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Miércoles 17.02.2021 - Última actualización - 12:31
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Juicio al Comando de la Costa

Crudo relato de las víctimas y reconocimientos espontáneos

Las declaraciones de 3 de los 130 testigos previstos para el debate arrojaron luz sobre los hechos ocurridos el 25 de octubre de 2017. Los policías irrumpieron en 5 viviendas, victimizaron a sus residentes físicamente y repartieron amenazas, no sólo de muerte, sino también de violación.

El juicio comenzó el 4 de febrero y está a cargo de los jueces Susana Luna, Rodolfo Mingarini (izq.) y Pablo Ruiz Staiger (en la pantalla gigante). Crédito: Flavio RainaEl juicio comenzó el 4 de febrero y está a cargo de los jueces Susana Luna, Rodolfo Mingarini (izq.) y Pablo Ruiz Staiger (en la pantalla gigante).
Crédito: Flavio Raina

El juicio comenzó el 4 de febrero y está a cargo de los jueces Susana Luna, Rodolfo Mingarini (izq.) y Pablo Ruiz Staiger (en la pantalla gigante). Crédito: Flavio Raina



Juicio al Comando de la Costa Crudo relato de las víctimas y reconocimientos espontáneos Las declaraciones de 3 de los 130 testigos previstos para el debate arrojaron luz sobre los hechos ocurridos el 25 de octubre de 2017. Los policías irrumpieron en 5 viviendas, victimizaron a sus residentes físicamente y repartieron amenazas, no sólo de muerte, sino también de violación. Las declaraciones de 3 de los 130 testigos previstos para el debate arrojaron luz sobre los hechos ocurridos el 25 de octubre de 2017. Los policías irrumpieron en 5 viviendas, victimizaron a sus residentes físicamente y repartieron amenazas, no sólo de muerte, sino también de violación.

En medio de su declaración, la víctima giró a la izquierda y reconoció al policía que lo había agredido: "Es ese". Sucedió durante el juicio a los dos últimos miembros del Comando Radioeléctrico de la Costa que siguen sosteniendo su inocencia, mientras que el resto de sus compañeros aceptaron penas de hasta 8 años y medio de prisión.

 

Los fiscales de Delitos Complejos, Ezequiel Hernández y Mariela Jiménez, solicitan 18 y 12 años de prisión para Ariel Alejandro Sanabria (44) y Exequiel Maximiliano Mendicino (34), respectivamente, quienes están representados por los defensores particulares Sebastián Oroño y Jorge Questa.

 

Al finalizar el debate, el tribunal compuesto por los jueces Susana Luna -presidenta-, Rodolfo Mingarini y Pablo Ruiz Staiger habrá escuchado a más de 130 testigos, gran parte de ellos víctimas.

 

Cinco casas

 

Se investigaron más de 60 delitos de los que participaron quienes se encuentran en el banquillo de los acusados junto a sus ex compañeros: Nadia Lucrecia Soperez, Claudio Javier Núñez, Juan Emilio Torres, Claudio Cerf y Gabriela Cerf.

 

Los vecinos de La Guardia, Colastiné, Rincón y Arroyo Leyes, denunciaron haber sido víctimas de estos ataques durante 2017, y desde el 4 de febrero último comenzaron a ser oídos por el tribunal. Durante el juicio hubo varios reconocimientos espontáneos cuando, en medio de sus declaraciones, veían a los acusados y los señalaban como sus victimarios mientras Sanabria y Mendicino agachaban la cabeza.

 

Tres personas, tres víctimas, relataron la brutalidad policial desplegada el miércoles 25 de octubre de 2017, cuando el Comando Radioeléctrico de la Costa ingresó, sin orden de allanamiento, a cinco viviendas ubicadas sobre calle Los Eucaliptos de Colastiné Norte.

 

Entre las 8 y las 11 de la mañana amenazaron, golpearon y sometieron a hombres, mujeres, personas con discapacidades y menores de edad. A algunos, incluso los privaron de su libertad para continuar con los malos tratos, según los testigos.

 

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"Estaba durmiendo con mis dos chicos, una es ciega. Golpeaban la puerta. No alcancé a abrir y me empujaron" relató la moradora de uno de los domicilios. "Entraron dos policías" y ella les preguntó qué buscaban y si tenían una orden de allanamiento que los autorizara a ingresar de esa manera.

 

"Me contestaron que ellos no necesitaban -una orden de allanamiento- para hacer eso, que podían entrar". Los uniformados comenzaron a revisar el lugar y cuando ella les volvió a consultar qué estaban buscando, le respondieron: "Armas".

