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Sábado 05.12.2020 - Última actualización - 5:07
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Las tres versiones de un crack...

"Pelusa", Diego, Maradona

Cyterszpiller lo "bancó" dándole comida y hasta vivienda. Las luces del éxito lo condujeron a otros que lo llevaron al debacle profesional, familiar y económico. La historia de alguien que, en el descanso eterno, seguramente se reencontrará con quiénes fueron sus amigos de verdad y lo quisieron cuando era "Pelusa".

Diego cuando ya era Diego y brillaba en Argentinos Juniors, junto a su padre y a Jorge Cyterszpiller.    Crédito: El LitoralDiego cuando ya era Diego y brillaba en Argentinos Juniors, junto a su padre y a Jorge Cyterszpiller.
Crédito: El Litoral

Diego cuando ya era Diego y brillaba en Argentinos Juniors, junto a su padre y a Jorge Cyterszpiller. Crédito: El Litoral



Las tres versiones de un crack... "Pelusa", Diego, Maradona Cyterszpiller lo "bancó" dándole comida y hasta vivienda. Las luces del éxito lo condujeron a otros que lo llevaron al debacle profesional, familiar y económico. La historia de alguien que, en el descanso eterno, seguramente se reencontrará con quiénes fueron sus amigos de verdad y lo quisieron cuando era "Pelusa".

Néstor López

 

Junio de 1973. Tarde fría por el barrio de La Paternal. Los Cebollitas, un equipo de fútbol que por esa época era el muletto de "Crisol", la abadía del club más grande del barrio -la Asociación Atlética Argentinos Juniors- practicaba fútbol y un niño de 13 años deleitaba a quién quisiera verlo. Lo apodaban "Pelusa" y entre esos espectadores asombrados se encontraba Jorge Cyterszpiler. Luego los presentaría Francis Cornejo, quien por esos años era el captador de talentos del "Bicho". Nunca imaginaría (Cornejo) que sería quien fundaría una gran amistad.

 

Pelusa comenzaría a disfrutar de las ricas milanesas de la abuela de Cyterszpiler y descansar en la habitación de Juan, tío de Jorge, que había fallecido en ese tiempo de un cáncer fulminante. Jorge y su familia serían quienes contendrían en todas sus formas a aquel pichón de crack.

 

En 1977, al año siguiente de un debut más que auspicioso en la Primera División, don Diego y su señora le pedirían a Jorge que represente a su hijo. Así pasó a Boca donde por ese tiempo ya un grupo de jugadores eran "asesorados" por un empleado bancario de apellido Copola y entre los jugadores se encontraba Carlos Randazzo, un ruliento delantero cuya familia explotaba florerías en Capital Federal, quien presentó al ya conocido Diego a su asesor financiero.

Diego en su más pura expresión de niño, cuando era "Pelusa" y ya llevaba la número 10 de los Cebollitas. Foto: El Litoral

 

Luego llegó la venta al de exterior, Barcelona, dónde luego de jugar dos temporadas pasaría a un club humilde del sur italiano (Napoli): Hasta aquí, la relación de Diego con Cyterszpiler, tanto de amistad como de trabajo, era impecable. Ya Diego había mudado a sus padres y hermanos de Villa Fiorito a una confortable vivienda en calle Cantilo, del exclusivo barrio de Villa Devoto y adquirió también un lujoso piso para él, su esposa e hijas, en Habana y Segurola, además de otras inversiones que el mismo Jorge le iba sugiriendo.

 

 

El ya nombrado Randazzo (quien ya abandonado el fútbol fue interceptado en un paso fronterizo de Neuquén con cientos de kilos de marihuana con destino a Chile), comenzó a convencer al cuñado de Diego (conocido como Morsa) de lo bien que lo manejaría el ex bancario como representante a Diego y así, ya con visitas varias de éste a Nápoles y salidas en grupo, comienza a alejar al 10 de su amigo y primer representante, llegando como final una noche muy triste para Jorge cuando, de madrugada y en una noche rodeada de alcohol y otras sustancias, Diego, junto a su "entorno" y "alegres" visitantes le arrojaron a una piscina una de sus piernas ortopédicas, que disimulaban una poliomilitis sufrida por por Cyterszpiler en su niñez.

 

Aquí comenzaría el debacle profesional, familiar y económico de Diego. Vendrían años de excesos, de raras situaciones, como lo de la calle Franklin en el barrio de Floresta, donde un alucinado Diego era sorprendido por cámaras y micrófonos luego de una de sus tantas maratónica salidas que a esta altura eran más publicitadas que sus hazañas en un campo de juego. Vendrían años de oscuridad en la vida de Maradona, equipos varios como hijos y una familia desmembrada y absolutamente mal manejado y asesorado, desde lo deportivo hasta lo económico, mezclando lo profesional con lo personal como ocurrió con el ex cajero bancario.

 

Mientras, él y sus aduladores de turno contaban a quien quisiera escuchar su hazañas, viajes, lujos, exentricidades y hasta las mujeres con quiénes salían y, aún hoy, el ex representante canoso lo sigue haciendo por cualquier medio periodístico que lo llame.

 

Con Guillermo Cóppola, cuando ya era Maradona. Estuvieron mucho tiempo juntos y vivieron una tormentosa relación. Foto: El Litoral

 

Por estos días se han escrito y dicho elogios hasta exagerados de Maradona y se ha obviado, (como siempre ocurre en este país), cuando la hipocresía supera la sensatez, algo muy importante: Maradona murió sólo y abandonado y en su entierro íntimo hubo personas que jamás hubiese querido que llevaran su ataúd, manejaron su sepelio algunos que nunca él hubiese aprobado y, por estos días, seguramente Diego Armando Maradona disfruta de su gran e inobjetable amigo de la infancia, aquél que le dio un techo y comida caliente cuando en su casa no había y luego lo representó alejado de lo personal, como así también estará rodeado de sus padres, que amó y extrañó mientras estuvo por acá, y volvió a ser feliz como cuando integró los Cebollitas. Desde allá, mirará con esa sonrisa pícara , franca y sana de Pelusa, cómo se pelearán por su dinero, aquí en la tierra o mejor dicho en el barro de la peor miseria humana.

 

 

Vuelva a ser aquél que jugaba de niño en su Fiorito natal , descanse en paz guerrero, afloje su puño que ya está con quienes lo aman de verdad, como cuando no tenía nada ni era nadie.

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