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Domingo 18.10.2020 - Última actualización - 12:11
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Una de las empresas más importantes de la región

Construir: el verbo que CAM conjuga desde hace tres décadas

CAM (que son las siglas de la Constructora de Arditti y Morgenstern, socios fundadores) es una pujante empresa santafesina que en casi treinta años de vida (29, en realidad) y casi cien edificios (99 en realidad) está en el centro de la escena en la capital de la provincia y de la región. Un repaso por una historia llena -literalmente- de concreciones.

Daniel Arditti y Sergio Morgenstern socios y amigos, se unieron en 1991 para crear CAM Construcciones. Crédito: GentilezaDaniel Arditti y Sergio Morgenstern socios y amigos, se unieron en 1991 para crear CAM Construcciones.
Crédito: Gentileza

Daniel Arditti y Sergio Morgenstern socios y amigos, se unieron en 1991 para crear CAM Construcciones. Crédito: Gentileza



Una de las empresas más importantes de la región Construir: el verbo que CAM conjuga desde hace tres décadas CAM (que son las siglas de la Constructora de Arditti y Morgenstern, socios fundadores) es una pujante empresa santafesina que en casi treinta años de vida (29, en realidad) y casi cien edificios (99 en realidad) está en el centro de la escena en la capital de la provincia y de la región. Un repaso por una historia llena -literalmente- de concreciones. CAM (que son las siglas de la Constructora de Arditti y Morgenstern, socios fundadores) es una pujante empresa santafesina que en casi treinta años de vida (29, en realidad) y casi cien edificios (99 en realidad) está en el centro de la escena en la capital de la provincia y de la región. Un repaso por una historia llena -literalmente- de concreciones.

Daniel Arditti y Sergio Morgenstern decidieron "hacer algo juntos" en el comienzo de la década del noventa. El primero ya se había recibido de ingeniero y había trabajado en Buenos Aires, en San Luis, aquí y allá. El segundo estudiaba Arquitectura en Santa Fe. En 1991 deciden fundar CAM y desde entonces no pararon de construir. 

 

"Nosotros nos conocemos de pibes -arranca Daniel Arditti-, nuestras familias eran amigas, tenemos una relación personal de criaturas, digamos. Cada uno fue haciendo su vida educativa. Yo estudiaba. Me recibí de ingeniero y me fui a trabajar a Buenos Aires, después a San Luis, anduve por varios lados hasta que un día decidí volver al pago. Y en algún encuentro casual de amistad nos encontramos nuevamente. Él estaba estudiando arquitectura y yo ingeniero. 'Che vamos a hacer algo', 'bueno vamos a hacer algo'. Y enseguida empezamos con algunos trabajos. Uno empieza que un amigo, un tío, un pariente te encarga algo. Así empezamos. 

 

"Después -relata- nos dieron dos o tres obras importantes. Por ejemplo, en Buenos Aires era el furor de los fútbol cinco, y entonces inversores de allá decidieron hacer varias canchas de fútbol cinco en la región. Y nos ofrecieron hacer esas obras, así que esos fueron nuestros comienzos".

 

Sergio Morgenstern precisa que "la primera década hemos trabajado mucho en todo tipo de obras… Es más, la mitad de los casi treinta de años de CAM estuvo dedicada a todo tipo de obras y no específicamente a -sólo- edificios, Fueron un montón de obras para terceros, locales comerciales, galpones, locales para firmas fuera de Santa Fe..."

Daniel Arditti, en la obra del edificio 98 sobre Av. Alem.Foto: El Litoral

 

Constructora, siempre

 

 

El ADN de CAM es la construcción. Así de simple y sencillo, desde el principio. "Siempre empezamos -suma Arditti- como una empresa de ejecución de obras. La parte de proyecto, y profesional era un complemento de la parte de ejecución. Al principio, en los primeros años, hacíamos todo nosotros, el proyecto, todo. Cuando fuimos entendiendo que por ahí uno no es bueno para todo, o que hay gente que hace cosas en determinados rubros mejor que uno, decidimos por ejemplo contratar para los proyectos de edificios a profesionales más capacitados que nosotros.

 

"Pero quiero decir -enfatiza- que empezamos y somos una empresa constructora. La desarrolladora de edificios, que es un término que apareció en los últimos años, es una consecuencia de la empresa constructora". 

