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Domingo 02.05.2021 - Última actualización - 16:17
8:49

Una crónica de Santa Fe con coronavirus

Calles vacías y hospitales llenos: cómo es una noche en pandemia

Las calles deshabitadas son un signo de época. Qué pasa en la ciudad mientras todos duermen. "El sistema sanitario está al límite y cansado, y sin posibilidad de expandirse", sentencia el director del Cullen.

Silencio. Este punto simbólico de la ciudad, junto al Puente Colgante, está vacío, en una noche más de pandemia y restricciones. Crédito: Manuel FabatiaSilencio. Este punto simbólico de la ciudad, junto al Puente Colgante, está vacío, en una noche más de pandemia y restricciones.
Crédito: Manuel Fabatia

Silencio. Este punto simbólico de la ciudad, junto al Puente Colgante, está vacío, en una noche más de pandemia y restricciones. Crédito: Manuel Fabatia



Una crónica de Santa Fe con coronavirus Calles vacías y hospitales llenos: cómo es una noche en pandemia Las calles deshabitadas son un signo de época. Qué pasa en la ciudad mientras todos duermen. "El sistema sanitario está al límite y cansado, y sin posibilidad de expandirse", sentencia el director del Cullen. Las calles deshabitadas son un signo de época. Qué pasa en la ciudad mientras todos duermen. "El sistema sanitario está al límite y cansado, y sin posibilidad de expandirse", sentencia el director del Cullen.

Es la fría medianoche del jueves y la ciudad duerme en pandemia. La segunda ola de coronavirus amenaza con jaquear por primera vez el sistema sanitario en la ciudad. Frente al hospital Cullen ya están casi listas las carpas sanitarias que levantaron para internar a la gente que lo necesita. "Ojalá queden de adorno", dice el director del hospital, Juan Pablo Poletti, que se pasó el día organizando el nuevo pabellón con 40 camas y ahora está parado en la puerta, bajo una luna gigante, única testigo. Llega una, otra y otra ambulancia. La incandescencia de las luces desaparece cuando ingresan a la Guardia. Un poco más allá hay apostado un inspector de tránsito. Son los únicos habitantes de la noche santafesina en este punto de la ciudad que de día "hierve". El resto de la calle está vacía, como pidieron las autoridades cuando dispusieron las restricciones de circulación. La noche parece estar bajo control.

 

En cambio en el interior del hospital nadie duerme. Todo está al límite, hasta el oxígeno. "Acá me queda sólo una cama libre en el área Covid y otra en no Covid", dice Poletti y señala al hospital. En un rato comienza el nuevo día y la emergencia no da respiro. Hay que dar respuesta, como lo hicieron durante todo el día codo a codo el resto de los cientos de sanitaristas de esa "ciudad" que es el Cullen, un gigante que da salud. "Esto es muy dinámico, ayer teníamos cuatro camas, hoy una sola y mañana veremos".

 

 

A las carpas

 

Si faltan camas habrá que internar pacientes en las carpas montadas enfrente. En pocas horas los militares las armaron, operarios de Aguas Santafesinas las abastecieron y hasta rompieron la vereda para conectar un desagüe cloacal, mientras que la EPE les dio energía y los sanitaristas del Cullen prepararon el operativo. "Hasta el costurero preparó las camas", apunta el director. Todo listo. "Vamos a tener un sistema informático interconectado con el hospital, el médico va a poder ver el resultado de una tomografía, por ejemplo, sin necesidad de cruzar avenida Freyre y llegarse al edificio", cuenta Poletti, y es interrumpido por un taxista que pasa por el lugar y le grita: "¡Fuerza doctor, una masa!".

 

"Siempre llegan los mensajes de aliento ante el cansancio, no es a mí, sino al sistema de salud", dice el médico. "Estamos comunicados todo el tiempo con el Iturraspe y los demás centros de salud para que nadie quede internado en una ambulancia y tratar de dar respuesta", agrega. "A veces las madrugadas son más duras que las mañanas; a las 2 hay que mover un paciente para tener una cama crítica y se necesita un médico, un enfermero, un camillero, la supervisora, el residente que da una mano. Las jornadas son muy agotadoras y hay mucho cansancio, por ello siempre hay una palabra de aliento para los que están trabajando en el hospital".

