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Miércoles 17.02.2021 - Última actualización - 12:48
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Tercera nominación al Nobel de La Paz

"Quizás no haya vida más auténtica en el planeta que la del Padre Opeka"

El santafesino Gastón Vigo Gasparotti contó su relación con el cura argentino que hace más de 50 años trabaja para cambiar la realidad de Madagascar, uno de los países más pobres del mundo. Tras pasar tiempo con Opeka en África, busca plasmar su obra humanitaria en Argentina.



Tercera nominación al Nobel de La Paz "Quizás no haya vida más auténtica en el planeta que la del Padre Opeka" El santafesino Gastón Vigo Gasparotti contó su relación con el cura argentino que hace más de 50 años trabaja para cambiar la realidad de Madagascar, uno de los países más pobres del mundo. Tras pasar tiempo con Opeka en África, busca plasmar su obra humanitaria en Argentina. El santafesino Gastón Vigo Gasparotti contó su relación con el cura argentino que hace más de 50 años trabaja para cambiar la realidad de Madagascar, uno de los países más pobres del mundo. Tras pasar tiempo con Opeka en África, busca plasmar su obra humanitaria en Argentina.

"Demostró estar 50 años enfrentando la pobreza en un país tan complejo como Madagascar y nunca se dio por vencido", valoró Gastón Vigo Gasparotti al describir al Padre Opeka.
Foto: Gentileza


Trascender las fronteras de nuestro país y llegar a un lugar recóndito de África para cambiar la realidad desesperante de parte de la población de Madagascar, fue el puntapié de la obra humanitaria del cura argentino Pedro Opeka hace más de 50 años en uno de los países más pobres del mundo.

 

Por su trabajo solidario y de construcción social, Opeka fue nominado al Nobel de la Paz por el primer ministro de Eslovenia, Janez Jansa. Entre los argumentos del funcionario esloveno para este premio, destacó su dedicación a "ayudar a las personas que viven en condiciones de vida espantosas".

 

"Pedro siempre insiste con que hay que perdonar, olvidar y continuar", indicó Gastón Vigo Gasparotti, en una entrevista con El Litoral. El santafesino es licenciado en Administración de Empresas y doctorado en Economía y tras conocer al Padre Opeka decidió cambiar radicalmente su vida e intentar plasmar en Argentina lo hecho por Pedro en Madagascar.

 

Su relación con Opeka

 

-¿Cómo se da tu vínculo con Pedro?

-En 2018 viajé a Madagascar a trabajar con él y a aprender a su lado, para extender su obra humanitaria de Akamasoa en nuestro país. Una vez que acepta Pedro, uno tiene la suerte de estar en contacto permanente, no solamente en el día a día sino que tenemos la bendición de contar con él en el Consejo Asesor de "Akamasoa Argentina". En este sentido es una relación muy cercana tanto con él como con su familia que le queda en Argentina, sus hermanas y criados.

 

-¿Qué sensaciones generó la noticia de su nueva nominación al Premio Nobel de la Paz?

-Es su tercera candidatura al Premio. Creo que es un acto de justicia y ojalá se lo den. Por la magnitud de su obra, al premio Nobel lo obtiene todos los años y lo apoya gente de distintas latitudes. Solamente con la candidatura muchísima gente a llegado a conocer quién es Pedro Opeka.

 

-Lo que logró el cura en Madagascar es enorme ¿no?

-Está llevando adelante una ciudad de 30 mil personas. Lo que ha logrado construir es una ciudad donde uno puede ver todas las complejidades que se enfrentan en una ciudad, desde desagües, postes de luz, hasta escuelas y hospitales.

En el quinto país más pobre del planeta logró demostrar, a través del trabajo, de la disciplina y la educación, que se puede vencer la pobreza. El camino no es el asistencialismo y el caso más empírico es el de Pedro, donde más de medio millón de personas ha salido de la pobreza.

 

-¿Cuál considerás que fue la fórmula para que tanta gente deje de vivir en condiciones de vulnerabilidad?