 

Recuerdan además que "nosotros teníamos un equipo, éramos una constructora que ofrecía trabajos a terceros. Pasaron un par de años y empezamos a estar medio obsesionados por dar continuidad al trabajo. Porque como contratista vos estás con un proyecto dos meses, seis meses y ese proyecto se termina y tenés que ir por otro…

 

"Nosotros pensábamos en la continuidad para que cuando no tengamos obras seguir teniendo trabajo y manteniendo ocupada a la gente que trabaja con nosotros, los albañiles, los carpinteros… Así, empezaron a salir los edificios".

Sergio Morgenstern. Foto: El Litoral

 

-¿Cuál es la diferencia entre hacer casas y locales y hacer edificios?

 

-La diferencia fundamental entre un local comercial, una casa y un edificio es que en las primeras hay un cliente determinado y desde el primer día nosotros tenemos una relación personalizada, cara a cara con el que va a ser el usuario. Todo lo hacés con un intercambio permanente con el usuario. 

 

En un edificio por ahí es diferente porque es una estructura que vos vas vendiendo a medida que vas construyendo y vos tenés que tener la sensibilidad de entrever lo que el cliente va a querer o necesitar cuando el edificio esté terminado. Es la parte más difícil de todas. Es decir: armar un producto que dentro de dos años va a tener un dueño y allí tenés que estar listo para incorporar elementos que no estaban entonces, cuando empezaste. Es como un auto, el modelo 2020 es casi igual al de 2015, pero este trae GPS por ejemplo y el anterior no. Esa, creo, es una de las virtudes que tenemos como empresa. Hemos sabido sostener en el tiempo esa capacidad de actualización. 

 

Cumplimiento en plazos y presupuestos

 

Los socios y amigos sostienen que uno de los valores importantes de CAM es "el cumplimiento". Y que ese compromiso tiene al menos dos facetas que en la construcción muchas veces "se mueven": los presupuestos y los plazos. Estuvo mucho tiempo instalada la idea de que si construías, los plazos y los costos no eran fijos. CAM salió a pelear frontalmente contra eso y a darle certeza a ambos componentes. Y lo explican...

 

"Nosotros sabemos que, por ejemplo, si trabajás para una industria y necesitás completar una plataforma para una máquina que se va a instalar el 18 de noviembre, puedo entregar el 17, pero el 19 ya no sirve… 

 

"Nosotros decimos que vamos a terminar tal obra en tal momento, y esa obra va a estar ese día. Ese fue el nicho principal que aprovechamos cuando comenzamos con lo nuestro. Santa Fe en los 90 no tenía una cultura de cumplimiento. Vos te hacías un local entonces y el constructor te decía en dos meses está; y después te demoraban el doble o más. Nosotros fuimos muy estrictos con nosotros mismos en materia de cumplimiento".

 

Algo parecido ocurrió siempre con el tema de los presupuestos. "Son las dos cosas que le quitan a la construcción su racionalidad: no tener un presupuesto bien calculado y cerrado y no cumplir con los plazos", explica Morgenstern. 

 

Y Arditti considera que "todos los negocios en la Argentina tienen dos tipos de variables; unas dependen directamente de vos, y otras, no dependen de vos. No nos podemos ir a pelear con lo que es la evolución o la cotización del dólar, dólar oficial, blue, amarillo, verde… En eso no podemos hacer nada. Pero en lo nuestro, sí podemos. 

 

"Mirá –confiesa-, en este momento, por primera vez en treinta años y cien edificios, vamos a correr por primera una fecha de entrega, vamos a posdatarla un par de meses producto exclusivamente de la pandemia. Llevamos seis meses trabajando a media máquina por los protocolos y demás. Entonces le decimos a un cliente que en vez de diciembre le vamos a entregar el edificio en febrero o marzo, y no pueden creer que solamente sea ese pequeño retraso. No hay que buscar la excusa en el tercero o en lo que no podemos manejar, y en cambio debemos concentrarnos mucho para adentro, en las cosas que sí dependen directamente de nosotros. Uno tiene que ser autocrítico.

 

"Cuando fue el 2001 -recuerdan-, que fue una hecatombe mucho más concentrada en el tiempo que lo que vivimos ahora, nosotros tomamos entonces una decisión estratégica al revés que muchos otros. Aceleramos los tiempos de obras y las terminamos antes, para tener las unidades listas lo antes posible. Y otros colegas demoraron esperando a ver qué iba a pasar. Y salimos de esa enorme crisis mucho más fortalecidos y convencidos del modo de hacer las cosas".