 

Cuando se pide que se respeten las medidas de cuidados "no es un mensaje que pretende sembrar miedo -dice el médico-. Cuando vean las estadísticas de abril se van a dar cuenta: se triplicó el número de internados en terapia intensiva", argumenta.

Pare. Los trabajadores esenciales pasan, los que no tienen justificativo para transitar, quedan.Foto: Manuel Fabatia

 

-¿Hoy tiene el mismo valor el recurso para que pueda trabajar el personal de salud que la responsabilidad ciudadana?

 

 

-Cuando empezó todo esto había mucho miedo. Aquel sábado de marzo 2020, cuando llegó el primer paciente con Covid, se vivieron momentos muy difíciles: las enfermeras lloraban y no querían tomar la guardia, el que entraba a la noche tenía miedo de venir, no conocíamos nada de este virus y las imágenes que llegaban de Europa eran desgarradoras. Si yo tuviera que volver a escribir la carta que escribí entonces, en la que le dije a todo el personal del sistema de salud "te necesito", hoy se la escribiría a la sociedad y ese "te necesito" es para cada ciudadano santafesino, porque el sistema de salud, no el doctor Poletti -aclara el médico-, los necesita cumpliendo su responsabilidad social. Que hagan las compras y vuelvan a sus casas, y no vayan a las plazas a tomar mates o a compartir un porrón a pico. El sistema sanitario está al límite y cansado, y sin posibilidad de expandirse.

En terapia. Médicos, enfermeros, camilleros, todo el personal de salud son los "ángeles" de los pacientes con coronavirus, en la Terapia del Iturraspe.Foto: Fernando Nicola

 

La otra Costanera

 

 

Junto al cartel con las letras que dicen "Santa Fe" no hay nadie. Tampoco en el resto de la Costanera hasta el Faro. Las luces que iluminan el Puente Colgante cambian de color y se ponen azul. Desde la cabecera este aparece una patrulla policial con sus luces encendidas que se fusionan con las del puente. Es una imagen potente de una Santa Fe vacía. El Brigadier López está otra vez solo pero ya no tiene el tapabocas que le colocaron el año pasado. Ya nadie va a la Costanera a compartir una charla bajo las estrellas. Todos adentro de casa.

 

A pocas cuadras de allí, en la Plaza Pueyrredón, hay un operativo de control. Parece innecesario porque tampoco hay nadie. "Si no estamos nosotros acá vienen algunos chicos a la plaza y es lo que queremos evitar", dice Marcela Muñoz, la mujer que está al frente de la Unidad Regional 1 de Policía. Es cerca de la medianoche y los bares de barrio Candioti están "tristes y vacíos", diría Luca Prodan. "Señor, por favor, colóquese el tapabocas", le indica un policía al único trabajador esencial que pasar por el lugar camino a casa.

 

También están los municipales en los controles. "Nuestra presencia apunta al apego a la normativa, por ello puede haber alguna tensión en los operativos que realizamos", dice Virginia Coudannes, al frente de Control municipal. Su equipo de agentes recorre las calles para controlar el distanciamiento social en bares y comedores, y que se cumplan las disposiciones de salud. Llevan labradas más de 70 cédulas de notificación y 20 actas de infracción. Pero la desactivación de las tres fiestas clandestinas que se hicieron en la última semana fue gracias a las denuncias de los vecinos al 0800-777-5000 y al 911. "Esa colaboración es muy importante", agradece la funcionaria el compromiso ciudadano.

