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Lunes 10.08.2020 - Última actualización - 5:31
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Liga Paivense de Fútbol

En el nombre del padre

Hay padres que hacen promesas para que sus hijos lleguen al profesionalismo; pero un día, un hijo dejó el profesionalismo como promesa por la vida de su padre.

Pepe y José Sosa, en sus tiempos de futbolistas.    Crédito: Gentileza Liga PaivensePepe y José Sosa, en sus tiempos de futbolistas.
Crédito: Gentileza Liga Paivense

Pepe y José Sosa, en sus tiempos de futbolistas. Crédito: Gentileza Liga Paivense



Liga Paivense de Fútbol En el nombre del padre Hay padres que hacen promesas para que sus hijos lleguen al profesionalismo; pero un día, un hijo dejó el profesionalismo como promesa por la vida de su padre.

José Sosa es el DT San Martín de Monte Vera y aguarda impaciente el momento de poder empezar a trabajar con su "nuevo" plantel, ya que asume un par de semanas antes del inicio de la interminable cuarentena que es hoy una nueva forma de vida para todos, pero especialmente para el deporte. Arrancó su ciclo planificando la doble competencia, pensando en la Copa Santa Fe y el torneo del la LRPF, y en estos días, como todos, aguarda ansioso que la AFA dé vía libre a los entrenamientos.

 

Actualmente, y desde hace unos cuantos años, vive en Monte Vera, donde tiene un local de artículos deportivos que sufre la realidad del 2020 y la pandemia como todos los comercios, pero acostumbrado a pelearla se defiende con una pequeña despensa montada en el garaje de su hogar.

 

Su carrera como entrenador arranca en inferiores menores de Agua y Energía de Santa Fe, luego inferiores mayores como coordinador en San Cristóbal, donde además dirigió Reserva y fue ayudante de Pancho Vareto en la histórica campaña en el torneo Argentino.

 

José nació en 1971, en Laguna Paiva, más precisamente en el Barrio Villa Talleres, en el norte de la ciudad. Su padre "Pepe", un querido vecino del barrio, supo jugar inclusive en el entonces prestigioso club Los Hornos, pero luego de retirarse se dedicó al tenis criollo, integrando la asociación local con buen suceso.

 

Comenzó a jugar al fútbol en las canchitas del barrio, luego infantiles en el club Juventud y juveniles en Capote, un equipo no oficial pero plagado de talentos que jugaban torneos en distintos puntos de la región y nuestra provincia, e inclusive en otras aledañas. Al finalizar 1988, habiendo terminado la secundaria, se va a visitar familiares a Buenos Aires. Y como lleva los botines por las dudas, se prueba y queda en la cuarta de San Lorenzo en 1989, pero al finalizar el año se va el Bambino Veira y llega Saporiti que cambia toda la estructura de inferiores y queda libre. Una nueva prueba, esta vez en Banfield, y en poco tiempo logra jugar regularmente en la reserva de AFA. Termina el año jugando un torneo no oficial que organiza Banfield regularmente junto a Peñarol y Cruz Azul de México.

 

Es ahí, en ese momento, que llega el quiebre en la historia de José: inesperadamente, su padre Pepe se enfermó y tuvo un edema pulmonar. Como el estado de salud de su padre era grave, tomó la decisión de hacer una promesa a la imagen de la Virgen María que está en la parroquia local de Laguna Paiva: iba a abandonar el fútbol en ese momento para que su padre se recuperara.

 

Fue así que, tras tres meses internado, su padre, contra todo pronóstico, se recuperó. También José no retornó a Buenos Aires, no fue citado a la pretemporada en Banfield, y decidió hacerse cargo del negocio familiar, ya que su madre Dora estaba cuidando a su padre en el hospital.

Poco tiempo después, en ese mismo año, fue llamado por su representante para ir de inmediato a Buenos Aires. Debía viajar a Europa, ya que era convocado para jugar en la segunda división de Italia, puesto que José cuenta con la doble ciudadanía. Una gran oportunidad que ningún joven jugador con aspiraciones podría rechazar. Sin dudas que se le estrujó el estómago, pero la integridad de su corazón lo llevó a rechazar la gran oportunidad... tenía una promesa por cumplirle a la Virgen.

 

Luego de un año sin jugar al fútbol, fue llamado por su amigo Carlos Coronel quien jugaba en 9 de julio de Rafaela avisándole de que probaban jugadores en Ben Hur. Así fue que luego de una prueba el entrenador Reinaldo Volken decide incorporarlo, y al mismo tiempo es citado por su representante para ir a una prueba al club Deportivo Italiano, dirigido en ese momento por Hugo Tocalli.

 

Volken lo autoriza para ir a Deportivo Italiano a probarse y le garantiza lugar si desea retornar a Rafaela. José queda en Deportivo Italiano y en la pretemporada en un entrenamiento al intentar cerrar un disparo de un joven valor del club, Adrián "Loco" Gorostidi, siente un pinchazo el cual es diagnosticado por el médico como un pequeño desgarro pero rectificado como una fuerte contractura por el kinesiólogo, quien lo masajea. Pero en realidad era un desgarro y se abre mucho más la herida, lo cual le lleva a José mucho tiempo de recuperación. No se cura bien, lo que le impide continuidad en los entrenamientos, y está casi todo el año sin jugar.

 

Al terminar la temporada, estando ya recuperado, el nuevo DT de Italiano, Pablo Centrone, no lo tiene en cuenta y queda libre practicando con la reserva. Pero su representante le consigue un nuevo de destino: Huracán Buceo de Uruguay, aunque al poco tiempo de llegar, y a raíz de serios incidentes con varios muertos en un clásico Nacional-Peñarol, el presidente de Uruguay suspende el fútbol en el país en 1993, así que José debe regresar. Consigue nuevamente club, en este caso Deportivo Laferrere de la B Metropolitana, y en un entrenamiento en un mal movimiento lo cruzan haciéndole palanca sobre su rodilla, la que había tenido otra lesión y nuevamente se queda sin la posibilidad de jugar.

 

Luego de eso José tiene una buena temporada en una liga menor en Roque Pérez, provincia de Buenos Aires , y participa en la Escuela de Fútbol de la Fundación del Padre Mario Pantaleo. Cuando regresa a la provincia de Santa Fe, juega sus últimos años en 9 de Julio de Rafaela.

 

Para cerrar, la Virgen cumplió aquella promesa realizada en 1990, y su padre Pepe falleció recién en 2015, 25 años después.

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