 

Después de la crisis

 

 

Fue después de la crisis de 2001, justamente que la empresa empezó a tomar volumen y peso dentro del mercado. "La sinergia que veníamos trayendo ya traccionaba y en 2005 o 2006 hubo como una explosión. Y empezaron a aparecer hitos determinados que apuntalaron ese crecimiento. Uno es el puerto. Creo que la consolidación de los desarrollos inmobiliarios fue a mediados de la década del 2000, después de la gran crisis".

 

Arditti señala que a la salida de la convertibilidad, la gente comenzó a entender que el bien más estable en valor patrimonial o para conservar un ahorro es el ladrillo. "Con la crisis del 2001 los precios cayeron estrepitosamente en una relación de 4 a 1. Luego se fueron recuperando de a poco y la gente se dio cuenta que el ladrillo, en un país con condiciones cambiantes, es un bien en donde uno se puede resguardar", asegura.

 

El Puerto: otro hito importante

 

"Cuando empezamos en el puerto -coinciden-, en 2010, nos dijeron que nos quedáramos tranquilos que en dos años iba a haber gas, calles, iluminación en la zona. No hubo nada. Todo lo que ves cuando entrás al puerto, lo hicimos nosotros. No por el hecho de haberlo ejecutado, sino por generar los recursos para que se materialicen. No es una crítica. Pero el Estado aportó sólo la parte proyectual, pero no dinero para que el Puerto se desarrolle. Luces, cloacas, desagües. Y decí que nunca creímos, como nos dijeron, que iba a haber gas. Hoy habría edificios sin habilitar. Hicimos edificios y departamentos que no dependían del gas, sino ciento por ciento de la electricidad, como sucede en muchas partes del mundo. Fue un acierto..."

 

Morgenstern acota que "nadie veía al Puerto, y nosotros decidimos apostar en el lugar. Hicimos un primer edifico y hoy ya hicimos seis o siete". Y respecto de la presencia del Estado, señala que "la última obra de gas importante que se hizo en Santa Fe fue por el aporte de un fideicomiso de una empresa local. No salió del erario público, sino de dinero privado".

 

Los dueños de CAM sostienen que el verdadero desafío que se viene, es detectar nuevos espacios en la ciudad capital, pues creen que hay sitios, lugares, zonas que esperan las mejoras que pueden traer nuevos desarrollos.

 

"Las personas encargadas de pensar los desarrollos y crecimiento de las ciudades muchas veces piensan que ese crecimiento es hacia afuera. Y a veces, muchas veces, hay crecimiento o potencialidad de crecimiento hacia adentro. El Puerto es un clarísimo ejemplo; la ex Milkaut, donde tenemos un desarrollo importante previsto, también; el predio de Fecovita, que tiene a un desarrollador colega, también. 

 

"Pienso siempre en la esquina de San Martín y Suipacha", dice Arbitti. "Hoy hay un desarrollo imponente y era antes un lugar totalmente degradado en el centro mismo de la ciudad. Y allí hubo acuerdos entre funcionarios y desarrolladores pensando en mejorar y cuando se da esa sinergia suceden cosas buenas para la ciudad. Santa Fe tiene aún muchos lugares para desarrollar. Pero tiene que haber acompañamiento de todos los estamentos". 

 

En el caso del Puerto, agrega, "era casi una cuestión de decantamiento natural. Una ciudad como Santa Fe, vecina del río, que siempre lo vio como enemigo o se ubicó a espaldas, tomándolo como una amenaza. Y hoy se ha concretado un desarrollo donde la gente convive con el río en el lugar más lindo de la ciudad. 

 

"Pero -advierte- no todos los lugares son así. Si no se generan las apoyaturas de otra índole es difícil salir adelante. Tenés el caso del Parque Federal, por ejemplo. Hubo intentos de los diferentes gobiernos de querer urbanizar esa zona de la ciudad. Y hasta ahora lo único que se hizo allí son esos edificios con apoyatura del Estado, y nada más". 

Daniel Arditti. Foto: El Litoral

 

Orgullo y compromiso

 

 

Las constructoras, por definición, miran para adelante, piensan en lo que van a construir, en lo que van a hacer, en la próxima obra o desarrollo. A los integrantes de CAM les pedimos en este caso una mirada retrospectiva. Apareció la palabra orgullo. Apareció la palabra compromiso.