 

En el bar El Parque, de avenida Freyre y Suipacha, ya no hay mesas en el cantero central del paseo. Apenas dos están ocupadas en la galería del tradicional local donde sobran los lisos. "No anda nadie por la calle, bajaron mucho las ventas, te diría que más del 50 por ciento desde que empezaron las restricciones", cuenta Leandro, uno de los mozos que en un rato tendrá que atravesar la ciudad desierta en moto para llegar a su casa en barrio Santa Rita II, en el extremo norte. "Me pararon varias veces en un control en la cancha de Unión, pero como soy esencial me dejan seguir".

 

Llega un mensaje por WhatsApp. Es el parte epidemiológico del día. Confirma 2.402 nuevos casos de Covid en la provincia. 11 muertos.

El hospital Iturraspe.Foto: Fernando Nicola

 

"Libre"

 

 

En la esquina de San Martín y 1° Junta, Jorge "mata el tiempo" al volante de su taxi. "Libre", dice la luz roja del coche 461. El hombre está solo y espera. Los empleados de comercio se fueron a sus casas temprano, a las 19, y no quedan pasajeros por llevar. La Peatonal también está vacía. Iluminada y vacía. "La gente prácticamente no se mueve, bajó mucho el trabajo -dice el "tachero"-. Hay un parate total, como si hubiésemos vuelto a fase 1". Y remata como un tango: "Está todo quieto, viejo, está todo quieto -repite Jorge-. ¿Hasta cuándo va a ser esto? No lo sé -se pregunta y se responde-, pero la gente no se mueve".

 

Luego contará Jorge sobre sus pesares. "Nosotros vivimos de la diaria, así que tengo mi economía reducida y las cuentas no se pueden pagar. No se qué va a pasar, viejo, está todo incierto. Antes tenía un 'manguito' guardado pero ahora no podés proyectar a futuro. Tenés que cuidar lo que tenés, que ni te alcanza para vivir".

 

"La gente usa muy poco el tapabocas, comparte vasos y no respeta la distancia. Hay poca conciencia, y creo que eso es lo que ha hecho crecer la cantidad de casos", dice el taxista, desde su percepción. No es especialista en la materia pero dice lo mismo que las autoridades sanitarias. "La gente está cansada y perdió el miedo", resume.

 

Minutos antes de las 20 salen del supermercado ubicado sobre San Martín entre Junín y Santiago del Estero los últimos clientes que apuran su paso para descargar el changuito en el baúl del auto y llegar a casa antes de las 21, la hora en que comienza la restricción de circulación hasta las 6 del otro día. Un hombre adulto con la mirada extraviada y pensativo pasea a su perro en la penumbra. El animal marca territorio contra un árbol y sigue al trote.

La peatonal santafesina.Foto: Fernando Nicola

 

Al norte

 

 

La noche se puso fresca con el correr de las horas. Atravesar toda la Costanera es desolador. Nadie en la calle. Al norte, por bulevar French y luego por Gorriti, tampoco. Se ven las mesas de los carribares vacías y el humo de las parrillas que trepa y se funde con la neblina en la oscuridad. Las luces de las canchitas de fútbol de French y Aristóbulo están apagadas. No hay gritos de gol.

 

Donde sí hay mucho movimiento de gente es en el otro "gigante" que nos cuida en el norte de la ciudad, el nuevo hospital Iturraspe. Pensar que lo inauguraron poco antes del inicio de la pandemia. "Ni me quiero imaginar lo que hubiese sido atravesar esto en el viejo edificio", dice Francisco Villano, su director, parado en el pasillo central de la nave. Y cuenta que esta es "una noche poco menos que normal, porque tenemos tres camas disponibles en la Terapia Intensiva, después de que en algún momento del día tuvimos ocupación total. Eso mismo ocurrió toda la última semana".

 

Y lo que dice luego el médico es una realidad que debería sacudir a esa parte de la sociedad que, adormecida, se relaja en los cuidados: "Las camas se liberan porque hay fallecimientos o porque el paciente mejora su estado clínico. Hoy nos tocó despedir a un paciente".

 

Además de ello, este jueves en el Iturraspe fueron atendidas 140 consultas y otras 70 pediátricas, con 25 pacientes bajo sospecha de Covid que fueron aislados en un sector específico.

