es la Peisadilla el canto a mí mismo, pero también lleva un poquito de engaño. Hoy escribo con el corazón abierto, y escribo en una especie de homenaje a ese gigante de campechana labia y leal humanidad, como lo fue René Favaloro. También lo hago por nuestra madre tierra, la de todos y todas... ¿y por qué en inglés? porque es tan particular ese idioma, que corazón y tierra llevan las mismas letras y hasta suenan casi igual, solo una sutil diferencia las separa, casi un suspiro, un aliento de vida, un inaudible latido que sale del pecho con suavidad romántica.
 

La Pachamama, nuestra madre tierra, es la madre que cobija y nos da sin pedir nada a cambio, generosa y vital nos brinda sus frutos y su líquido, nos da el aire puro y el agua que bendice la vida, su corazón es el corazón de la humanidad, es la madre que protege y cuida de sus hijos y aunque hoy esté enojada y nos tenga encerrados en una mortal penitencia, ella siempre busca cómo florecer, cómo abundar en su infinita latencia... ¿infinita?, creo que no, por eso es momento de reflexionar sobre los actos de los hombres que hacen un continuo daño a nuestra madre tierra, daño que en estos días se nos vuelve en contra, donde el hombre lucha contra una enfermedad mortal e insidiosa, que tiene en jaque a países y gobernantes, donde las preguntas siguen sin respuestas, donde el futuro se torna incierto, los sistemas caducan, los viejos paradigmas renacen, los nuevos dogmas se caen, el mundo se reconstruye, la normalidad es una anomalía social, donde lo social se vuelve insostenible y lo grupal es ilegal. La nueva normalidad “desnormaliza”.

 

Hace un par de días atrás se cumplieron 20 años del suicidio de René Favaloro, además de su grandeza y su humildad, nos dejó uno de los inventos que cambiaron el curso de la medicina cardíaca mundial. Se nos fue por propia decisión, y lo hizo con un disparo a su corazón, fue un tiro limpio, exacto, con exactitud de cirujano. Un mensaje para la burocracia política, un mensaje para la corrupción estatal y privada; por sus férreas creencias y convicciones en la humanidad, estoy seguro que en el momento de apoyar el caño del arma a su pecho para dar final a su vida, no le tembló el pulso. Su disparo no solo hizo estallar su corazón, también atravesó el corazón de cada argentino de bien, como lo fue él. Contaron los bomberos que tuvieron que ir a retirar el cadáver, que en la mesa de luz tenía el libro del escritor uruguayo Eduardo Galeano “Las venas abiertas de América Latina”, todo un símbolo. Largo adiós y sinceros respetos para uno de los argentinos más respetados mundialmente.
 

 

No puedo dejar de poner para despedirme unas palabras que se corresponden al poema “Canto a mí mismo” de Walt Whitman: “Y no hay oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no pueda ser un héroe, y no hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo...”.
 

Brindemos por eso, por nuestros héroes y por la tierra que los parió.

 

Una cañita con ruda y hasta la semana próxima.

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