 

"Hacer un edificio -expresa Arditti- es una cosa compleja. Tenés muchos actores, mucha participación de gente. Y pasan cosas cuando construís. Ahora, cuando terminás a los tres o cuatro años, el edifico queda. Cuando vos pasás por la puerta y ves el edificio y a gente viviendo allí, te olvidás de lo malo o lo duro que pasó en el medio.

 

"Y hay edificios a los que uno les tiene particular cariño, ya sea porque representaron determinados hitos para la empresa o para la ciudad. Pienso, por ejemplo, en el edificio que está en Bulevar y Mitre, que se construyó insertando la torre en una propiedad que era patrimonio cultural. Me acuerdo de las reuniones con la gente de Patrimonio. Las discusiones, los debates. Y nos pusimos a trabajar para encontrar los caminos para que el edificio se haga y preservando lo que debía resguardarse.

 

"Uno se siente orgulloso por lo hecho, pero también piensa cuánto más podría hacerse si hubiera más sinergia entre lo púbico y lo privado. Qué importante sería tener líneas rectoras, planes estratégicos a veinte o treinta años que no dependan de los cambios de gobierno.

 

"El Puerto una vez más es el mejor ejemplo. De tener un sitio vedado con un muro, con sitios descuidados o en estado de abandonado, a esta realidad… Hoy veo chicos andando en bicicleta por calles nuevas que se abrieron. Y aún falta un montón, pero es un ejemplo".

 

Y Morgenstern afirma: "Nuestra empresa nos da orgullo. Con errores y desaciertos incluidos, y muchos aciertos, siempre hicimos las cosas con total honestidad. Me da orgullo ver las obras que hicimos, no sólo los edificios. Hicimos obras en la peatonal, hemos hecho obras en la Plaza Alberdi y vimos que la gente se apropió de ese espacio urbano, que quedó muy lindo.

 

Y de paso, confronta en broma con su amigo Arditti: "Daniel se acuerda únicamente del edificio de Bulevar y Mitre, pero yo recuerdo también que reciclamos un 'cadáver' que estuvo quince años parado en 9 de julio e Irigoyen Freyre, que no lo quería agarrar ninguna empresa constructora. Y hoy es uno de los edificios más lindos de la ciudad. Y eso también te da orgullo".

 

La importancia de las desarrolladoras locales

 

Arditti y Morgenstern aseguran que el déficit de viviendas en el país es muy grande. "En el caso de la vivienda social, el déficit es mucho más impactante por la conformación de barrios marginales que crecen cada vez más, potencialmente. Y las viviendas que se construyen en las macrocentros urbanos -y Santa Fe es una ciudad más, en ese sentido- va a acompañando más esta dinámica de la captación del ahorro que tiene la sociedad y que se vuelca en bienes durables". 

 

"Lo que tiene nuestra actividad -sostienen también-, es que es tremendamente potenciadora de dinámicas regionales. Si un comerciante o un profesional tiene la posibilidad de capitalizarse en la propia ciudad o región, lo va a hacer. Es dinero que se vuelca aquí mismo y no emigra. Apuntamos a ese cliente. Queremos que esos ahorros queden o se vuelquen en Santa Fe. Si no existieran desarrolladores locales, esos dineros emigrarían a otras plazas. La principal virtud que tenemos es que esa plata queda acá y genera actividad económica y empleo genuino local".

 

Y rematan: "Por eso a veces uno no entiende como un funcionario que ocupa ocasionalmente un cargo, no terminan de entender esa dinámica. Una demora en un trámite municipal, por dar un ejemplo, que detiene un ritmo o una obra por cuestiones menores, tiene consecuencias que van mucho más allá de lo que ese funcionario puede ver. Quien se decidió a invertir en un departamento por ejemplo, y no tiene la opción acá, lo hará en Rosario, Córdoba o Buenos Aires". 

 

"Cuando hacés un edificio, hay que armar un producto que dentro de dos años va a tener un dueño y allí tenés que estar listo para incorporar elementos que no estaban entonces, cuando empezaste". Daniel Arditti

 

"Me da orgullo ver las obras que hicimos, no sólo los edificios. Hicimos obras en la peatonal, hemos hecho obras en la Plaza Alberdi y vimos que la gente se apropió de ese espacio urbano, que quedó muy lindo". Sergio Morgenstern

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Néstor Fenoglio


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