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Miércoles 18.11.2020 - Última actualización - 20:58
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Por María Angélica Sabatier

Santa Fe de la Vera Cruz, enclave urbano en un entorno eco-fluvial único

La Laguna Setúbal pertenece a un entramado increíble de ríos, riachos, lagunas que se agrandan y se achican según el estado del Río Paraná. Crédito: Fernando NicolaLa Laguna Setúbal pertenece a un entramado increíble de ríos, riachos, lagunas que se agrandan y se achican según el estado del Río Paraná.
Crédito: Fernando Nicola

La Laguna Setúbal pertenece a un entramado increíble de ríos, riachos, lagunas que se agrandan y se achican según el estado del Río Paraná. Crédito: Fernando Nicola



Por María Angélica Sabatier Santa Fe de la Vera Cruz, enclave urbano en un entorno eco-fluvial único La pandemia nos enfrentó como pocos hechos a la evidencia que señala a la destrucción de hábitats, la pérdida de biodiversidad y la enloquecida emisión de gases de efecto invernadero como raíces profundas de la crisis ecológica y climática.

Por María Angélica Sabatier (*)

 

"Nuestra ciudad tiene la particularidad de estar conformada por ríos, lagunas e islas, que representan el 70% de la superficie total. Creo que nos estamos 'llevando puesto' el privilegiado territorio que habitamos, lo estamos contaminando y prendiendo fuego". Daniela Lossada (*)

 

Desde el aire, Santa Fe de la Vera Cruz deja al observador sin aliento, pegado a la ventanilla del avión, en una mirada maravillada, descubriendo una imagen que difícilmente olvide.

 

Un entramado increíble de ríos, riachos, lagunas que se agrandan y se achican según el estado del protagonista principal, el Río Paraná, el mismo que ha labrado un amplio valle, mucho más ancho de lo que en general se piensa. Valle sobre el que la sociedad, con su insaciable empeño en dominar la naturaleza y lucrar con ella, ha cometido varios sacrilegios injustificados la mayoría, y fuertemente anclados en una especulación inmobiliaria infinita, generadora de una renta que ven algunos y pagamos todos, junto con la reparación de daños que cada tanto se acumulan alcanzando cifras siderales.

 

Cuando por los 80 se empezó a batallar con la expansión de la ciudad hacia el este, ocupando parte del valle del Paraná en la llamada Zona de la Costa emulando la ciudad ya construida hacia el oeste de la Setúbal y al este del Salado, los Ingenieros en recursos hídricos pusimos el grito en el cielo; las razones siguen vigentes, pero el ansia de lucro y perspectiva del poder dominante pudo más.

 

El resto es historia conocida, pero no por ella acabada, todo lo contrario: defensas, loteos, construcciones por debajo de niveles históricos de crecida amenazadas por riadas frecuentes y por los anegamientos por lluvia, alteo de terrenos para fundar viviendas tradicionales en áreas especiales, obras de infraestructura, ampliación de rutas, equipamiento de regulación hídrica, todo eso, en pleno valle de un río monumental.

 

El resultado, a la vista

 

En vez de densificar la ciudad en su zona histórica y el ensanche posterior, se extendió la trama urbana hacia zonas que jamás debieron ser ocupadas, por su vulnerabilidad manifiesta, utilizando además mucho más suelo del necesario, carcomiendo el área periurbana, presionando sobre los presupuestos públicos para ir siempre detrás de la infraestructura urbana básica pero sobre todo, condenando a las periferias a una insuficiente dotación de todo aquello que hace parte de los satisfactores de calidad de vida.

 

Todos deberíamos poder ver al Paraná desde el aire, a la altura de nuestra ciudad, al menos una vez en la vida, con el reflejo del sol sobre esas venas activas, llenas de vida, que alimentan como un sistema venoso la vida enorme que allí se desarrolla, a pesar de todo y de todos.

 

Un ecosistema impresionante, por donde se lo mire, que muestra efectos inequívocos de la lógica dominante desde aquellos '80 caracterizados por el revival de un liberalismo global que no cede ni retrocede a pesar de las señales de alarma que suenan todas al mismo tiempo.