-No hay una fórmula mágica, pero con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta que hay cosas que funcionan y otras que no. La primera cuestión es ayudar sin asistir, es decir, evitar toda ayuda que dañe; lo segundo es englobar cada programa que uno va ejecutando, con la idea de que es entendible la asistencia cuando una persona está por morir de desnutrición o tiene una enfermedad terminal, pero a la ayuda la tenemos que pensar siempre con la idea de que tiene que ser transitoria y no permanente.

 

-¿Desde la ONG buscan inculcar esa práctica?

-Sí. Por ejemplo en "Akamasoa Argentina" todo adulto está escolarizado y practican oficios que buscan ser productivos; cada niño está dentro del jardín que hemos construido. Vamos abordando cada etapa de la vida con la premisa de que el esfuerzo y la educación no se negocian. Esto sólo se puede hacer si uno suma a la par y trabaja con ellos; comés y bebés lo mismo que ellos, llega un determinado momento en que se da una amistad, que los consideramos a andamios internos. Si hay una receta mágica es la de sumar dignidad con ellos y trabajar codo a codo.

 

-¿Qué significa Pedro en tu vida?

-Es como mi hermano, tengo ese enorme privilegio. Lo más interesante de todo es que es un ejemplo de humildad. Si la gente tuviera la oportunidad de escuchar sus mensajes, con la sabiduría y a la vez con prudencia. A mí me ha cambiado la vida y no tengo más que palabras de agradecimiento, a un hombre que es un testimonio vivo, quizás no haya vida más auténtica en el planeta que la de Pedro. Demostró estar 50 años enfrentando la pobreza en un país tan complejo como Madagascar y nunca se dio por vencido. Espero que siempre podamos respetar esa hermandad con actos concretos, porque es de lo que siempre habla: de obras concretas.

 

 

Quién es Pedro Opeka

 

El cura Pedro Opeka es hijo de refugiados eslovenos, nació en San Martín (Buenos Aires) y tiene 72 años de edad. Pero gran parte de su vida la desarrolló abocado a su tarea humanitaria en la ciudad de Antananarivo, Madagascar. Llegó a este rincón de África a finales de los '70 y al arribar les dijo a los vecinos del poblado: "Si están dispuestos a trabajar, yo los voy a ayudar".

 

Allí logró, mediante la asociación Akamasoa (que significa "Buen amigo"), construir miles de viviendas, escuelas, clubes y emprendimientos productivos. También contribuyó a educar a más de 13 mil chicos y jóvenes de esa parte del mundo.

 

La huerta comunitaria es una de las herramientas base de la ONG "Akamasoa Argentina".Foto: Gentileza

 

El trabajo de la ONG

 

 

Con el pilar del padre Opeka, Gastón Vigo Gasparotti inició en la localidad bonaerense de Lima, del municipio de Zárate, la ONG "Akamasoa Argentina". 

 

-¿Cuáles son las bases de esta ONG?

-En este momento estamos llegando a 300 personas. Tenemos un jardín Montessori para cubrir la educación de 0 a 3 años; hay un centro de atención de atención primaria de salud con profesionales tales como pediatras, traumatólogos, nutricionistas, para cubrir enfermedades características de la pobreza; tenemos guarderías para niños de 4 a 7 años; una escuela de adultos para educar a nivel primario y secundario. También hay talleres para distintos oficios que van desde herrería, huertas y gallineros, y contamos con una "fábrica" de verdura propia, ya que estamos haciendo una huerta hidropónica donde cosechamos 4 mil kilos de verdura mensuales y eso genera los fondos para soñar con la construcción del primer barrio.

 

-¿Tienen previsto los plazos para concretar el barrio?

-El año pasado adquirimos cuatro hectáreas y ahora planificamos dónde irán las viviendas, los espacios de estudio y trabajo, y Dios quiera que en marzo empecemos a urbanizar, lentamente porque no dejamos de ser una organización no gubernamental.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Tomás Rico


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