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Lunes 31.08.2020 - Última actualización - 21:58
21:55

Por Bibiana Degli Esposti

El amor en los tiempos del Tinder

 Crédito: Archivo El Litoral
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Por Bibiana Degli Esposti El amor en los tiempos del Tinder El celular puede hacernos sentir el vértigo de eliminar a alguien a ritmo de zapping. A veces se busca sólo ese vértigo, esa sensación de poder.

Por Bibiana Degli Esposti

 

"Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks". Joaquín Sabina

 

"El otro día me atreví en cuarentena a quedar con uno al aire libre. Ya cuando lo ví venir de lejos, me dije no… ¿por qué la gente miente tanto? Era diez centímetros más bajo que yo, la panza se la veía venir y yo compré deportista. A los quince minutos le dije que tenía que volver a casa porque tenía trabajo". Plin caja, y a otra cosa mariposa.

 

Esta pequeña viñeta clínica me la cuenta una mujer grande, mostrando lo que en algún aspecto para ella es un progreso, ya no se queda esperando que al otro le broten los diez centímetros faltantes. El asunto sigue siendo que cuando no le falta de un lado, le sobra del otro, pero es cierto que no se abandona en la queja sobre un mismo objeto trunco.

 

También es cierto que muchas usuarias y usuarios de la paginita del título, pueden darse el gusto de que quince minutos ya sean un por demás de tiempo dedicado al posible amor. Las épocas piden acción sin pausa y a la vez el desencanto aparece también tanto más rápido que habitualmente.

 

El paso del ideal virtual al otro real ha adquirido un timming y una estimación de valor, de lo más novedoso. Con un dedo te doy un like, con el mismo dedo en cinco renglones cortos te doy un RIP. La pulsión campa a sus anchas, como en las maquinitas de los ludópatas, plin, plin, plin y nada, cuando gano, gano monedas. Bueno alguna vez cae la gorda, y si buscás pareja y te avenís un poco, ahora estás con ella o con él pasando la cuarentena y esperando volver a salir.

 

La computadora o el celular pueden hacernos sentir el vértigo de eliminar a alguien a ritmo de zapping. A veces se busca sólo ese vértigo, esa sensación de poder. En todas las épocas cada quien ha de aprender y aprehender las artes del amor platónico y no platónico con lo que puede y en todas esas épocas entre lo que imaginamos y lo que encontramos a veces nos damos un porrazo importante. Si la tendencia en el amor es idealizar al otro y la otra, por ahí vía paginitas del sexoamor, alimentamos la tendencia sin pudor alguno. Antes de ayer descubrí que una amiga que hace ocho años me llevaba quince años, este año cumple los mismos que yo. Lo que no puede Tinder, Facebook te lo facilita…

 

El rosarino Patricio Prön ganó el premio Alfaguara con su novela Mañana tendremos otros nombres, y va de esto, del amor en los tiempos del Tinder, de cómo dos que no nacieron al amor en estos tiempos, al quedar disponibles en el mercado por separación, conviven con lo que pasa sin poder entrar en ello. Y sin poder dejar de ver lo que acontece alrededor. Mientras ellos se debaten capítulo a capítulo en por qué lo dejé, por qué me dejó, a su alrededor todas y todos le dan a la paginita de marras con una voracidad pulsionada, disfrazada de superación.

 

La vida y el trabajo nos piden vivir a mil, no detenernos y volver a lanzarnos, y el amor en los tiempos del Tinder no se queda atrás, más bien se lo propulsa de manera ejemplar. Los analistas comprobamos que uno nunca sabe qué es para el otro, ni siquiera para ese otro con el que comparto colchón hace tantos años; eso no impide que intentemos ver cómo funciona ese no poder saber en las relaciones tal como se tienden a implementar en esta época, que viene durando. Lo que aparece como disruptivo y lo que permanece igual, ajeno a los pasos del tiempo. La soledad nos acompaña, a veces nos gusta y otras nos corroe.

 

Cupido no cumple años tan fácilmente. Eros irrumpe en la pantalla de un celular y podemos pensar que es muy distinto a cuando aparecía insinuado tras el jugueteo de la histérica con el botón de la blusa.

 

Pero el celular es una pantalla, un muro en el que de pronto la provocación me llama. Igual se miente en las cualidades amatorias como en el tamaño del busto o del pene. De pronto y sin haber mediado más de uno o dos holas, pasan a presentarse a pelo, como si nada: escondido tras el muro, cualquiera es un desvergonzado. Pero no nos engañemos, esta época abusa del exhibicionismo pero no puede plantearse como su creadora.

 

Lo nuevo es que igual que te convoco te bloqueo. No importa nada, no me guardo nada pero muchas personas después de un tiempo de uso, se muestran tan desencantadas como siempre. No nos libera tanto, hoy también la represión está al toque. Con tocar un botoncito.

 

En realidad si una vive un tiempo, le alcanzará para ver varios cambios, varios "nuevos" modos de relación y a los viejos y viejas de siempre tratando de arreglárselas con sus gustos y disgustos. Tal vez como decía la paciente de la viñeta, se tarda menos en hacer caer y caer una de un pedestal.

 

El movimiento literario y cultural Beat fue el sostén ideológico de los antecedentes de lo que hoy se dice relaciones sexoafectivas, pero tenía un soporte teórico fuerte, con preguntas fuertes que tenían que ver con la propiedad privada de los cuerpos, fueron los primeros denunciantes del uso de los posesivos para la pareja, mi mujer, mi marido, etc. No es lo mismo que pasa ahora. La poligamia no era un modo divertido solamente de jugar, era un intento de luchar contra esas cosas y el amor libre era libre de eso, libre de cosas ajenas al amor.

 

Bueno, no prosperó.

 

Llamémoslo poliamor, libertad sexual o vivir aggiornado, abordar y dejarse abordar no es cosa sencilla. El desengaño no nos abandona, no nos perdona. Voy a cerrar con el mismo que abrí: "Y tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches"... nos quedamos en los días y las noches, pero dá para más la frase. No echar leña al fuego del dolor, es claramente algo con lo que no reaccionamos de primera. Cuando llega la noche, el dolor se reedita. "De pronto me vi como un perro de nadie ladrando, a las puertas del cielo". Puede oírse un dolor encastrado en el alma por un amor perdido hace veinte años o más. Este nuevo modo de borrar al otro no necesita del duelo, pero ¿evitará la melancolía?

 

Las épocas piden acción sin pausa y a la vez el desencanto aparece también tanto más rápido que habitualmente.

Con un dedo te doy un like, con el mismo dedo en cinco renglones cortos te doy un RIP. La pulsión campa a sus anchas.

(*) Psicoanalista

www.aprescoupsp.com.ar

 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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