Dr. Hugo D. Valderrama | Médico neurólogo - Máster en Neurociencias (Mat. 5010)


Dr. Hugo D. Valderrama | Médico neurólogo - Máster en Neurociencias (Mat. 5010)
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El cerebro es un órgano concreto, que genera, siente y comparte lo abstracto. San Martín fue un ejemplo de ello, sus neuronas movilizaron su cuerpo en la lucha, como también movilizaron sus ideales, por delante de su cuerpo.
Nacemos con la potencialidad de engendrar lo que otras especies no pueden, como valores. Pero las sinapsis que traman sus contenidos no son fijas, sino tejidas por la experiencia vital, cultural, histórica, que entraman una propia maduración. A pesar de los diferentes entretejidos, seguramente estemos todos de acuerdo, que no fue el dinero por ejemplo, lo que motivó al cerebro de San Martín.
No lo conocimos, quizás se generó un mito alrededor de su conducta. Aun así, “no nos cierra” que ambiciones tangibles, impulsaron un motus propio, de avanzar al frente de las tropas. Para atravesar su cuerpo por la tortura de 500 kilómetros de cordillera y luego, iniciar una batalla campal a muerte contra los enemigos. Luchando por conseguir lo que consideraba, el mayor bien común para todos.
A partir de investigaciones y el estudio de la conducta humana, a las neurociencias tampoco “le cierra”, que son los estímulos materiales, los que motivan a largo plazo al cerebro humano. La libertad en cambio, es un estímulo interno, dopamina entre las redes neuronales más primitivas, que buscan autonomía para sobrevivir y en las más evolucionadas, el para qué vivir.
La fuerza de abstracción de San Martín, fue aún mayor que la del brazo y su sable. Con ella cruzó montañas y dió vuelta por el tiempo necesario, “la pirámide de Maslow” (teoría de la motivación humana). La libertad pasó a ser, la base “imprescindible” (en sus propias palabras) para sobrevivir. El alimento y su seguridad, postergados a ser alcanzados en la cúspide.
Sus aliados, como el General Pueyrredón, consideraban esta pirámide neuronal una arquitectura “imposible” de sostener. Pero ellos no contaban con la materia prima de su base, la que haría de soporte el tiempo necesario: valores muy sólidos.
El corazón es un órgano que solo eyecta sangre, a donde surge la motivación. Pero si las neuronas que comandan, se someten a estrés máximo, sus comandados como la bomba cardíaca y el resto del cuello hacia abajo, también sufren consecuencias.
San Martín padeció daños físicos directos y también somáticos. Úlceras estomacales sangrantes, anorexia, pérdida de peso, colon irritable, dolores de cabeza extremos. Sus propios órganos y su ejército, persistieron en el tiempo y lograron hazañas heroicas únicas en el mundo, siguiendo un cerebro estresado, pero aún más, apasionado.
¿Qué impulsa las neuronas de la mayoría de los contemporáneos, que nos gobiernan o gobernaron? ¿Y el de los votantes? ¿Aún conservamos en nuestros cerebros los valores, por los cuales San Martín luchó?
“Serás lo que debas ser o no serás nada”, enseñó San Martín. En la actual cultura, parece el último paso considerado a darse. Las políticas apuntan el propiciar “tener, para hacer, para ser”.
Sus palabras escritas también dejaron un porqué: “Si somos libres, todo nos sobra”; las herramientas: “la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos”; un objetivo: “Si hay victoria en vencer al enemigo, la hay mayor cuando el hombre se vence a sí mismo”; y un método: “Hace más ruido un hombre gritando, que cien mil que están callados.”
No perdamos lo que consiguió San Martín, libertad, la misma que nos permite “ser, para hacer, para tener”.