 

"Es lamentable que hayamos convertido los márgenes de nuestros ríos en vertederos de basura y desagües, y hayamos hecho cenizas la flora y la fauna de nuestros humedales. Hicimos gris un paisaje que estaba lleno de colores y de vida" dijo Daniela Lossada (D.L.), y yo agregaría de tan compleja factura…

 

Producto de una rigurosa formación que me dio la hidráulica fluvial impartida por el Ph D Alfonso Pujol (¡chapeaux!), iniciador y mentor en la tarea de investigación que me sumió muy tempranamente en una fascinante investigación sobre ríos a fondo móvil, la dinámica de los sistemas fluviales y la resolución sistémica de la energía que descargan, los patrones de escurrimiento empezaron a cobrar sentido y a constituir una suerte de particulares obras de arte ejecutadas por una naturaleza pródiga, que no nos dio ni montañas ni grandes accidentes geográficos en altura , pero nos compensó con un enorme cauce que hace parte de un sistema fluvial extremadamente parecido al sistema venoso del organismo humano, ese que sostiene la vida más allá hasta de la muerte cerebral. Un sistema en el que cada componente tiene una función para preservar el equilibrio del conjunto y en el que cada intervención por mínima que sea puede desatar un cambio -si no drástico- capaz de desencadenar alteraciones permanentes o muy difíciles de neutralizar.

 

"Debemos revertir las prácticas 'poco amables' -eufemismo que abarca extractivismos varios, cortes de cauces, aperturas de canales, rellenos diversos, excavaciones multipropósito ¡todavía hoy!, intervenciones nada apropiadas en ambientes susceptibles y vulnerables, sobre todo, ignorancia casi absoluta da la capacidad de carga del sistema macro y sus componentes messo y micro- que hemos establecido o naturalizado, reconocer la importancia de nuestro capital fluvial, preservarlo y exigir que sea vigilado y saneado" (D.L.).

 

La pandemia nos enfrentó como pocos hechos a la evidencia que señala a la destrucción de hábitats, la pérdida de biodiversidad y la enloquecida emisión de gases de efecto invernadero como raíces profundas de la crisis ecológica y climática "sin precedentes" que desde los tempranos '70 ha sido denunciada una y otra vez como la expresión de los límites del crecimiento (Meadows y otros, 1972) o del colapso que nos amenaza versus una nueva sociedad (Catástrofe y Nueva Sociedad. Fundación Bariloche1975), construida a base de otra educación para esa nueva sociedad.

 

Una pandemia que nos llega -en concomitancia- con una sequía hiperanual de tipo macro regional que hace ya un tiempo que produce una bajante extraordinaria por sus niveles y duración, con picos de crecida cada vez más breves: bajante extraordinaria que puso de manifiesto los grandes cambios a los que ese gran humedal que nos es tan caro y simbólico ha sido sometido.

 

La Setúbal, corazón del mismo, para los que residimos en la ciudad de Garay , acusa las consecuencias de las acciones arriba mencionadas entre otras muchas que deben detenerse por completo, mitigando el daño severo que se le ha infringido durante muchas décadas. No se puede seguir ocupando el valle del río, no se puede seguir refulando para altear zonas a lotear, no se puede seguir jugando con un sistema que es una bomba de tiempo

 

Otras acciones, de orden remedial, de recuperación y recomposición deben pensarse y ejecutarse, sin recurrir a estrategias mecánicas y meramente funcionales; y sobre todo, dejar de meter mano en un sistema con enorme capacidad de auto-regulación espontánea o asistida como se debe. La pertinencia de estas acciones debe ser fuertemente analizada, resguardando la integralidad del objeto, sin reduccionismos ni recortes inconducentes.

 

Hago mías las palabras con que Lossada cierra el comentario que me hizo llegar. Ella, como muchos, piensa y expresa: "Creo en la participación de la ciudadanía en la construcción de una relación más sana con nuestro entorno, que permita el pleno disfrute y la conservación de nuestro patrimonio natural común".

 

Pero el Ambiente es más que el patrimonio natural común. "Es el emergente de la relación sociedad-naturaleza, que se manifiesta en varias dimensiones como la social, la ecológica, la económico-productiva y la político-institucional, allí, donde lo educativo-comunicacional, lo normativo-regulatorio y todo lo relativo a prevención y control podría cambiar las cosas, si así lo decidiéramos".

 

(*) Ingeniera en Recursos Hídricos Magister en Gestión Ambiental. Docente e investigadora FADU-UNL

(**) Arquitecta, santafesina, ex alumna, Reflexión breve aportada en octubre 2020.

 

La pandemia nos enfrentó como pocos hechos a la evidencia que señala a la destrucción de hábitats, la pérdida de biodiversidad y la enloquecida emisión de gases de efecto invernadero como raíces profundas de la crisis ecológica y climática.

"Creo en la participación de la ciudadanía en la construcción de una relación más sana con nuestro entorno, que permita el pleno disfrute y la conservación de nuestro patrimonio natural común".

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