Avenida Freyre.Foto: Fernando Nicola

 

-¿Qué es lo que más preocupa, el panorama actual o lo que pueda llegar a venir?

 

 

-A mí me preocupa el panorama actual, porque estamos en una ocupación de camas muy alta, en un 95 a 99 por ciento. Y lo que se viene parece ser algo más serio y nos encontrará en una situación crítica. Por lo que es impredecible imaginar lo que podamos llegar a sufrir en ese momento. Estamos en una instancia de catástrofe. Pensamos en forma permanente cómo ampliar la cantidad de camas, lo que además implicaría mayor equipamiento y personal especializado.

 

-¿Frente al Iturraspe se piensa en montar una carpa sanitaria similar a la que se levantó frente al Cullen?

 

-En este momento, no. Hay que ir paso a paso. Hoy el hospital tiene posibilidades estratégicas de adaptarse a una mayor complejidad sin generar ese tipo de lugares de internación.

 

-¿Qué es más peligroso hoy, el virus o la irresponsabilidad social?

 

-El virus está allí y no lo podemos modificar, salvo con la vacuna. Lo que nos preocupa es la inconducta y la falta de cuidados. Hoy le tengo más miedo a estas conductas que al virus. Algunos piensan que les quitan la libertad, pero la libertad de uno termina donde empieza la enfermedad del otro.

El Hospital Cullen.Foto: Fernando Nicola

 

Esos "ángeles"

 

 

El silencio en el pasillo central del hospital Iturraspe a esta hora de la noche es abrumador. Detrás de cada puerta, en cada ala del moderno edificio, no hay ese silencio. Gran cantidad de médicos y otros trabajadores están tratando de salvar vidas. Atienden por turnos las 24 horas los 365 días del año, al ritmo de los respiradores que dan oxígeno a los pacientes más críticos, los que luchan por salir adelante.

 

-¿Al cansancio lo dejan en el perchero de la puerta del hospital?

 

-Somos seres humanos, nos cansamos como todos, sufrimos, nos angustiamos y estamos agotados. Tenemos miedo y también alegría cuando vemos que un paciente que llegó crítico se va a su casa. Hoy recibimos una linda carta de un paciente que recibió el alta, en la que agradece a "los ángeles que lo cuidaron".

 

Desde su perspectiva, postrado en la cama del hospital, ese paciente veía a esos "ángeles" de blanco con su cara tapada por los barbijos, que lo cuidaban y acompañaban en todo momento, describió en su carta. "Me atendían siempre con buena onda, con alegría, sin importar el riesgo que estaban corriendo".

 

"El cansancio está, pero tratamos de dar lo mejor posible", dice Villano. "Nos preparamos toda la vida para este momento y tenemos que dar lo mejor de nosotros".

-Usted estuvo "de los dos lados del mostrador", porque tuvo Covid y vivió en carne propia lo que es estar internado...

 

-Realmente es así. Cuando uno está como paciente valora lo que el personal de salud le dedica. Acá se atiende a cada paciente de la misma forma. Y eso transforma al personal en alguien especial. El sentirse morir es una sensación muy emotiva y uno aprende a valorar las cosas simples de la vida, la posibilidad de levantarse, ver el sol y respirar un día más.

 

-En este día del trabajador, hoy más que nunca hay que agradecer a los sanitaristas. Gracias.

 

-Los que están en la trinchera cada día son los héroes o los ángeles de este momento. Tenemos que ayudarlos. Los gestores dándoles las herramientas que necesitan, los medios de comunicación informando sin magnificar ni esconder nada, y el resto de la gente cumpliendo lo que se le pide. Yo como médico digo que una cosa es curar y otra es sanar. Uno cura con medicamentos pero sanar conlleva un plus, es llegarle al alma al paciente y darle ganas de salir adelante y de vivir. A veces sirve más eso que una pastilla. Lo humano es lo que más valor tiene.

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Autor:

Nicolás Loyarte


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