 

La hija no vidente de la mujer aún dormía cuando los policías dieron vuelta el colchón. "Me amenazaba la mujer policía que me iba a hacer llevar a la nena a un juez de menores y que la iban a hacer violar, igual que a mi otro chico".

 

Luego de "dar vuelta" la casa y no encontrar nada, los agentes del Comando tomaron al niño, "lo tiraron contra el piso y le apretaron la cabeza, le dijeron que se haga hombre". También "lo llevaron del cuello a un descampado". Allí "lo amenazaron para que les entregara las armas, si no lo iban a matar", especificando que "lo iban a llevar a la costa y lo iban a ahogar"

 

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Con un palo borracho

 

Tras maltratar a la mujer y a sus dos hijos, los agentes irrumpieron en una construcción lindera, donde el hijo de 17 años de ella estaba durmiendo junto a un amigo. El joven, recordó que "de repente escuchamos el golpazo en la puerta" y los policías ingresaron y "le empezaron a pegar -a su amigo-, eran como cuatro o cinco".

 

Les exigieron "dónde está la carne" mientras los amenazaban y decían "que ellos sabían a quién se la vendimos". También "me decían que si no les decía dónde estaba la carne me iban a meter preso, e iban a llevar a mi hermanita y a mi hermanito a un reformatorio".

 

"Nosotros no sabíamos qué pasaba, por qué hacían eso, no sabíamos qué decirles. Ellos en la casa revisaban, yo les dije que era menor pero no me creían". No sólo era menor, sino que padece de epilepsia y tiene un retraso.

 

"Después nos llevaron" a la comisaría de Rincón "y ahí me seguían pegando en el cuello, en el estómago y en las costillas. Me decían 'mirá se te paró un mosquito' y me pegaban en la cara, en la panza…"

 

Al muchacho también intentaron obligarlo a meter los dedos en un ventilador que había en la dependencia policial, mientras él se resistía con todas sus fuerzas. Era tan grande el terror, que no pudo evitar orinarse encima. Después, lo obligaron a sostenerse sobre una rodilla, contra la pared.

 

Vio a dos médicos policiales. Durante su entrevista con el primero estaba amenazado y uno de los oficiales lo vigilaba. En el camino a ver al segundo, el sufrimiento continuó: "Me pinchaban los pies con un tronco con espinas de palo borracho que tenían en la camioneta, se bajó el milico y me pinchaba, yo estaba descalzo…"

 

"Me rompieron todo"

 

El amigo del adolescente, que se encontraba con él cuando los agentes de Comando de la Costa ingresaron a la vivienda mientras estaban durmiendo, también contó su historia en el juicio. En la sala de audiencias, reconoció tanto a Mendicino como a Sanabria.

 

"Eran las 10 de la mañana. Entraron tres policías y preguntaban por tejidos y tablones. También me pedían carne", recordó. "Sanabria me tiró al piso y me empezó a patear. Me cortaron la oreja. Me pegaron con un sillón" en la espalda.

 

"Al pibe le pegaron con todo. En la cara, en las costillas. Lo hicieron mear de tanto que le pegaron. El pibe lloraba..." "Después me llamó Sanabria y me dijo que si le daba la plata o la carne se iban", y "Soperez decía que nos sigan pegando". Permaneció durante tres horas dentro de la vivienda, donde "me rompieron todo, me pegaban con botellas, patadas, piñas, con el banco".

 

Después los trasladaron a la Comisaría 14. "Al pibe Sanabria le pegaba con la mano cerrada y hacía como que iba a matar una mosca en el cuerpo" del chico de 17 años. "Después nos esposaron a un palo, al sol".

 

Fue entonces que debió presenciar cómo los policías intentaban forzar al adolescente a que metiera los dedos en el ventilador, y luego lo amenazaron: "Vas a aparecer en el río por botón".

 

"Cuando me llevaron al médico policial me dijeron que no diga nada porque me iban a tirar al río. Por eso le dije al médico que me había caído". También les tomaron fotos, mientras se burlaban, y "después nos escracharon por Facebook".

 

Por segunda vez

 

A la semana de haber recuperado su libertad, los vecinos le hicieron saber que la policía había vuelto a entrar a su propiedad. Le faltaba una balanza, y a pesar de las tortuosas horas que había pasado en manos de la policía, el hombre decidió acercarse a la Comisaría. La única respuesta que recibió fue un uniformado apuntándole con una escopeta.

 

"Estuve como 2 meses sin dormir, pensando que iban a volver a entrar. Tenía un terror bárbaro, porque yo nunca había estado preso ni nada, quedé con miedo". Además, recordó que "Sanabria nos decía que si los denunciábamos íbamos a aparecer en el río".

 

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